Cuatro miradas femeninas debutan como cineastas en el Festival de Cine Latinoamericano

Este artículo es de hace 11 años
La ficción es siempre el género de mayor demanda por los cinéfilos y además de la categoría del Coral, hay otro espacio que ha ido ganando cada día mayor relieve también incluido en el mundo de la ficción, me refiero a los largos que presentan jóvenes realizadores bajo el genérico rubro de ópera prima. En esta ocasión y en el trigésimo Festival de La Habana, hay 22 películas que compiten procedentes de diez países de Norteamérica, Centroamérica, el Caribe y Sudamérica. Pero hay una nota que singulariza este debut, de esos filmes solo cuatro son de autoría femenina y llegan desde Costa Rica, Brasil, Argentina y Venezuela. Las otras naciones que compiten en esa categoría, Chile, Colombia, México, Uruguay, Guatemala y Cuba no tienen a ninguna mujer entre sus realizadores para aspirar al Coral de ópera prima. Directoras que van desde los 30 a los 40 años de edad concursan con diferentes temáticas, perspectivas y estilos en cada uno de sus largometrajes. La brasileña Sandra Kogut participa con el filme Mutum, que quiere decir mudo y que tiene como referente simbólico, a un pájaro negro que canta en la noche. Desde la mirada de un niño de solo 10 años, Thiago, quien vive en un mundo campesino pero sometido por la violencia, se desarrolla el filme que ganó los premios del Festival de Bogotá a la mejor película, edición y con el lauro del Círculo Precolombino de Plata, así como haber recibido en el pasado Festival de Río los premios al mejor largometraje de ficción y a la mejor edición. Mutum es, según la crítica cinematográfica, una excelente adaptación al cine del universo del novelista Guimaraes Rosa y se desarrolla dentro del ámbito rural, en un “sertao” de Minas Gerais. Desde Venezuela llega una tríada de realizadoras con la película: 1, 2, 3 mujeres, producida por la Villa del Cine, cuyo argumento está estructurado en tres episodios, los que protagonizan de manera individual Eloína, Rosario y Gregoria, tres mujeres que representan a muchas féminas, como lo han afirmado las realizadoras Andrea Herrera, Anabel Rodríguez y Silvia Andrea Ríos, en un filme signado por la perspectiva de género. Argentina también compite por el Coral de ópera prima, con el filme Cordero de Dios, de Lucía Cedrón, película que ya ha obtenido varios premios, como el del público en los vigésimos Encuentros de cine Latinoamericano de Toulouse, Francia y fue seleccionada en el Festival de Ámsterdam, en Holanda. Un argumento que desde el presente se aproxima al pasado, por el hilo conductor de dos secuestros, uno padecido por el abuelo de la protagonista en el 2002, en medio de la crisis económica y el de la hija de este y madre del personaje eje del argumento, sufrido en la década de los 70, filme que como suele ocurrir con las producciones rioplatenses cuenta con una impecable factura y excelentes actuaciones. Pero dentro de todo este conjunto, sobresale un filme costarricense, de ese país centroamericano que no cuenta con una industria del cine y que es el resultado de ocho años de trabajo, para aproximarnos a la trágica vivencia de la niñez, en el Istmo, el mundo de la inmigración desde la perspectiva de dos niños que buscan, de Nicaragua a Costa Rica a su madre. La crítica ha seleccionado el multipremiado filme El camino, de la directora Ishtar Yasin Gutiérrez, como la mejor película centroamericana de toda la historia. Fuente: CubaSi

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