Viñales, será un patrimonio eterno

Este artículo es de hace 12 años
La mayoría de las construcciones del valle no resistieron. Desde el emblemático mirador, en la loma de Los Jazmines, la maraña de árboles arrancados de raíz, los palmares desechos y los escombros de las viviendas y las casas de tabaco, empañan uno de los paisajes más representativos de Cuba. En la calle central del pueblo, los pinos han desaparecido. Los que sobrevivieron a los huracanes fueron talados a manera de precaución, para evitar nuevos daños a las viviendas o el cableado eléctrico. Los estragos a la infraestructura turística son severos. Desde el paso de Gustav, ninguno de los tres hoteles del valle ha podido recibir nuevos huéspedes. El Rancho San Vicente fue el menos golpeado (solo siete habitaciones), y por tanto el primero que empezará a funcionar, pero el bosque que lo circunda está demolido. El tendido eléctrico quedó tan maltrecho que solo los principales asentamientos del municipio disponen hoy de algunas horas de corriente, gracias a la instalación de grupos electrógenos móviles. Sin embargo, la condición de Parque Nacional y Paisaje Cultural de la Humanidad, hacen del impacto ambiental una de las principales preocupaciones de Viñales. Una evaluación preliminar acaba de poner cifras a la destrucción. "El 70% del área presenta daños. Los más críticos están en los bosques semidestruidos, en las bases de los mogotes, y los bosques de galería de la cuenca hidrográfica, ambos con una afectación del 90%", asegura Joel Martínez, subdirector del Parque Nacional. Reinaldo Fernández, delegado territorial del CITMA, explica que tras el diagnóstico inicial, corresponde hacer el trabajo de campo para comprobar qué ha pasado con especies endémicas y con la fauna. "Hoy la gente dice que las aves se perdieron, pero el hecho de que no se vean, aún no es alarmante, porque al afectarse los árboles es probable que hayan emigrado en busca de alimento." En el lugar que ocupaban los pinos, en el pueblo de Viñales, se sembrará baría, un árbol característico de este lugar. Como ha sucedido en otras oportunidades, tras el paso de fenómenos similares, la experiencia y el esfuerzo del hombre volverán a estar presentes en la recuperación. "Los ecosistemas se regeneran, pero a veces hay que ayudarlos. Además, debemos extremar las medidas de protección, porque hay una masa vegetal que aumentará el peligro de incendio forestal en el periodo de seca", precisa Reinaldo. Esta vez, no obstante, la acción de los especialistas no estará volcada únicamente hacia el medio ambiente. "En Viñales hay un sentimiento particular hacia la naturaleza. Las personas pueden estar deprimidas y hay que explicarles qué va a pasar y cómo pueden contribuir a reanimar su entorno", agrega. Ciertamente, la furia del viento golpeó sin remordimientos en las entrañas del valle. Ninguno de sus sitios representativos ha salido ileso. "Aquí jamás se había visto algo así", dice Caridad Miranda, quien a los 90 años es parte del patrimonio viviente de este lugar. En su jardín de 1,04 hectáreas, que durante décadas atrajo a visitantes de todo el mundo, Dora Alonso encontró la inspiración para su cuento El valle de la pájara pinta. La exuberante vegetación había contemplado inmutable el ciclón del 44, pero el paso de Ike y Gustav la perjudicó seriamente. A pesar de ello, Caridad no tiene dudas de que más temprano que tarde los árboles y las flores volverán a crecer. "La naturaleza es muy sabia. Lo que ella quita, lo da después". ¿Patrimonio en peligro? Ricardo Álvarez, historiador local, advierte que el golpe de dos huracanes ha avivado un viejo dilema. Muchas construcciones del valle —que según las regulaciones patrimoniales deben tener cubierta de guano o teja— no resistieron, y las familias perdieron sus bienes. "Es necesario buscar alternativas para que los campesinos conserven sus tradiciones, pero tengan también condiciones de seguridad", comenta. No obstante, afirma que a pesar de los daños, Viñales no corre el peligro de perder la condición de Paisaje Cultural de la Humanidad que le otorgara la UNESCO en 1999. "Los ciclones no comprometieron los factores que le hicieron merecer esa categoría, porque la vegetación se regenera y las personas siguen aquí, con sus costumbres ancestrales." Guataca en mano, camino al campo, Francisco Hernández asegura que las lluvias de los últimos días han traído buenas noticias. "Los árboles, que después del ciclón parecían quemados, ya están retoñando. Dentro de un año todo estará verde otra vez". La coexistencia armónica del hombre con la naturaleza, que siempre fue el mayor encanto del valle, ahora se refuerza cuando sus habitantes se unen en el empeño de recomponer esta tierra rodeada de mogotes, que semejan una manada de elefantes dormidos. Fuente: Granma

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