TRASVAL causa furor este verano en las tiendas de Cuba

Este artículo es de hace 12 años
Un gran centro comercial acaba de ser inaugurado en una de las barriadas más pobres de La Habana. Parafraseando al novelista británico, que en su famoso decálogo de La rebelión en la granja escribió que todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros, la enorme tienda de la cadena Trasval ha pasado a ser símbolo de los nuevos tiempos en Cuba, después de que Raúl Castro asumiera el pasado febrero las jefaturas del Estado y del Gobierno. Raúl ha dejado entrever en sus discursos que el igualitarismo forzado --impuesto hasta entonces contra toda realidad--, resultaba desacertado para la nación y que el que trabaja más y mejor tiene que recibir más, sin poner techo al cuánto más. Esto de ganar más ya es ley desde hace un par de meses. Hasta entonces, los obreros más destacados recibían solo diplomas y gallardetes. La nueva tienda ocupa el inmueble de lo que fuera una sucursal de la cadena estadounidense Woolworth's, en su momento uno de los más deslumbrantes emblemas del consumismo y que luego se renombró como Variedades Galiano, con anaqueles vacíos o llenos de confecciones del peor gusto. Mercancía extranjera Trasval, perteneciente al Ministerio del Interior, abrió aquí su más espectacular tienda, ocultó el nombre de Woolworth's del portal, se surtió de mercancías extranjeras adquiribles solo con divisas a las que la mayoría de la población no tiene acceso por lo deprimidos que se encuentran los salarios y los altos precios de los productos. El sueldo medio es de 408 pesos, equivalentes a 17 CUC (pesos convertibles cubanos), la divisa nacional, por lo que un individuo que desee comprarse el taladro más barato, a 50 CUC, necesitaría casi tres meses para adquirirlo, y eso empleando todo lo que gane en su trabajo. Un dólar estadounidense se cambia por 80 centavos de CUC, y debe conocerse que las importaciones reciben un gravamen que puede llegar hasta el 270%. "Yo lo veo bien, aunque ahora no tengo para comprarme ni un tornillo, pero sé que ahí adentro está lo que yo necesito y, si trabajo con ganas, lo podré comprar. El problema, como yo lo veo, es que ya hay en lo que gastar, pero no cómo ganar más". Agustín tiene unos 40 años mal llevados, es empleado de una farmacia cercana, y se encuentra con los brazos cruzados mirando una fila de un centenar de personas, esperando para entrar a la tienda. Observa desde la acera de enfrente, donde a inicios de los años 60 del pasado siglo existió otro gran establecimiento, El Encanto, destruido por un sabotaje contrarrevolucionario. "Mi sueño es comprarme un ventilador para ver si logro seguir sobreviviendo los veranos", dijo. La tienda Transval contrasta enormemente con su entorno de lo que fuera la principal arteria comercial de la isla. A excepción de este edificio, el resto de la avenida de Galiano --una acera y la otra--, y desde el Malecón hasta Reina, otra importante calle, parece una ciudad por donde pasó una guerra en la que perdieron ambos bandos. "Más caro que en mi país" La opinión de Ana --española residente temporal en Cuba-- al salir de la tienda es que "para mi asombro, a decir verdad muchos de los productos en venta están más caros que en mi país". Lourdes tiene poco más de 60 años, está jubilada como maestra y piensa regresar a su antiguo oficio amparada por la nueva ley que le permite conservar su retiro y ganar un nuevo salario íntegro. "Siempre he vivido en este barrio. Cuando el capitalismo, uno de los paseos con mis padres era salir a ver las vidrieras. Solo a mirar, no había para comprar. El alquiler, los alimentos y el médico se llevaban todo el sueldo. Hoy no pagamos ya alquiler, el médico y la enseñanza son gratuitos, pero todo se va en comer. Es decir, vine a lo mismo: a mirar, que no cuesta nada. Quería pasearme por un lugar limpio, bien iluminado, con aire acondicionado, donde todo funciona. Fuente: El Periodico.com

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