Lo que me queda por vivir

Este artículo es de hace 12 años
Ricardo Rodríguez y Julio Ríos ya cumplieron 70 años, pero no se han jubilado; continúan desandando, día tras día, los ruidosos recovecos de la fábrica Antillana de Acero. Metalúrgicos de añeja experiencia, fueron noticia por estos días en un periódico cubano: son dos de los tantos trabajadores que están aportando argumentos y sugerencias en los debates acerca del Anteproyecto de Ley de Seguridad Social. Pero, además, forman parte de la abultada cifra de quienes en la Isla pasan con creces los 60 y siguen “al pie del cañón”. Basta mirar alrededor. Ahí están el experto doctor Francisco Rojas Ochoa, director de la Revista Cubana de Salud Pública y la bisabuela Eddi Ortega, peluquera de lujo del municipio Arroyo Naranjo que, pasados los 80, aún camina a velocidades difíciles de emular. También se suman la melódica actriz cubana Rosita Fornés y la mágica Alicia Alonso, prima ballerina de Cuba; Eugenio George, el entrenador estrella de las Morenas del Caribe; la colega Marta Rojas y el artista de la plástica Adigio Benítez; el tabaquero Mario Robaina…. y la cuenta podría seguir. Estudios científicos confirman que no va desencaminado ese breve ejercicio de memoria. Las personas con más de 60 años sumaron en 2007 el 16,6 por ciento de los habitantes del país y esa proporción seguirá aumentando a pasos agigantados. También creció la esperanza de vida al nacer: ahora es de 77,97 años, prácticamente 20 años más que hace medio siglo y cuatro décadas por encima de la expectativa de vida estimada para los cubanos que nacieron en 1905, según cálculos del Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE), de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Las cifras, presentadas este septiembre, también precisan que en coincidencia con el resto del mundo, las mujeres del patio viven más: pueden alcanzar 80,02 años, mientras la expectativa para los hombres es de 76. Según Juan Carlos Alfonso Fraga, director del CEPDE, Cuba ha logrado ese indicador, que comparte apenas el 25 por ciento de los habitantes de la Tierra, por obra y gracia de un alto desarrollo social. No por gusto la Organización de Naciones Unidas utiliza a la esperanza de vida, de conjunto con los niveles de educación, salud y el producto interno bruto, para medir el desarrollo humano de los países. Gracias a esa combinación, Cuba ascendió 42 escaños en la posición por países del Informe sobre Desarrollo Humano (IDH) de ese organismo internacional en 2007: del lugar 93 brincó al 51. Tanto ha crecido la esperanza de vida en estos años, que los demógrafos del CEPDE presentaron en esta investigación, por primera vez, los cálculos correspondientes al grupo de edad que se ubica por encima de los cien años. Viejos que engañan Si el bebé que nace hoy puede remontar la cuesta de los 77 abriles, al abuelo que cumple 60 por estas fechas le quedan como promedio unos 20 años para arrancar páginas del almanaque. La llamada esperanza de vida geriátrica —o sea, los años que pueden vivirse después de los 60—, actualmente en Cuba es de 20,8 años para los hombres, el octavo lugar a nivel mundial junto a Francia e Italia; y de 23,4 años para las mujeres, el puesto 16 en el planeta, por delante de países como el Reino Unido, Dinamarca y Noruega. Salud, Bienestar y Envejecimiento en las Américas (SABE), otro estudio realizado por el Cepde de conjunto por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud Pública, abrió en 2006 un abanico de informaciones que permitieron escudriñar las interioridades de estos adultos mayores que rebasan la seis décadas de vida. Realizado con cerca de un millar de ancianos de los 15 municipios de la capital cubana, la segunda con mayor acumulado de años en el país -la primera es Villa Clara-, la investigación precisó que en más del 42 por ciento de las viviendas visitadas había al menos una persona de la tercera edad. También definió que el 80 por ciento de los adultos mayores percibe su estado de salud de excelente a regular, y confirmó una tendencia que los demógrafos ya venían anticipando: las mujeres, al vivir más, se quedan solas al final de la vida. En el terreno de los ingresos, SABE determinó que del total de las personas encuestadas en la capital de Cuba, más del 73 por ciento recibía pensión o jubilación. Sin embargo, solo la quinta parte de los encuestados se declaró entonces vinculada a algún tipo de trabajo, en un país donde la jubilación no era obligatoria por edad. Esa realidad es otro de los argumentos que abona los debates que hoy tienen lugar en torno al Anteproyecto de Ley de Seguridad Social. Curiosamente, SABE aportó otro dato que refuerza la importancia que tienen las personas mayores en el entramado social cubano. Las tres cuartas partes de la muestra brindaban ayuda de diverso tipo, sobre todo a personas más jóvenes. Los hombres aportaban más dinero y bienes por concepto de ayuda; mientras las mujeres se desempeñaban sobre todo como cuidadoras de niños y acompañantes. A la par, un alto porcentaje de las personas entrevistadas recibía y a la vez entregaba ayuda. Solo el cinco por ciento, mayoritariamente hombres, no participaba de estas transferencias de apoyo. Como gallo fino… El Estado cubano se propone mejorar aún más los números de la esperanza de vida, para lo cual es indispensable estimular la natalidad y disminuir la mortalidad, fundamentalmente con la prevención de enfermedades, aseguró Juan Carlos Alfonso Fraga. En ese camino, el reciente estudio del CEPDE precisa que las cinco primeras causas de muerte en todas las edades (corazón, tumores malignos, enfermedades cerebrovasculares, influenza, neumonía y accidentes) agrupan al 73 por ciento de todas las defunciones en el año 2007. Pero es por concepto de las cardiopatías y el cáncer, donde se pierden decenas de años de vida. O sea, previniendo esos padecimientos podrían hallarse reservas para disminuir aún más la mortalidad. “Para llegar a 80 años de la esperanza de vida —valor posible— hay que continuar disminuyendo la mortalidad en los primeros años de vida, así como la de adultos menos jóvenes y mayores, y la de mujeres”, precisa el estudio. Ya en 2006, durante un taller internacional sobre la esperanza de vida, Alberto Fernández Seco, director del Programa Nacional de Atención al Adulto Mayor, del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), aseguraba que alcanzar ese valor “demandaría una especialización de los servicios médicos en la atención de pacientes a largo plazo”. Análisis del MINSAP de inicios de esta centuria habían adelantado ya la necesidad de un rediseño del sistema de salud y las políticas de ayuda social, más en función de la prevención que de la asistencia, porque llegaría el momento en que el país entero tendría por primera vez en su historia más individuos de la tercera edad que niños. Ese momento está hoy a las puertas. Mientras la Isla entera mira a través de una gran lupa los entresijos del envejecimiento, un longevo optimista —otro para sumar a los primeros párrafos de este trabajo— se ha confabulado con muchos ancianos para superar un siglo de vida. Fundador en 2003 de un club muy especial, el doctor Eugenio Selman-Housein, pone la cota muy alta a los demógrafos. Para él, “Cuba resulta un país ideal para alcanzar los 120 años” y está empeñado en demostrarlo, “contra viento y marea”. Fuente: Bohemia

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