Alicia Alonso en Cuba con el aroma de un homenaje entrañable

La directora del Ballet Nacional de Cuba, la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, regresó aquí con el aroma entrañable del tributo rendido por el American Ballet Theatre (ABT), del cual fue fundadora en 1940 y donde dejó una huella indeleble.


Este artículo es de hace 11 años
La directora del Ballet Nacional de Cuba, la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, regresó aquí con el aroma entrañable del tributo rendido por el American Ballet Theatre (ABT), del cual fue fundadora en 1940 y donde dejó una huella indeleble. Fue un homenaje en tres partes, con motivo de sus nueve décadas de vida, una fiesta cuyo punto más alto lo constituyó la gala en el Metropolitan Opera House, de Nueva York, repleto hasta el tope por un público puesto de pie al unísono, de un solo impulso, al alumbrar los reflectores el palco donde se hallaba sentada. La ovación se repitió más tarde, cuando salió al escenario donde tantas veces se cubrió de gloria, desde la noche memorable del 2 de noviembre de 1943, cuando sustituyó a Alicia Markova en Giselle, en su doble papel de campesina terrenal e inocente transmutada luego en la willis evanescente del II acto con su danza casi levitante. Antes se había proyectado un video del cineasta Eric Burns, quien prepara un documental sobre el 70 aniversario del American Ballet Theatre, en cuyos festejos se inscribió la reverencia a Alonso. El había vajado a Londres hace dos años para conversar con ella sobre su trayectoria en esa compañía donde brilló con su técnica de acero e hizo suyas obras de Anthony Tudor, Agnes de Mille y Balanchine, quien creo para ella Tema y variaciones, un ballet erizado de dificultades técnicas y desafíos, al que impregnó con su danza una cualidad diamantina. La ovación fue estremecedora, narró el director del Museo de la Danza, Pedro Simón, cuando Alonso salió a agradecer al público, del brazo de Kevin McKenzie , director del American Ballet Theatre, quien destacó lo que ella significaba para la compañía. Alonso dejó un estandarte de excelencia, comentó. Fue una noche espléndida, expresó ella en Nueva York -vía telefónica-, a Prensa Latina, una de esas vivencias, de esas experiencias que un ser humano nunca puede olvidar. Un día antes se había inaugurado una exposición con 30 obras pictóricas bajo el título de Esta noche Alicia baila aquí -tomado de un cuadro del escritor y pintor Samuel Feijóo-, que agrupó distintas aproximaciones a su personalidad y trayectoria, desde Wifredo Lam hasta artistas de la vanguardia cubana más joven. Antes de despedirse de una ciudad ligada a los primeros destellos de su leyenda como bailarina, Alonso se reunió con los alumnos de la escuela anexa al American Ballet Theatre, con quienes dialogó en un inglés fluido y un lenguaje coloquial, sin merma de lo conceptual, sobre la ética del bailarín, los principios que sustentan el trabajo artístico y el pasado de la compañía. Al refirse a ese encuentro ella lo había calificado antes, en su diálogo con Prensa Latina, como un encuentro con el futuro del American Ballet Theatre. En realidad fue un arco tendido desde el presente entre pasado y futuro en una continuidad indisoluble, permanente. Aun le quedan varios homenajes internacionales, entre ellos el de la Maestranza de Sevilla, España, donde recibirá en octubre el Premio de Cooperación Iberoamericana, y que quizás abarque otras ciudades de Andalucía. Luego el tributo del Royal Ballet en el Covent Garden londinense. Más tarde Nápoles, y finalmente en la isla a la que ha profesado una devoción sin límites, y que está en la raíz misma de su danza. Por eso ella afirma cada vez que se habla de estos festejos de sus espléndidos 90 en otras partes del mundo: Todavía tengo 89, los 90 los cumpliré el 21 de diciembre. Y será en los brazos fragantes de Cuba. Fuente: Prensa Latina

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