La música cubana se mezcla sin miedo a perder identidad

Considerado uno de los artistas más notables del jazz latino, con varios Grammy en su haber, el pianista Gonzalo Rubalcaba cierra con su concierto de este domingo, a las 20.30 horas, en el Cicca, la XIX edición del Festival Internacional Canarias Jazz & Más Heineken


Este artículo es de hace 11 años
- ¿Con qué propuesta llega Gonzalo Rubalcaba al Festival de Jazz de Canarias? - Vengo a presentar el trabajo titulado Avatar, que se ha hecho en colaboración con músicos jóvenes, todos radicados en Nueva York. Existe una generación de artistas que cada vez tienen más interés y posibilidades de acumular conocimiento más allá de su propio entorno. Esto es algo que yo creo se debe enfatizar, sobre todo con los músicos norteamericanos, ya que por mucho tiempo, y salvo algunas excepciones, han estado muy enfocados a lo que son sus propios códigos. Este proyecto lo que trata es de compartir esa visión abierta de la música. - ¿Prefiere el trabajo en solitario o con banda? - Trabajar con el quinteto me devuelve a unas experiencias que luego van a tener un determinado impacto, de una u otra manera, cuando toco solo. Y eso sucede también de manera contraria: el hecho de trabajar solo me obliga a desarrollar herramientas o capacidades que después voy a depositar en cualquier otro tipo de formato. - ¿Hasta qué punto inició una transición del aspecto rítmico al melódico con Supernova? - Es indisoluble. Nunca lo pienso por separado, se necesitan uno al otro: divorciarlos sería fragmentar el discurso. El sistema tiene que trabajar con todos esos elementos simultáneamente. La música que se plantea en el trabajo actual, en Avatar, tiene ciertas complejidades en el orden métrico, pero están de alguna manera argumentadas por el modo en que se propone mi mundo armónico y melódico. - Camilo, Irakere o usted hacen música que se considera jazz latino, mientras que lo que hace Juan Formell se denomina salsa. ¿Dónde está la frontera entre uno y otro género? - Entiendo. En mi caso, yo crecí en un barrio de La Habana, un lugar con cierta importancia en la producción de la música bailable, que es la música que escoge el pueblo para festejar y para expresarse. En ese mismo contexto en que yo crecí vivió durante muchos años Juan Formell. Yo creo que él se nutría precisamente de ese entorno, pero también detrás de esa influencia estaban los conocimientos adquiridos en el orden académico. Formell no ignoró lo que nosotros consideramos los códigos del jazz; recuerdo que antes de formar lo que luego sería Van Van estuvo vinculado a ciertas agrupaciones de evidente influencia jazzística. Aunque poseemos herencias musicales y sociales similares, ya que crecimos en circunstancias muy parecidas, el objetivo final de una orquesta como los Van Van es hacer bailar. Y finalmente yo escogí un camino que está más enfocado al concierto, a lograr un tipo de atención o reflexión en el público que no es a través del baile. - Paquito D'Rivera, Sandoval, Chucho Valdés, Gonzalo Rubalcaba... ¿Qué aporta Cuba al conjunto del jazz? - Yo pienso que aporta humildad, confianza y desprejuicio. Cuba ha estado siempre muy pendiente y muy abierta a los acontecimientos de liderazgo estético y musical a nivel internacional, sin creer que vincularse a estos liderazgos nos haría perder la identidad: ahí están el desprejuicio y la confianza. La fuerza de la propia historia de la música cubana nos ha permitido ver que una parte de la riqueza, de la evolución y del desarrollo de nuestra herencia consiste en vincularnos con lo más importante que sucede más allá de las fronteras cubanas. - ¿Hay que salir del espacio geográfico insular para consagrarse en la música? - Hay muchos factores que influyen, pero hay uno que es propio de los isleños: parece ser que necesitamos ese tipo de aventuras para que los nuestros, de alguna manera, reaccionen con mucho más apoyo a tu trabajo y tu carrera. Y hay otros aspectos que son de orden político, que son circunstancias específicas que se dan en determinados países, como ha sido el caso de Cuba, donde por muchísimas décadas no ha habido otra alternativa que la de desplazarse fuera del país. Por supuesto tiene un lado nostálgico o triste, pero yo lo veo desde otro punto de vista. Considero una ventaja correr el riesgo de renunciar al orden establecido y tratar de comenzar algo en otro entorno. En realidad, de eso se trata todo el tiempo. - ¿Sigue siendo Nueva York la meca del jazz? - Nueva York sigue teniendo una hegemonía importante. Pero sería poco justo no reseñar la importancia que ha tenido Europa en los últimos 30 años en darle espacio a la música y a los músicos que trabajan con este fenómeno musical llamado jazz. En el día a día, Nueva York sigue manteniendo ese espacio y uno sabe que cualquier día de la semana puede entrar en algún club y disfrutar de algún artista importante. Sin embargo, se ha reducido un poco el espacio a ese entorno del club, pero con menor presencia en festivales o teatros. Creo que Estados Unidos se ha ido quedando como enamorada de sí misma y de ese intimismo, cuando la propuesta musical de hoy día ya no responde en su totalidad a ese concepto cerrado. Europa, e incluso Asia, se percataron antes de esta realidad diferente y programan jazz con otra visión. - ¿Las revisiones de los clásicos del jazz implican un estancamiento de la creatividad en el género? - Es válido tributar, es bueno homenajear. Casi diría que es necesario, algo justo. Para mí se hace auténtica esa gestión en la medida en que no se convierta en una imitación de lo que hizo el homenajeado. El valor del homenaje consiste en demostrar que se está tributando porque esa época o esa obra dejaron algo con puertas y ventanas para que las nuevas generaciones las abrieran y encontraran nuevos caminos para seguir extendiendo el legado, pero no para que se repitieran. No tiene sentido revisar para recordarle a la gente cómo se hacía. Eso no aportaría nada ni al oyente ni a quien lo está realizando, pues el artista se siente obligado a dejar de ser él para convertirse en algo que nunca va a poder ser. Fuente: La Provincia.es

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