Ópera sacra en la inauguración del VII Festival de Música Antigua Esteban Salas

Este artículo es de hace 11 años
Descubierta a comienzos de la última década del siglo XX, de la ópera de San Ignacio se encontraron dos copias: una en los archivos de Chiquitos (Santa Cruz, Bolivia), y otra en la Misión de San Ignacio en la provincia de Moxos (Bolivia).   La ópera de San Ignacio de Loyola es una de las tres obras dramáticas que se conservan en los archivos de las antiguas misiones jesuíticas de América. Compuesta entre 1717 y 1726, su creación se atribuye al jesuita toscano Domenico Zipoli (Prato, 1688-Córdoba, 1726), conjuntamente con el también jesuita suizo Martin Schmid (Baar, 1694-Lucerna, 1772). Con texto castellano, de autor desconocido, posee un libreto pedagógicamente eficaz. Los personajes principales son San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y el demonio, quien a pesar de su dudosa seducción (su aspecto es magnífico en su simplicidad y sensualidad), no consigue desviar a los dos santos de su sagrado deber, la evangelización. Señala el musicólogo Piotr Nawrot que el drama evangelizador, u ópera, —como se denominaba a todas las obras escénicas que se ejecutaban en las misiones— fue muy popular en la vida de las reducciones jesuíticas y resultó un aporte único al repertorio americano de la ópera en tiempos de la colonia. Las óperas se representaban en los momentos más significativos del año litúrgico o en ocasión de acontecimientos de importancia política. Su puesta en escena tenía lugar hacia el anochecer, en la plaza mayor, junto al pórtico de la Iglesia o al castillo del estandarte real. Los actores eran los aborígenes mismos y, a menudo, se insertaban elementos del mundo indígena: vestuarios ricos y  coloristas adecuados al papel representado, escenografía típica de la zona con arcos de flores y plantas selváticas, frutas tropicales, pájaros de gran colorido y animales salvajes... Descubierta a comienzos de la última década del siglo XX, de la ópera de San Ignacio se encontraron dos copias: una en los archivos de Chiquitos (Santa Cruz, Bolivia), y otra en la Misión de San Ignacio en la provincia de Moxos (Bolivia). La partitura fue restaurada y transcrita por el musicólogo Bernardo Illari. Fuente: Opus Habana

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