Enrique Demetrio es un pintor cubano de pincel fenicio

Este artículo es de hace 11 años
Dice que el proceso de creación es como lanzarse al vacío. Hay un juego inicial, un sufrimiento. También que toda persona debe buscar su potencialidad y que las obras "son un diálogo entre usted y yo": una cosa es lo que quiere el artista y otra bien distinta quien lo interpreta. Que el arte es una ilusión y lo peor es el artista, que no todo en el pasado fue mejor y que la naturaleza de su pintura es lo que mueve a su pincel cubano, enamorado de sus calles y rincones. Conoce la cultura griega, la fenicia, la romana y prefiere las figuras antes que los rostros. Desde un pequeño local de la calle Gregorio Marañón, el pintor cubano Enrique Demetrio esconde un sofisticado dispositivo de elaboración simbólica y un potente generador de sincretismo conceptual y plástico. "Mis obras presentan una profusa mixtura de cosmologías diferentes. Las esculturas, los dibujos, las pinturas y los performances sirven de vehículo para un mismo fin; la activación de una nueva mística cultural. En ella intento mezclar Astarté y Yemayá, las ceremonias y orubas, el tarot y la cábala", explica, sentado en una sillay fumando un puro habanos. Fanático de los símbolos, elaboró una escultura del Indalo almeriense a quien otorgó una doble valoración: masculina y femenina. "Intento ofrecer al espectador la posibilidad de participar en una suerte de rito. Esta actitud chamática denota claramente mi preocupación por el poder del arte como factor de reflexión y catarsis", detalla el pintor. Sus obras presentan construcciones mito-poéticas de distintas culturas, donde el ser humano se integra en su medio natural. La energía sexual que procede de las fuerzas místicas. Las escaleras se transforman en pirámides. Los árboles cercenados retoñan y sus cuerpos ascienden al plano celeste, donde son acogidos por los dioses mayas. "Mis obras están marcadas por la mezcla de mitos, símbolos y sus respectivas culturas. Esto no sólo es el resultado de mi origen insular, no confesado, sino de disminuir el daño que conlleva el desarraigo de la inmigración. Mi emigración fue antes física que mental. Mental porque soy nieto de emigrantes y física por el tiempo que llevo al lado del mar". Criado en la barriada de Puentes Grandes, en La Habana, Enrique Demetrio es un fantasma encadenado a otro lugar, a una ciudad que lo ha tratado bien durante estos ocho años y que le ha otorgado de llave de otras capitales como Barcelona, Berlín y Suiza. Allí tuvo la oportunidad de conocer y convivir con artistas procedentes de todo el planeta. "Pasaba mucho por España porque mi cuñado vivía en Almería. He tenido la oportunidad de exponer en las grandes capitales europeas y fui huésped del centro cultural Piramidón de Barcelona, donde conocí las tendencias de numerosos artistas procedentes de todo el mundo", dice. La virtud de la pintura cubana está en el elemento humano. Una cualidad también presente en China y Rusia, responsables del origen de la vanguardia. "El arte de los pintores españoles está en primera linea. El único enemigo que tiene la pintura de nuestros tiempos es que hemos caído en una especie de globalización de la estética. Eso determina que se pierdan los valores y, por lo tanto, se desvaloricen los lugares", manifiesta. Ilustra unas figuras muy esquemáticas con un fin antropológico. Eso es lo que le permite viajar a cualquier temática. Además de ser partidario de dominar todas las técnicas posibles, es de los que piensan que un pintor debe acoplarse a todas las gamas y colores posibles. "Trato temáticas como la discapacidad, la fertilidad y la sexualidad. Muchos pintores se acoplan a un determinado color y eso puede resultar muy negativo a largo plazo. Soy partidario de la frase que me dijo en una ocasión el genio y pintor Raúl Martínez: El color que menos te gusta es el que más debes trabajar. Te pueden enseñar a dibujar, pero que esos colores tengan alma, sólo depende de una formación polifacética y productiva", asegura. En la actualidad está inmerso en un nuevo proyecto con connotaciones fenicias: El oráculo de las orillas. Para Demetrio todo acto de purificación constituye un acto creativo, una vuelta al origen. Este principio no es un comienzo, es una creación infinita y su manifestación finita. La creación de las obras implica lanzarse una y otra vez al vacío, ese tiempo de caída origina el nacimiento de otra criatura, de otra obra de arte. "Existen tres fundamentos que motivaron la selección de la cultura fenicia para mi proyecto: aceptaban y se apropiaban de las diversas culturas circundantes, fueron los primeros en utilizar el alfabeto silábico para la escritura y crearon una red comercial que abarcó todo el mediterráneo. Mi objetivo es crear un sistema de adivinación a partir de 22 cartas que reflejen el alfabeto fenicio". Fuente: ElAlmeria.es

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