Honremos a Misael Bordier

Este artículo es de hace 11 años
La noticia de que científicos cubanos desarrollaron un medicamento homeopático que tiene efectos analgésicos y antinflamatorios en pacientes que padecen cáncer y se basa en el veneno de alacranes, corre por el mundo con la lamentable omisión de señalar al biólogo guantanamero Misael Bordier como el descubridor del uso anticancerígeno de la sustancia.     Fabio Linares, uno de los responsables del proyecto de los Laboratorios Biológicos Farmacéuticos (Labiofam), anunció el jueves 4 de febrero en La Habana la creación del medicamento, el TRJC-30.   Hace unos años, Labiofam fue encargado por el Ministerio de Salud (MINSAP) de confirmar las eventuales funciones anticancerígenas que se le suponen a la toxina del Rophalurus junceus, especie de alacrán endémica de Cuba, investigación que ha dado como resultado al novedoso fármaco.   Según la información brindada por Linares, el medicamento se desarrolló, con “excelentes resultados”, en la provincia central de Cienfuegos, donde hace tres años se habían “encontrado” sus cualidades para reducir inflamaciones y disminuir el dolor provocado por la acción degenerativa de las células cancerosas, sin reacciones adversas.   En la información brindada en La Habana se reconoce con cierta timidez que la ruta que ha llevado a esos hallazgos se inició “espontánea y empíricamente” en la oriental provincia de Guantánamo hace dos décadas y desembocó en el proyecto científico que ahora dirige Labiofam.    Por desgracia, Misael Bordier no puede defender que descubrió que la toxina del alacrán Rophalurus junceus, un escorpión que habita y se reproduce en cautiverio, podía usarse en algunos casos de cáncer como tratamiento alternativo, mediante una fórmula diluida, que denominó escozul.   Bordier, graduado en ciencias naturales en la Universidad de Oriente, de Santiago de Cuba, murió en noviembre de 2005 cuando realizaba un viaje de trabajo a la ciudad de La Habana.   El biólogo guantanamero en 1999 obtuvo el Certificado de Registro de Marca, concedido por la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial. Pero la historia se remonta más atrás, a 1980, cuando Bordier inició los estudios que le permitieron una década después hacer su descubrimiento.   Según el estudioso, el escozul no atacaba a la célula maligna directamente, sino que actuaba evitando su desarrollo, observó que en muchos pacientes de cáncer de pulmón, de hígado, de vías digestivas en sentido general y próstata, experimentaron mejoría, aumento de la calidad de vida y sobrevida, y en un gran porcentaje cura total del tumor. La investigación a su cargo comenzó en la Facultad de Ciencias Médicas de Guantánamo y continuó con el auspicio del Ministerio de Ciencias, Tecnología y Medio Ambiente, bajo la dirección del Instituto de Oncología y Radiobiología, con marca de la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial.   El escozul era una solución de la toxina diluida en agua natural, tal y como es el producto empleado ahora en el ensayo extendido en Cienfuegos. El descubrimiento de Bordier tuvo una amplia repercusión, no sólo en Cuba, a tal punto que llegó a aplicarse a pacientes en México y otras naciones latinoamericanas y europeas.   Como incurrir en errores es de humanos, el biólogo guantanamero cometió los suyos durante el desarrollo del escozul.   En 2004 el MINSAP señaló en un  informe que no disponía de una "evidencia científicamente documentada y reconocida por las autoridades sanitarias" de Cuba, respecto al efecto del escozul, y que "no se ha seguido un diseño correcto de investigación”.   "La caracterización del producto es insuficiente y su método de producción es totalmente artesanal", señaló el ministerio.   Entonces Labiofam fue encargado de proseguir los estudios  y la Oficina Cubana de Propiedad Industrial (OCPI) concedió a la empresa farmacéutica los derechos de explotación de la patente asociada al veneno del alacrán Rophalurus junceus.   Aún así el MINSAP reconoció el valor de la pesquisa realizada por Misael Bordier al precisar en su informe que "las referencias sobre sus efectos y curas son sugerentes de una posible actividad y utilidad terapéuticas".   El resultado de esa indicación es el TRJC-30, una nueva línea de trabajo dentro de la investigación nacional que conduce Labiofam para confirmar las eventuales funciones anticancerígenas que se le adjudican a la toxina del Rophalurus junceus.   “Los resultados primarios que ya hemos logrado en estos momentos son los mismos que se alcanzan con la quimioterapia, la radioterapia y la cirugía amputatoria”, dijo a la prensa Fabio Linares, uno de los responsables del proyecto.   Nos satisface de sobremanera que científicos cubanos hayan confirmado la existencia de un medicamento homeopático que ofrece prometedoras perspectivas en la lucha contra el cáncer.    Sin dudas, el TRJC-30 demuestra que la teoría de Misael Bordier en nada estaba equivocada.   En este momento de éxito, bien vale rememorar su figura y reconocer en él al descubridor del uso del veneno de alacrán como un medicamento homeopático que tiene efectos analgésicos y antinflamatorios en pacientes de cáncer.    ¡Honremos a Misael Bordier! Fuente: Solvision

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