Orishas bendicen con cerveza sus comparsas para el Carnaval de La Habana

El 'Bautizo de las farolas', que define como "un espectáculo cultural, pero religioso", se realiza cada año ante autoridades culturales y municipales en un terreno del Canal del Cerro


Este artículo es de hace 12 años
En trance al ritmo de los sagrados tambores batá, Santos Ramírez atomiza la cerveza que bebe de una jícara sobre la farola del orisha Obbatalá, ritual ancestral yoruba que pide aché (poder y suerte) para bendecir la comparsa 'El alacrán' previo al Carnaval de La Habana. "Bautizando las farolas, una de las insignias principales de la comparsa, nos quitamos todo lo malo para salir al carnaval", dice resuelto Ramírez, un santero de 36 años que dirige hace nueve 'El alacrán', decana de las 12 comparsas que amenizan las fiestas populares más importantes de la capital. El 'Bautizo de las farolas', que define como "un espectáculo cultural, pero religioso", se realiza cada año ante autoridades culturales y municipales en un terreno del Canal del Cerro, barrio obrero del oeste de La Habana donde el grupo ensaya sus coreografías. También frente a una decena de policías en previsión de altercados, pues el Canal, con fuerte arraigo de la Santería Cubana o Regla de Ocha -culto Yoruba traído a Cuba por los esclavos africanos-, es considerada una de las zonas más inseguras de la ciudad. "Este rito es muy importante porque nos asegura aché, pero es también una forma de preservar nuestras tradiciones y cumplir con nuestros ancestros", explica a la AFP con orgullo Wilber Cruz, un fornido farolero de 24 años que vestido de rojo representa al orisha (deidad) Changó. La ceremonia no exige el sacrificio de animales como otros ritos de la santería, y es rica en colorido y sonoridad con el toque de los tres tambores batá, que sólo pueden ser tocados por hombres consagrados religiosamente. Rodeado por 20 parejas vestidas de blanco y azul que no paran de bailar y acompañado por figurantes disfrazados de orishas que recrean danzas ancestrales, Cruz hace girar con frenesí la farola, una especie de estandarte de unos 45 kg de peso, mientras recibe un baño de cerveza. El ritual se hace con las nueve farolas que 'El alacrán' lleva al carnaval, siete de ellas representan a los orishas Obbatalá, creador de la humanidad (su color es blanco); Yemayá, símbolo del mar (azul); Ochún, del amor y la femineidad (amarillo); Changó, de la guerra (rojo); Eggun, que identifica al muerto (multicolor); Elegguá, que abre caminos (rojo y negro); y Oggún, dueño del monte (verde y negro). Al negro Ramírez le brillan los ojos cuando habla de la comparsa que fundó su bisabuelo en la Habana Vieja en 1908 y luego guiaron su abuelo y su padre, pero lamenta que las limitaciones económicas que enfrenta la isla lo obligaron a reducir el número de farolas este año. "Tenemos 15 farolas, pero con muchas dificultades logramos armar nueve", apuntó. Sin competencias entre comparsas, carrozas ni palcos, el otrora fastuoso Carnaval de La Habana comenzó el 24 de julio bajo el nombre de fiestas de verano en un tramo de la avenida costanera del malecón, para los cubanos otro indicador del alcance de la crisis. "Como habanera quisiera que el carnaval se retomara como fue siempre, pero las condiciones económicas no lo permiten", dijo a la AFP la directora de Cultura del Cerro, Bárbara Ruíz, al subrayar que lo importante es que, con más o con menos recursos, "se mantengan las tradiciones". Con ella coincide Víctor Marrero, quien con sus 79 años a cuestas representa a tatacuñengue, el negro brujo que con su sabiduría descubrió al animal que picó a una esclava en el cañaveral, leyenda que recrea 'El alacrán'. "Esto es todo para mí, es mi vida, y el día que no tenga 'El alacrán', muero", sostiene el viejo que comenzó a bailar en la comparsa a los nueve años. Fuente: AFP

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