Antonio Orlando Rodríguez, obtiene el Premio Alfaguara de Novela 2008

Este artículo es de hace 11 años
La sala donde espera está en el edificio de la editorial Alfaguara en El Salvador. Es pequeña, claustrofóbica y depende de los tubos fluorescentes, aunque sean las 11 de la mañana. Hay cuatro mesas blancas que forman un rectángulo y sillas negras a su alrededor. La decoración es mínima: un descolorido mapa de El Salvador, un cuadro una pizarra que alguna vez fue blanca y poco más. Al abrir la puerta, Antonio Orlando Rodríguez se levanta, y saluda respetuoso, sonrisa en la boca. -Todavía no he desayunado. Antonio Orlando Rodríguez –escritor, 52 años, cubano– es el ganador del Premio Alfaguara 2008, el reconocimiento con el que el Grupo Santillana bendice a un literato de habla hispana cada año desde 1998. Son $175,000, una retorcida escultura y la publicación simultánea de la obra en toda América Latina y España. Tanto agasajo, eso sí, tiene una penitencia: la maratónica gira promocional que obliga al autor a visitar todos los países donde la editorial tiene presencia. Hoy es 24 de septiembre. Antonio Orlando ha aterrizado hace unas horas procedente de Guatemala. Ha estado en un programa de radio, y después de esta entrevista tendrá que conceder dos más, ir a firmar ejemplares a La Ceiba y asistir a un conversatorio en el Museo de Arte. -Y después de esa presentación tengo una actividad muy importante: ir a la cama, dormir. De manera inexplicable logra neutralizar el cansancio apenas comienza la primera pregunta. Durante la hora de plática se muestra interesado, gesticula con las manos, mira a los ojos de los entrevistadores y se entusiasma con algunas de las preguntas, en especial las referidas a lo que le trajo aquí: la presentación de su libro “Chiquita”. Hay también tiempo para repasar algunos pasajes su vida de escritor y periodista formado en Cuba y exiliado desde 1991. A tenor de sus respuestas, Antonio Orlando es anticastrista, pero su anticastrismo no es visceral. No es un odio político, no se amolda a ese rechazo tan extendido en América Latina hacia lo que representa la Cuba revolucionaria, no se esfuerza por negar logros al sistema cubano. De hecho, cuestiona veladamente el uso de la política que hacen otros escritores cubanos: “Sé que abre muchas puertas ser anticastrista, pero quisiera que a mí no se me abrieran nunca de esa manera”. El libro que vino a presentar, de hecho, no es político. “Chiquita” es un generoso ejemplar de más de 500 páginas que narra la biografía de Espiridiona Cenda, una liliputiense cubana que triunfó en los principales teatros de Estados Unidos a inicios del siglo XX. El escritor reconstruye su vida alternando datos reales con datos inventados, y el resultado es lo que el jurado del premio coincidió en calificar como “una novela a la vez elegante y llena de vida, con una notable gracia narrativa y una imaginación sin descanso”.

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