Laberinto legal dificulta el cierre de Guantánamo que planea Obama

Esta noticia es de hace 11 años
Barack Obama quiere cerrar Guantánamo, la prisión infame en la isla de Cuba que pasará a la historia como uno de los capítulos más oscuros de la impopular Administración Bush. Un Abu Ghraib sin fotos, con torturas y privación de derechos frente a las costas de Florida, por donde han pasado más de 700 presos. Hoy quedan en Guantánamo unos 270 detenidos cuya situación será revisada en cuanto Obama jure su cargo el 20 de enero. Al menos así lo ha prometido el presidente electo. Sus asesores creen que anunciar la clausura del polémico centro de detención sería una de las señales más potentes para romper con la era Bush y enviaría un mensaje de buena voluntad al resto del planeta que aceleraría el traslado de algunos detenidos a otros países. La Unión Europea estaría estudiando ya la posibilidad de acoger a los presos que han sido declarados «limpios», pero que continúan en Guantánamo por temor a represalias en sus naciones de origen. Una opción de la UE es reconocerlos como refugiados políticos, siempre que tenga acceso a los expedientes, declarados secretos, antes de darles entrada.   La insistencia de la ONU, de organizaciones como Amnistía Internacional -que describe la prisión como «el gulag de nuestro tiempo»- y la UE en cerrar Guantánamo viene de lejos. Pero hubo otra cara en esta misma moneda: el escándalo de las cárceles secretas en Europa, los aviones de la CIA que viajaron desde Afganistán hasta Polonia y Rumanía en 2003 y 2004. «Los españoles deberían saber que aviones de la CIA con detenidos hacia Guantánamo aterrizaron en Tenerife», dijo a ABC Mark Garlasco, responsable de la investigación de Human Rights Watch. El sentido común Ahora, siete años después de los atentados del 11-S que llevaron a la apertura de Guantánamo, el futuro presidente quiere volver a imponer el sentido común, pero expertos en Derecho y seguridad nacional ya le han advertido de los desafíos legales, diplomáticos, políticos y logísticos que le esperan para cerrar la prisión. El esfuerzo podría llevar meses, acabaría con el sistema de comisiones militares impuesto por Bush, y llevaría a los detenidos ante el sistema legal para poder ser juzgados. Pero construir acusaciones efectivas sin recurso a las pruebas obtenidas presuntamente bajo tortura será difícil ante la previsible estrategia de los abogados defensores. «Siempre hay riesgo de absolución y de que algunos de ellos, una vez en libertad, vuelvan al campo de batalla», dice un asesor de Obama. Dónde trasladar a los presos dentro de EE.UU., cuántos serán enviados a sus países y qué pasará si algunos no pueden ser juzgados son otras preguntas sin respuesta. Además, Obama tendrá que decidir cómo maneja las futuras capturas de terroristas. «La gran pregunta es dónde y cómo va EE.UU. a detener e interrogar a los sospechosos de terrorismo que continúe capturando en su lucha contra Al Qaida», plantea Matthew Waxman, ex asistente del secretario de Defensa.   Fuente: ABC.es  

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