También se le considera dios del fuego, del rayo, de la guerra y de los sagrados tambores bata. Es el típico titán valeroso, por quien se guían los que van al combate. También le caracterizan la laboriosidad y la hermandad. En él se entremezclan casi todas las virtudes y las fallas humanas. Es vidente y saludador. Es condescendiente con sus hijos siempre que ellos lo sean con él.


Entre los rasgos más terrenales de Changó, sobresale el que no se le resistan las mujeres, así como su alegría perenne y sus dotes de bailador. Es el tipo de macho por excelencia, que rechaza la homosexualidad. Le dan un gran valor a la vida, por lo que evade todo lo relacionado con la muerte. En su vida terrenal fue muy atractivo y machista. Reinó en la ciudad nigeriana de Oyó. Es hijo de Yemayá y Aggayú Solá, aunque fue criado por Obbatalá. Él dio vida a los Ibeyis.


Se le conoce, además, por el nombre de Kabiosile. En la religión católica se sincretiza con Santa Bárbara y su fiesta es el 4 de diciembre. Simboliza la fuerza. También expande su reinado a la música, como dueño de los tambores Batá. Su trono por naturaleza es la Palma Real. Los colores que le simbolizan son el rojo y el blanco alternados. Otros de sus símbolos son: el hacha petaloide, la espada maraca, la copa, la bandera roja, etc.

Entre los animales con los que se le rinde culto están: el carnero, la codorniz, el gallo, el toro, el pavo, la jicotea, etc.
Dentro del cuerpo humano tiene particular influencia en: el sistema reproductor masculino, la medula ósea y la fuerza vital. Las hierbas que se le atribuyen son: el Algarrobo, el Paraíso, Plátano, Jobo, Álamo y Caña de azúcar.


A Changó se le reza de esta manera: “Shango, Shango, lube bara lube Oba Oso Kiseku Olufina Koke Aya La Yiki Obanbio Yo Eleku Ase Ozain Akakamasi Ogodomasi Olufina Aya La Yiki”.


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