La farmacéutica de La Arena que denunció a dos santeros cubanos muere en La Habana

Este artículo es de hace 11 años
La farmacéutica gijonesa María del Carmen Represa Suárez falleció el pasado día 4, cuando se encontraba en La Habana (Cuba). La mujer había viajado a la isla caribeña con los dos santeros cubanos a los que había denunciado en 2002 por una supuesta estafa. La muerte de María del Carmen Represa se produjo por causas naturales, según los amigos que informaron a este periódico. La relación de María del Carmen Represa Suárez con los cubanos siempre fue muy conocida en el barrio de La Arena, donde se la podía encontrar paseando con los caribeños o en la playa. La farmacia fue cerrada esta semana por agentes de la Policía, por decisión familiar. La farmacéutica, sin hijos, con su despacho en la calle Manso, había conocido a uno de los «videntes» durante un viaje a la isla y lo instaló, después, en Gijón. María del Carmen Represa llegó a alojar en su propia casa a varios cubanos más, pero fueron dos los que se establecieron en la ciudad con sus pretendidas artes adivinatorias y de santería: C. P. V. y J. A. F. F., que en 2007 tenían 42 y 46 años, cuando fueron detenidos por la Policía Nacional y fueron acusados de haber cobrado un millón de euros de forma fraudulenta a T. G. C., una mujer de 77 años, vecina de Somió, por unas supuestas consultas de santería. Esta mujer, muy popular en Somió, llegó a hipotecar su casa y vender fincas de la herencia familiar. Éste era el segundo conflicto con la justicia y la Policía; antes ya había sido la propia farmacéutica la que denunció una estafa de 300.000 euros en efectivo y joyas por el mismo procedimiento. La Policía informó de que «las limpiezas purificadoras» que prometían los cubanos se pagaban con lingotes de oro que terminaban convertidos en plomo. Ambos «videntes» desarrollaban su actividad en un local de la calle Manuel Llaneza, realizaban ritos de santería. Uno de los cubanos, el más joven, se caracteriza por su elegancia, buen porte y por lucir trajes de diseño y de marcas exclusivas, además de conducir un vehículo de gran cilindrada. Este cubano tenía la pretendida especialidad de adivinar el futuro a través de conchas lanzadas sobre la mesa con un cubilete, ritual que denominaba «hacer la concha». Mientras esto sucedía, su compañero entraba en trance y, supuestamente, comenzaba a hablar en nombre de los familiares de la víctima que habían fallecido. Fuente: LNE.es

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