La Armada de EEUU no contempla irse de la Base Naval de Guantánamo

Esta noticia es de hace 12 años
Cualquiera que se lo que suceda con el centro de detención de sospechosos de terrorismo que mantiene Estados Unidos en Guantánamo, una cosa es segura: la base  seguirá aquí por mucho tiempo, lo mismo que, seguramente, el local de McDonald's, el de Taco Bell y el campo de golf. "No nos vamos a ninguna parte", declaró el capitán de fragata Jeffrey M. Johnston, quien se irrita cuando la gente dice que el cierre del centro de detención implica la desaparición de la base de 116 kilómetros cuadrados (45 millas cuadradas). Estados Unidos tiene esta base desde mucho antes que comenzasen a llegar los primeros sospechosos de terrorismo en enero del 2002. Los infantes de marina estadounidenses tomaron la base en 1898, durante la guerra con España, y nunca la dejaron. En la terminal del aeropuerto, recientemente remodelada, cuelgan fotos que muestran momentos importantes en la historia de la base, como cuando albergó a decenas de miles de balseros haitianos, muchos de los cuales permanecieron en tiendas instaladas en el campo de golf, en la década de 1990, o cuando se interrumpió el suministro de agua durante la Guerra Fría y se trajo una planta desalinizadora. La base, que tiene un puerto de aguas profundas y una ubicación estratégica en el Pasaje de Barlovento, apoya ahora operaciones contra al tráfico de drogas y la inmigración ilegal. Estados Unidos paga a Cuba 4.085 dólares anuales por el alquiler de la base, según un acuerdo firmado en 1903. Johnston dice que los estadounidenses son un inquilino ideal. "No molestamos al propietario. No nos quejamos cuando algo no funciona. Pagamos nuestro alquiler a tiempo", expresó Johnston. El gobierno cubano no está de acuerdo. Dice que la prisión militar es un "campo de torturas y exige la devolución de la base. En el portal de internet del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano pide el "retiro incondicional" de las fuerzas estadounidenses. Agrega que, en lugar de usar la fuerza, Cuba esperará pacientemente que se haga justicia, tarde o temprano. Cuba no cobra los cheques por el alquiler, pero tampoco puede desalojar a los estadounidenses porque el tratado en que se les concede la base sigue en vigor y puede ser anulado solo con la anuencia de las dos partes o si Estados Unidos se retira por cuenta propia. Algunos barrios de la base parecen réplicas de los suburbios estadounidenses de la década de 1950. El centro de detención y las torres de vigilancia no se ven pues están del otro lado de unas colinas. Casi no hay delincuencia. El acuerdo con Cuba dispone que no puede haber iniciativas comerciales en Guantánamo, y daría la impresión de que la presencia de negocios de cadenas grandes de comidas rápidas viola esa norma. Pero el capitán de corbeta Brendan Burke, a cargo de asuntos legales, afirma que ello no es así ya que la misma armada opera esos negocios y "ningún ciudadano privado se está haciendo rico". En el último año abrieron un Taco Bell y un pub irlandés. También hay un Subway. Desde el 2001, la población de la base se triplicó y llega ahora a 7.500 personas. Mermará, sin duda, si cierran el centro de detención. El comandante de la base, capitán Mark Leary, dijo que se ha considerado "en una forma muy, muy preliminar" llevar a otro sitio las fuerzas de despliegue rápido apostadas actualmente en Guantánamo. "Tuvimos buenas razones para permanecer aquí durante 110 años", manifestó Leary. "No creo que nos vayamos de este lugar". Fuente: Chron.com

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