Premio internacional para joven cubana

Annia es la única cubana ganadora del concurso "Voces Jóvenes para la Investigación en Salud", un premio por el que optaron este año cientos de jóvenes investigadores de todas partes del mundo.


Este artículo es de hace 12 años
Ganadora de un importante certamen, auspiciado por el Foro Global para la Investigación en Salud y la prestigiosa revista científica The Lancet, Annia Martínez Massip sigue siendo una joven modesta y laboriosa. Annia es la única cubana ganadora del concurso "Voces Jóvenes para la Investigación en Salud", un premio por el que optaron este año cientos de jóvenes investigadores de todas partes del mundo. Seleccionados 40 finalistas, de estos fue necesario escoger, en una dura contienda, a los ocho ganadores. Cuando le comunicaron a la joven la buena nueva, perdió por instantes el habla, y solo atinaba a abrir los ojos en expresión incrédula. Además de la publicación de la investigación, en un número especial de la conocida revista The Lancet, los ocho ganadores fueron invitados a participar en el Foro Global para la Investigación en Salud, que en esta ocasión se celebró en La Habana, del 16 al 20 de noviembre, con la participación de alrededor de 800 delegados de 80 países. En este Foro 2009, se organizó una mesa redonda con esas voces jóvenes ganadoras, cuatro mujeres y cuatro muchachos de Australia, España, Colombia, Brasil, India, Cuba y otros países. Allí todos expusieron al auditorio un resumen de su estudio, y me resultó muy interesante la variedad de asuntos tratados de contenido social. ENTREGADA A LOS DEMÁS Annia, en su investigación "Innovando hacia dentro", se implicó de lleno en la vida de las mujeres campesinas de una comunidad agrícola llamada Jibacoa, ubicada en la región central de la isla. Por dos años entrevistó, visitó, vivió con ellas y quiso responderse muchas preguntas que llevaba en la agenda sobre la cotidianidad, pensamiento y aspiraciones de aquellas campesinas. Una de las cuestiones palpadas de manera habitual es una circunstancia que marca no solo a las mujeres agrícolas sino a muchas en general, y es nuestra condición de "dadoras". Es decir, "dadas" a los demás: a los hijos, al marido, a los padres, a los suegros, a los hermanos, en fin, nos quedamos tan atrás y nos ponemos tan en el último lugar que no queda tiempo ni energías para atendernos a nosotras mismas o solicitar que nos atiendan. Por esto, la investigadora me comenta que las aspiraciones de las campesinas entrevistadas siempre eran con relación a que los hijos se encaminaran en la vida, que al esposo le fuera bien en el trabajo y la salud. Nunca hablaban de ellas, de sueños y anhelos personales. En esos dos años que estudió la comunidad de Jibacoa, vislumbró cómo estos modelos de sumisión y pobreza de autoestima y asertividad, pueden ser cambiados cuando las mujeres se empoderan. Algunas lograron al final que sus compañeros asumieran los deberes hogareños y de los hijos, cuando ellas, por sus éxitos laborales, viajaron a otras regiones del país, como muestra de reconocimiento. Este proyecto de Annia fue concebido dentro del Programa Nacional de Innovaciones Agropecuarias, que dirige el Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas. Como profesora de sociología de género en la Universidad de Las Villas, se interesa particularmente por el enfoque genérico que debe ser el hilo conductor de todo su andamiaje investigativo. "Los resultados de la investigación, aunque esperados, me resultan un acicate para de alguna manera, poner mi granito de arena en transformar la realidad de esas mujeres, que no es una labor corta ni fácil", declara. "Descubrí que la igualdad de género tiene que pasar por un enfoque sistémico, para que involucre sobre todo a la familia. Trabajar aisladamente con las mujeres no van a resolver los problemas que ellas tienen", dice por último la profesora universitaria. Fuente: Prensa Latina

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