San Francisco de Paula, expone su último secreto

Este artículo es de hace 12 años
La demostrada evidencia de que fue una mujer, posiblemente una monja (Hija o Hermana de la Caridad de San Vicente de Paúl), la que tocaba el órgano de la iglesia de San Francisco de Paula en La Habana Vieja poco tiempo antes de que ese inmueble fuera expropiado en 1907, abre un nuevo derrotero para continuar la historia de ese pequeño templo, conservado hasta hoy casi por puro milagro. Con la recuperación de ese instrumento original, construido entre 1845 y 1855 por la casa francesa Daublaine-Ducroquet, puede decirse que ha concluido el proceso restaurador que —iniciado por la Ofi cina del Historiador de la Ciudad en 1998— rescató una de las más preciadas joyas del patrimonio habanero para convertirla en síntesis de todas las manifestaciones artísticas de carácter sacro que resurgen tras años de silencio. La musicóloga Miriam Escudero, quien tuvo a su cargo la coordinación de la restauración del órgano de Paula, hurgó en los documentos del archivo de la Arquidiócesis de La Habana, específicamente en los legajos correspondientes a la Iglesia y Hospital de San Francisco de Paula. Sus investigaciones indican que «en dichos documentos, la primera mención a este instrumento data de un inventario de 1893, en el que se describe la existencia de “un magnífico órgano”. Años después, en un libro de cuentas aparece reflejado que el salario de “la organista” en 1902 era de “120 pesos” anuales». Este hallazgo documental complementa el más fehaciente testimonio de la presencia del órgano Ducroquet: una foto publicada en el libro Historia del Hospital de San Francisco de Paula, del doctor Jorge Le-Roy y Cassá. Tomada hacia 1907, esa imagen demuestra que es precisamente ese órgano —y no otro— el que estaba situado en el coro alto de la capilla. Sin embargo, del repertorio musical que habitualmente acompañaba la liturgia de los cultos celebrados en esa capilla, no se ha encontrado documentación alguna. De hecho, Le-Roy y Cassá no hace ninguna mención a la práctica musical en dicho templo, entre otros motivos —quizás— porque sólo logró investigar de manera exhaustiva lo ocurrido allí hasta mediados del siglo XIX. De esa época en lo adelante, sólo dejó un «bosquejo histórico» publicado en el Revista de Medicina y Cirugía de la Habana y que su hijo —Jorge Felipe Le-Roy y Gálvez— incluyó como últimos capítulos en la edición del mencionado libro. Por esos apuntes sabemos que las autoridades diocesanas solicitaron que las monjas «se hicieran cargo de la asistencia a las enfermas y al propio tiempo de la construcción de una sala alta, que completara la fachada principal de la calle de Paula, uniendo las levantadas por la Condesa de Santa Clara en 1799 con la iglesia, la cual fue concluida el 29 de abril de ese mismo año 1854, y el 30 de septiembre, tomaron posesión y comenzaron a prestar sus servicios las seis Hermanas de la Caridad, teniendo por superiora a Sor Francisca Vicondo». Acerca de las perspectivas de investigación que, sobre la música religiosa en Cuba, propicia la restauración del órgano de Paula —instrumento original con sistema mecánico más antiguo de la ciudad—, reflexiona Escudero, quien en 1997 ganara el premio de Musicología de Casa de las Américas con su libro El archivo de música de la iglesia habanera de La Merced: estudio y catálogo. ¿Crees que las Hermanas de la Caridad hayan decidido la compra del órgano de Paula como parte de las modificaciones que, como Orden regular, debieron introducir en la liturgia del culto de la capilla del hospital? Cuando en 1755, el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz realiza su visita pastoral, describe que en la Habana intramuros había 15 órganos, uno de ellos en la iglesia de San Francisco de Paula. Sobre esta capilla refiere que «no es muy grande, pero ermosa y bien adornada» y que consta de «coro alto y órgano». La llegada de las Hermanas de la Caridad al hospital de Paula debió enriquecer los oficios de la capilla, puesto que, a la observancia de la liturgia ordinaria, debieron añadirse los ritos propios de la Orden. No resulta improbable, pues, que hubieran traído consigo nuevos instrumentos. Así, la construcción del órgano Ducroquet y la llegada de las monjas a San Francisco de Paula tienen fechas coincidentes. Este órgano fue fabricado en Francia entre 1845 y 1855, y la toma de posesión de las monjas se sitúa en 1854. Por otra parte, tanto el organero Joaquín Lois como el ebanista Rosa Lima Pino, encargados de la restauración del órgano de Paula, coinciden en afirmar que las dimensiones de su altura son muy justas, por lo que presumiblemente no fue construido teniendo en cuenta el lugar donde sería colocado. Habitualmente los órganos se construyen considerando las características físicas y acústicas del inmueble al que serán destinados. Si las dimensiones del órgano de Paula no son las idóneas, ello permite conjeturar que, más que construido por encargo para ese templo, fue adquirido a posteriori. ¿Existe tradición de mujeres organistas en Cuba? La ejecución de órgano en Cuba esta unívocamente relacionada con la música religiosa. Desde fecha tan temprana como 1544, el obispo Diego de Sarmiento (Burgos, ?-Sevilla, 1547), en carta al rey Felipe II sobre los detalles de su visita pastoral, refiere que para el servicio de la Catedral de Santiago de Cuba «hay tres curas, uno predicador, otro bachiller y un mestizo, natural desta, que estudió en Sevilla y Alcalá de Henares; sabe el canto llano; tañe los órganos, enseña gramática, y es de vida ejemplarísima, y le llevo siempre conmigo». Desde entonces y hasta entrado el siglo XX, las catedrales de Santiago de Cuba y La Habana ostentaron plazas de organista, ocupadas invariablemente por hombres, puesto que a las mujeres les era vetado este puesto. Sin embargo, presumimos que el órgano debió sonar también en los recintos de las órdenes religiosas femeninas, estudio que aún está pendiente en Cuba. Investigaciones musicológicas llevadas a cabo en España, México y otros lugares de Iberoamérica han descubierto que la práctica musical de las religiosas era profusa y que las habilidades de una novicia en este arte las podía eximir de la dote en metálico. Centros tan poderosos como el Convento de Santa Clara en La Habana debieron poseer instrumentos para acompañar sus oficios, que, como constatamos en la iglesia de Paula, sería desempeñado por las religiosas. La referencia a que «la organista» en 1902 recibía una paga de «120 pesos» anuales es apenas un indicio para profundizar en la presencia femenina en la historia de la música religiosa en Cuba. Muy cerca de la iglesia de Paula, en el templo consagrado a Nuestra Señora de la Merced, el archivo de música atesora obras de compositoras cubanas como María Teresa (Nena) Aranda de Echevarría, Blanca Fernández de Castro, sor Angelina Grande, Flora Mora... que testimonian la creación de obras religiosas para voz y órgano en tiempos de la República. Por muchos años, fue Juanita Lara, madre del profesor Enrique Guerrero, la organista de La Merced. Por otra parte, Zoila Gómez fue el primer estudiante de órgano graduado en el Conservatorio Amadeo Roldán, bajo la tutela del maestro Manuel Suárez. En lo personal, fue mi madre quien me inició en el conocimiento del órgano como el instrumento más idóneo para el acompañamiento del servicio religioso. ¿Cuánto gana la interpretación de la música antigua y, en especial, Ars Longa, con la restauración de este órgano primigenio de la iglesia de San Francisco de Paula, actual sede del grupo? El primer órgano que empleó Ars Longa fue donado por la Universidad de Valladolid, España, a través de la gestión de la doctora María Antonia Virgili. Corría el año 2000; se estaba organizando la Primera Jornada de Música Antigua Esteban Salas (desde 2003 devenida Festival Internacional con carácter anual) y teníamos la dificultad de no contar con un instrumento idóneo para acompañar determinados repertorios, sobre todo los religiosos, como la Misa en sol menor de Esteban Salas. Construido por el organero Joaquín Lois, ese órgano de cámara es un instrumento de sonido pequeño, con un solo registro de flautado de cuatro pies. Para nosotros fue una gran novedad: por primera vez podría ser interpretada la música de Salas utilizando un órgano «de verdad». Por seis años este instrumento fue utilizado como órgano de continuo, es decir, no como instrumento solista, sino para realizar el acompañamiento armónico típico en los repertorios antiguos. En 2006, la Oficina del Historiador adquirió un nuevo órgano de cámara al organero holandés Henk Klop con mayores posibilidades sonoras (dos registros de flautado de cuatro y ocho pies, respectivamente), pero aún no era el instrumento idóneo para un gran concierto. Esto se ha hecho posible ahora con la restauración del órgano de Paula. Las dimensiones del instrumento y su variedad tímbrica permiten la interpretación tanto del repertorio para solista como obras de cámara e, incluso, con orquesta. El maestro Manuel Suárez, organista y profesor de la cátedra que fundó en los años 70 en el Conservatorio Amadeo Roldán, me hablaba con emoción del estreno de uno de los conciertos de Händel para órgano y orquesta en la antigua iglesia de Paula, cuando todavía radicaba aquí el Instituto Musical de Investigaciones Folklóricas, que dirigía el maestro Odilio Urfé. Entonces había un órgano Hammond (órgano electrónico de bombillas), porque el original se encontraba en la nueva iglesia de Paula, en el reparto Mónaco, adonde había sido trasladado en 1907 tras la expropiación del templo primigenio. Ahora el reto de Ars Longa es estrenar conciertos empleando el órgano de tubos original. Nuestro instrumentarium, compuesto en su mayoría por réplicas, tiene en este instrumento su más valioso ejemplar, pues se trata del órgano más antiguo con sistema mecánico de La Habana. ¿Contribuirá este órgano a rescatar la tradición de interpretación del órgano de tubos de Cuba? La enseñanza del órgano en Cuba fue tutorial o adquirida en el extranjero hasta que el profesor y organista Manuel Suárez creó en 1970 una cátedra de órgano en el Conservatorio Amadeo Roldán, como ya he mencionado. De los egresados de aquellos estudios, el maestro Roberto Chorens es uno de los pocos que queda en activo como músico. Hay que formar nuevos organistas, y la presencia del instrumento ha originado esa posibilidad. Son ya tres los órganos de tribuna presentes en el Centro Histórico. Además del órgano de Paula, están el de la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís (sistema electroneumático, dos teclados y pedalera), donado por la asociación Luthiers sans frontières en 2006, originalmente construido en 1954 para el Institut Saint Jean Baptiste de la Salle por el organero Maurice Delmotte, Bélgica, y el de la Catedral de La Habana (electrónico, dos teclados y pedalera), de la casa Johannus, modelo Monarke, Holanda, 2005. Este último, basado en la tecnología computarizada que imita el sonido de los tubos. En Ars Longa tuvimos la experiencia de compartir con el pianista Marcos Madrigal, quien —como parte de nuestro grupo— se desempeñó como clavecinista y organista con excelentes resultados. Durante el VI Festival de Música Antigua Esteban Salas comenzamos a trabajar con el pianista Moisés Santiesteban, estudiante del Instituto Superior de Arte que está muy entusiasmado con alcanzar una formación completa en el órgano. Sin lugar a dudas, urge la creación de una nueva cátedra de estudios de órgano para suplir la necesidad de organistas. Y creo que éste es el mejor momento. ¿Si existen otros órganos en La Habana, por qué se decidió la restauración del órgano de Paula? En 2000, con el auspicio de la Universidad de Valladolid (España), el organero Joaquín Lois y yo realizamos la catalogación de 12 órganos en la Ciudad de La Habana. En su informe, el especialista español concluyó que «los más interesantes sin duda son los órganos de la parroquia de La Caridad y el de la Iglesia de Paula. A pesar de su reducido tamaño y de contar con un único teclado manual y un pedalier sin registros propios, son instrumentos de estilo definido y de buena hechura, lo que les da una expectativa de vida muy larga después de una restauración a fondo». Al criterio del organero habría que añadir que el órgano de Paula, de sistema mecánico, es un instrumento que conserva gran parte de la tubería y maquinaria originales, y es el más antiguo de los que existen en La Habana. Además, se trata de uno de los pocos instrumentos de su tipo que se conserva íntegramente, sin que fuera sometido a las reformas que durante el siglo XX se infligieron a los órganos para «actualizarlos» estéticamente. Gracias a la generosidad de las autoridades eclesiásticas, el órgano fue donado a la Oficina del Historiador, de manera que podría volver a su emplazamiento primigenio en la antigua iglesia de San Francisco de Paula (Habana Vieja). La falta de organeros, un oficio muy antiguo del que hubo algunos cultivadores en Cuba, fue la razón primordial para que la restauración del órgano de Paula fuese encargada a un artífi ce foráneo. Se valoraron varios proyectos y la Oficina del Historiador estimó pertinente, con la recomendación de la referida Universidad de Valladolid y del Instituto de Órganos Históricos de Oaxaca (México), que la restauración histórica del órgano de Paula —la primera de su tipo en Cuba— fuese encargada al taller del organero Joaquín Lois, en Tordesillas, Valladolid. En marzo de 2004 se realizó el desmontaje del instrumento, y en junio de 2005 la tubería y el mecanismo fueron embalados con destino a España. En tanto, la restauración de la caja, cuya fachada es de estilo neogótico, fue encargada a Rosa Lima Pino, especialista del Gabinete de Restauración y Conservación (Oficina del Historiador). Concluida la restauración y montaje del instrumento, el órgano de la iglesia de Paula ha vuelto a sonar, insertándose en la vida cultural del Centro Histórico de La Habana Vieja. Su estreno tuvo lugar el 25 de enero de 2008 durante la inauguración del VI Festival Internacional de Música Antigua Esteban Salas, con un concierto a cargo del organista español Juan María Pedrero Encabo. Como investigadora reconocida de la obra de Esteban Salas, ¿puede explicarnos la ausencia de repertorio para órgano en su catálogo de composiciones musicales? El órgano aparece en las composiciones de Esteban Salas sólo como instrumento de continuo, en función del acompañamiento de sus obras vocales. De hecho, ni siquiera emplea en sus particellas autógrafas la palabra órgano, sino «baxo» o «acompañamiento», dado que la particella podía ser utilizada por varios instrumentos de continuo: bajón, violón, órgano. Desde 1779, aparece documentado que Diego Hierrezuelo Girón era organista de la Catedral de Santiago de Cuba, pero en los inventarios de 1769 y 1805 no se enumeran piezas instrumentales, ni siquiera para órgano solo. En la liturgia de la misa, por ejemplo, la música para órgano era empleada para solemnizar momentos como el ofertorio. Algunos organistas improvisaban, con lo que no era imprescindible contar con composiciones escritas para este fin. Otra explicación puede ser que los organistas eran celosos de sus partituras, y éstas no se conservaban en los archivos eclesiásticos sino en las colecciones privadas del músico en cuestión. Encontramos algunas menciones a obras para órgano en los inventarios de archivos eclesiásticos a partir del siglo XIX, como «Ofertorio de órgano de Hilarión Eslava», en el inventario de 1861 de la Catedral de Santiago de Cuba, y «Ofertorio, transcripción para órgano solo de Rafael Palau», en el inventario de 1893 de la Catedral de La Habana. Otras menciones en el siglo XX corresponden al archivo de la Catedral de Santiago de Cuba (Meditaciones para órgano, de Tomás Planes Ferrer, organista de la iglesia de Dolores en Santiago de Cuba); al archivo de la iglesia de San Francisco en Santiago de Cuba (Suite miniatura para órgano, de Salvador Herrera Fons), y al archivo de la iglesia de la Merced en La Habana (Salve maris stella para órgano, de Carlos Anckermann). Tales ejemplos demuestran que hubo composiciones para órgano en el ambiente eclesiástico, lo que amerita una investigación más profunda de este particular. Al margen de la aplicación del órgano a la liturgia católica, existen testimonios de los conciertos que se organizaban con repertorio laico, como los que ofrecía el organista vasco Estanislao Sudupe Osinalde —según testimonio del maestro Manuel Suárez— en el órgano de la iglesia de San Francisco de Asís (Cuba y Amargura), instrumento de magnífica calidad sonora por contar con una excelente tubería de factura alemana. También ese organista, quien era un gran improvisador y compuso algunas obras, tocaba en el órgano situado en la iglesia de San Antonio de Papua (5ta y 60, en Miramar), un instrumento de la casa Alberte y Seefelder, construido hacia 1956. Con un concierto dedicado a obras de Bach, Häendel y Mozart, el organista español Juan María Pedrero Encabo inauguró simultáneamente el VI Festival Internacional de Música Antigua Esteban Salas y el órgano de la antigua iglesia de San Francisco de Paula. Juan María Pedrero Encabo (Zamora, España, 1974) realizó estudios en su ciudad natal, tras lo cual se trasladó a Barcelona, donde se graduó de órgano y piano en el Conservatorio Superior de Música del Liceo. Prosigue su formación en Francia en el Conservatorio de Orleáns, y después, en París. En 2000 obtuvo el Primer Premio en el concurso Grand Prix Jean-Louis Florentz de l’Académie de Beaux Arts de France. Durante 2001-2002 fue organista titular del Sapporo Concert-Hall Kitara (Japón). Ha sido solista junto a orquestas como Sapporo Symphony Orchestra y Pacific Music Festival Orchestra. Ha grabado varios CDs, dos de ellos en órganos históricos españoles, dedicados a la música ibérica, y un tercero en el órgano del Sapporo Concert-Hall. Actualmente es profesor de órgano en el Conservatorio Profesional de Música Ángel Barrios de Granada. Su presentación en La Habana fue posible gracias al auspicio de la Agencia Española de Cooperación Internacional y del Aula de Música de la Universidad de Valladolid, España. ¿Qué repertorio es posible interpretar en el órgano de Paula? Por la fecha de construcción, podría decirse que es idóneo para la interpretación de música clásica y romántica de la primera mitad del siglo XIX. Sin embargo, los organistas invitados al VI Festival Internacional de Música Antigua Esteban Salas probaron en él una gama variada de propuestas. Los maestros Juan María Pedrero Encabo (España), Francis Vidil (Francia), Stefan Baier (Alemania), Roberto Chorens y Moisés Santiesteban (Cuba) protagonizaron conciertos que incluyeron obras de compositores universales como Händel, Juan Sebastián Bach y su hijo Carl Philipp, Mozart... A ello súmale desde los versos de una misa de Theodor Grünberger (1756-1829) en alternancia con obras del siglo XV alemán, o clásicos del repertorio español como Cabezón, Correa de Arauxo y Cabanilles, hasta las improvisaciones que hizo el maestro Viril en todos los lenguajes posibles. Hoy con los medios digitales se puede simular el sonido del más potente de los órganos. ¿Por qué entonces la necesidad de restaurar un órgano antiguo? No creo que en el arte musical lo moderno sustituya a lo antiguo. La creación de un nuevo instrumento no debe entenderse como consecuencia del desarrollo tecnológico, sino de la incesante búsqueda de nuevas sonoridades. No es mejor el trombón que el sacabuche, ni el piano que el clavecín... son timbres diferentes que enriquecen la gama sonora de la música. El órgano de Paula es sobre todas las cosas un testigo de otros tiempos, y su restauración nos devuelve una parte de la historia musical de Cuba. Cuando la noche del 25 de enero el maestro Pedrero Encabo hizo sonar las poderosas entonaciones de la Toccata y fuga en re menor de Bach sentí que se cerraba el ciclo del tiempo. El órgano volvía a sonar desde la tribuna de la pequeña capilla, y entonces pensé en cómo sería aquella organista que lo tocaba para consuelo de las enfermas del contiguo Hospital de San Francisco de Paula. Fuente: Opus Habana

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