La Orchestra Baobab rescata sus viejos éxitos afrocubanos

Este artículo es de hace 11 años
El árbol tiene 40 años, sólidas raíces rítmicas africanas, pegajosas melodías cubanas y mucho sabor latino. Son las señas de identidad de la Orchestra Baobab, banda imprescindible para entender el baile elegante sin derroches atléticos. Desde su aparición en Senegal a comienzos de los años setenta y tras su inesperado rescate en 2001, el conjunto panafricano regresa para presentar el disco Made in Dakar en Madrid (día 16), Gran Canaria (17) y Badalona (18). La historia de la orquesta con nombre de árbol sagrado resume bien el mapa de la música de baile en África occidental. El grupo nació en 1970 para animar la euforia de la descolonización y, de paso, entretener los bailes de la élite política y cultural. La Orchestra Baobab reinó sin discusión durante diez años hasta que el giro político nacionalista de los ochenta provocó la aparición del mbalax. Y los jóvenes africanos, que ya empezaban a mirar más a Europa que a sus ancestros, eligieron el pop bailable que coronaría a Youssou NDour, Baaba Maal o Cheikh Lô y se olvidaron de las músicas que volvieron de Cuba. La banda reinó en Senegal hasta el giro nacionalista en los ochenta Perfil panafricano "Somos más viejos, pero hacemos la música de siempre. Somos una familia que hace música", explica el guitarrista Lafti Benjeloum, sin rastro de amargura por los tres lustros de olvido que la Baobab sufrió entre 1985 y 2000. Antes, el grupo que timonean los cantantes Balla Sidibé y Rudy Gomis junto al guitarrista Barthélemy Attiso y al saxofonista Issa Cissoko diseñó la banda sonora bailable de África. "Son cosas que pasan, pero siempre estuvimos satisfechos de nuestra música. Nunca tuvimos un único estilo, siempre intentamos mezclar estilos con personalidad propia", recuerda Benjeloum, cuyo origen marroquí refleja el perfil panafricano de una banda que úne a diez músicos con raíces en Senegal, Togo, Mauritania y Malí. "El mundo se olvidó de nosotros y ahora nos ha vuelto a descubrir" Pero si una característica destaca en la Baobab es su nexo con los sonidos del Caribe, en esencia de Cuba. Tiene explicación: en los años cuarenta, grupos cubanos como Sexteto Habanero y, algo más tarde, la Orquesta Aragón causaron furor a ritmo de son, cha cha chá y pachanga. "Cuando llegué a Dakar en 1968 sólo sonaba música cubana en los clubes, aunque en casa también escuchábamos high life nigeriano y soukous de Congo", recuerda el guitarrista Attiso, que pagó sus estudios de leyes con lo que ganaba cada noche como músico. "Somos parte de la música africana, está claro, pero también somos algo de Cuba. Si te fijas en la historia, la música africana llegó a América y se plasmó en la música cubana. Hablar de música cubana es hablar también de sus orígenes africanos, de los ancestros que los esclavos negros llevaron allá", añade Lafti Benjeloum. La Baobab resucitó por el productor Nick Gold. En 1989 editó el disco Pirate´s choice con ocho piezas que los senegaleses habían grabado siete años antes para Ken dou Werente. En 2001, editó una versión ampliada y convenció a los músicos para volver a tocar. La reacción no se demoró: el Barbican Center de Londres quedó pasmado con diez africanos de elegantes trajes negros y música cimbreante. "El mundo se olvidó de nosotros durante mucho tiempo, quizá demasiado, y ahora nos ha vuelto a descubrir", recuerda Benjeloum. (www.publico.es)

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