En Punta de Lucrecia...ballenas a la vista

Este artículo es de hace 11 años
Solo cinco meses después de que el devastador huracán Ike tomara a Punta Lucrecia como el punto geográfico exacto para penetrar en tierra cubana la noche del pasado 8 de septiembre, vuelve a mencionarse este pintoresco sitio localizado a unos 30 kilómetros al norte de la ciudad de Banes en la oriental provincia de Holguín, en el contexto de un hecho importante. Esta vez son nada menos que unas diez gigantescas criaturas, mamíferos para más señas, ballenas para ser exactos y del tipo jorobadas para más detalles, las que decidieron, como lo han hecho miles de naves y navegantes a lo largo de los años, quizás algo parecido a tomar el rumbo más adecuado con el famoso Faro de Lucrecia, para seguir la travesía por las aguas del Atlántico, en dirección este. Lo cierto es que, casi enseguida que se supo en la zona esta inusual noticia, claro,  no a la altura de lo ocurrido cuando era inminente el paso del Ike, pero si con toda la connotación de un caso bien raro, miles de lugareños, asentados cercanamente y hasta más lejos, incluso residentes en Banes, no quisieron perderse el momento, y en lo que apareció y pudo recorrerse el difícil camino, llegaron hasta las inmediaciones del legendario Faro, para presenciar el singular acontecimiento. Entre los que raudos vencieron el trayecto estaban, porque ellos si serían muy necesarios, los especialistas de la Unidad de Inversiones Costeras y el Departamento de Recursos Naturales del Centro de Investigaciones y Servicios Ambientales y Tecnológicos del  Ministerio de Ciencias, Tecnología y Medio Ambiente. La comprobación, ¨in situ¨, arrojó luces al asunto: Las ballenas jorobadas, científicamente Megaptera novaeangliae  viven fundamentalmente en las áreas frías del Atlántico. Alcanzan un tamaño de 12 a 15 m y de 40 a 50 toneladas de peso. Su cuerpo es de color negro o gris oscuro y se caracteriza por sus grandes aletas blancas. Está comprobado que, durante el periodo invernal, que se extiende entre diciembre y abril, miles de ballenas jorobadas se dirigen hacia las aguas cálidas del Caribe donde dan luz a sus crías. Sólo en las aguas de la Bahía de Samana y el banco de La Plata y la Natividad en República Dominicana más de tres mil ballenas jorobadas son avistadas en la etapa reproductiva. Dado la importancia del banco de La Plata para el apareamiento y reproducción de las ballenas, el gobierno dominicano declaró toda la zona como “Santuario de Ballenas”. Durante su viaje hacia estas áreas cruzan por las aguas cubanas, donde permanecen por algunos días, a veces en apareamiento con los machos. Este espectáculo puede estar ocurriendo en la actualidad en las aguas del litoral holguinero. Desde el pasado 13 de febrero más de una decena de ballenas han sido avistadas en este litoral, sólo el día 16, y se expone a manera de ejemplo, seis ballenas fueron avistadas en las aguas próximas a Punta Lucrecia. Desde su conocimiento las autoridades científicas holguineras realizaron las coordinaciones necesarias para asegurar la tranquilidad y descanso a los animalitos, mientras ahora, eligen con premura insoslayable, sus áreas de cría o se dirigen hacia el este, hacías las aguas dominicanas. Las ballenas jorobadas están sexualmente activas entre los cuatro y los siete años de vida. Las crías son grises claras y  cuentan con muy poca  capa de grasa para protegerse del frío, por lo que si nacieran en los mares del norte, donde las ballenas jorobadas se alimentan, ninguna sobreviviría. La leche de ballena tiene la consistencia del yogurt y es más rica en grasa que la de otros animales. Tomando unos 200  litros diarios de leche, las crías ganan unos 45 kilos diarios creando una capa protectora para las frías aguas donde serán llevados al concluir la primavera. Durante su estancia en las aguas del Caribe las ballenas apenas se alimentan y viven de las reservas de grasas que acumularon durante el verano en los bancos de peces del norte. Al concluir la primavera, con las reservas de grasas agotadas emigran hacia los bancos de norte, llegando muy delgadas pues llegan a perder una tercera parte de su peso. Una vez en el norte se ponen a comer a un ritmo de 1 tonelada diaria. Como cuando ocurren eclipses lunares, todo el que pudo, tras oír las primeras noticias  de la inesperada y ¨ballenística visita¨ no quiso que le contaran, se fue hasta Punta de Lucrecia. Sin dudas valió la pena. Seguro que si. Esta vez no hicieron falta vigías ni catalejos, para que se escuchara más de una vez....¨ballena a la vistaaaaaaa¨. Fuente: Radio Rebelde

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