Wilfredo Prieto y Carlos Garaicoa, dos cubanos en nuestro país

Este artículo es de hace 9 años
"El Museo no es un espacio cerrado sino un lugar abierto a errores" . "La ironía te hace libre y te da la opción de mirar desde otros ángulos" Ambos son cubanos, tienen el éxito de cara e inauguran exposiciones en España. Carlos Garaicoa lo hace hoy en el CAB de Burgos mientras ultima su próxima muestra en la madrileña galería Elba Benítez. Wilfredo Prieto lo hará el próximo martes en el Centro de Arte Dos de Mayo, en Móstoles. Analizamos con ellos su actual momento creativo. Se conocen desde hace casi una década. El primer día que se encontraron cara a cara, Wilfredo Prieto (La Habana, 1978) tenía 23 años y aún estudiaba en el Instituto Superior de Arte de La Habana, la misma escuela por la que también pasó Carlos Garaicoa (La Habana, 1967). El encuentro fue en 2001, en la inauguración de una de las primeras muestras individuales de Wilfredo en Cuba: “Ese día pasó por allí, me saludó y me invitó a una fiesta en su casa. A partir de entonces, hemos tenido mucha relación y coincidimos 'cada dos minutos' en cualquier sitio. ¡Es el artista cubano con el que más me encuentro!”, explica. Por su parte, Garaicoa recuerda, con afecto, las muchas charlas en su casa y estudio desde entonces: “A Wilfredo le conozco de cuando estudiaba. Proviene del colectivo DUPP (Desde una Pragmática Pedagógica), con el profesor René Francisco al frente, quien les enseñó a tener un diálogo muy amplio entre ellos y con otras generaciones de artistas”, explica. La admiración entre ellos es mutua: “Nada de lo que le ha pasado a Wilfredo me sorprende. Es producto de una gran disciplina, una mirada muy segura y seria. Encarna una generación posterior y se ha ganado un espacio en la escena del arte internacional. Me parece uno de los artistas que mejor ha llevado a término esa metodología entre un arte relacional y un tipo de escultura casi inmaterial y sin prejuicios en los materiales y significados”. Wilfredo rápidamente, le da réplica: “Siempre había tenido referencias del trabajo de Garaicoa que me cautiva por la precisión con que plantea la relación entre realidad y ficción y no sólo por la impresionante exquisitez formal, sino también por su agudo diálogo y reflexión sobre la realidad, en ese margen utópico que permite la propia plasticidad de su obra”. Pese a que pertenecen a dos generaciones diferentes y sus trabajos son bastante distintos, ambos comparten una actitud similar frente al arte y la vida. Se confiesan poéticos y políticos, trabajan con objetos efímeros, juegan con la ironía y entienden la creación artística como un ensayo siempre relacionado con el entorno más inmediato. Más con menos wilfredo Prieto traslada todo eso a sus obras desde una sutileza extrema. Su próxima exposición en el Centro de Arte Dos de Mayo de la Comunidad de Madrid, Amarrado a la pata de la mesa, es “casi como estar jugando al escondite o a ser Sherlock Holmes”, cuenta el artista. “La mayoría de las piezas -añade- se pueden encontrar por accidente. Muchas son tan invisibles que prácticamente no se ven, generando una frontera mínima entre lo que son obras y lo que no. De algún modo, es romper con esa idea de saber de antemano qué vas a encontrarte en un centro de arte”. El propio título de la muestra ya induce a la incógnita. Alude a una de sus últimas piezas, una mesa de comedor común que encontraremos nada más entrar en el CA2M, con una cuerda atada a una de sus patas que sube por las escaleras de los cuatro pisos del centro y está amarrada a un helicóptero que estará en funcionamiento sobre el museo. Este evento se podrá ver en días programados. Del resultado final, Wilfredo, trabaja todavía en algunos detalles, aunque el mensaje de la exposición lo tiene claro: “También es un trabajo de reflexión sobre la institución. El museo siempre unas normas sobre cómo pensar y montar una exposición (las paredes en blanco, el no tocar). Con esta exposición estoy haciendo el trabajo inverso. Estoy mostrando algunas piezas que habían sido pensadas, especialmente, para exteriores. Con ello no trato tanto de subvertir el espacio del centro de arte, sino de explorar y experimentar zonas de éste que no me son tan fáciles de trabajar. El museo es como un taller o un laboratorio donde constantemente están pasando cosas: unas salen bien y otras no tanto. No es un espacio cerrado donde mostrar la obra perfecta para que trascienda. Al contrario, es un lugar de experimentación abierto a errores”. El suelo es uno de esos lugares “difíciles” para Wilfredo. La mayoría de las obras están ahí, sin peanas, expuestas al riesgo de ser desplazadas, pisadas o rotas sin querer. Prácticamente, lo único que irá colgado de la pared es la serie Dibujos bobos con tinta de Montblanc (2009), los típicos dibujos instintivos que uno hace de manera mecánica cuando pierde el tiempo a los que este artista le da categoría de “ridiculez social”, y El museo perfecto (2011), dos senos que sobresalen de la pared con unas prótesis que cualquiera puede tocar, saltándose todas las pautas de seguridad en un espacio artístico convencional. Saldar cuentas P ara Carlos Garaicoa, las exposiciones son, también, un campo de experimentación, “reflexiones para ver dónde te va llevando la propia obra”. La que inaugura hoy en el CAB de Burgos, Noticias recientes, le ha llevado, de nuevo, a reflexionar sobre el contexto, el término que mejor define su trabajo. Muchas de sus obras recientes están ahí reunidas. Algunas las ha presentado antes en el madrileño espacio de Matadero, como la serie de tapices que, pese a recrear fielmente partes del suelo de la Habana, reafirma el vínculo de Garaicoa con Madrid, su lugar de residencia desde hace tres años: “Aunque mucha gente se ha referido a los tapices como una pieza muy cubana es, en realidad, muy madrileña. El lugar de producción es un material muy importante para una obra de arte”. Otro grupo de piezas pudo verse este verano en el Irish Museum of Modern Art de Dublín y muestra el interés de Garaicoa por el diálogo del arte y el espacio urbano. Ejemplos son Mi biblioteca personal crece conjuntamente con mis principios políticos (2008), donde reflexiona sobre la hipocresía que se esconde tras el masivo aterrizaje, en el ámbito urbanístico chino, de aquellos arquitectos que hoy conforman el star system de la arquitectura internacional y Ciudad doblada (Roja), de 2007, una ciudad de papel con arquitecturas abstractas, totalmente roja, construida por arquetipos -pirámides, laberintos, rascacielos- en la que, cada forma constructiva, revela un vacío. Agenda completa También los recortables son los protagonistas de la instalación de Garaicoa en los Solo Project de ARCO, representado por la galería alemana Barbara Gross: “Es un proyecto iniciado en 2010, con grabados del siglo XIX que he ido recortando y con los que he ideado nuevas propuestas arquitectónicas”. Aunque, antes de esa presentación el próximo 16 de febrero, el artista tiene otra cita, el 5 de febrero, en su galería madrileña Elba Benítez: “Hay exposiciones que son para saldar cuentas y Party! Not Tea Party es una de ellas. Estoy trabajando con lo inmanente, con la presencia del alma en ciertas fotografías. Son dípticos de gran formato, como Un día cualquiera que La Habana se detuvo para recordar Berlín (2011), con la muralla de capital cubana disfrazada del muro de Berlín. Son obras muy políticas e importantes para mí porque con ellas estoy buscando nuevas reformulaciones de la fotografía”. Tras esa batería de exposiciones, Garaicoa confiesa tener previsto, en cuanto acabe, tomarse un respiro. Wilfredo, por el contrario, tiene la agenda repleta para este 2011 y 2012. El próximo mes de febrero expone en la Kunsthalle Lissabon, en Lisboa; luego pasará por otros dos museos españoles, el ARTIUM en Vitoria y el MARCO en Vigo y, a finales de 2012, tendrá la mayor exposición hasta la fecha, una muestra de media carrera en el Museo de Arte Contemporáneo de Detroit. También le veremos en ARCO. En el stand de NoguerasBlanchard presenta Smart Gum (2008), una de las obras con las que, explica, más se identifica: “Son chicles pegados ordenadamente en el suelo, donde se es obediente siendo desobediente. Me gusta por lo desapercibida que es. La pisas y no la ves. Es como el chicle que no ves hasta que lo ves”. Esa misma actitud emplea en todos sus trabajos: “En relación con el contexto cubano se crea, en general, una manera crítica de ver la sociedad. El hecho de ser una isla, un país comunista, ser subdesarrollado, el carácter caribeño, te da una perspectiva bastante distanciada de lo que sucede en los contextos globales capitalistas, aunque se tengan de manera común preocupaciones similares. Eso te da una manera de enfocar las cosas desde otro ángulo de visión particular. Creo que lo único que hay que hacer como artista, pues, es señalar. Siempre pienso en el artista como un arqueólogo que lo que hace es desempolvar para que veas lo que hay ahí”, comenta Wilfredo. Puntos de mira Esa mirada agudizada la refleja Garaicoa, en sus obras, con el humor: “Ese cliché del humor de los cubanos nace de las contradicciones de las cosas más serias. Esa es una de las claves de mi trabajo. La ironía te hace ser más libre, menos trascendentales y te da la posibilidad de mirar desde otros ángulos”. Lejos de tratar temas como la utopía o la melancolía, con los que a menudo se relaciona su obra, a Garaicoa lo que le interesa es la ciudad como espacio simbólico, generar expectativa y jugar con el sentido abierto de las obras: “Las buenas obras de arte son las que no me cuentan el 100% de lo que está sucediendo, pero donde puedo intuir tras ellas muchas cosas”, explica. Consciente y partícipe de un mundo del arte global, dominado cada vez más por bienales y ferias, Wilfredo reivindica, ante el frenesí, la pausa, la reflexión y la capacidad crítica: “Yo en lo que creo es en el trabajo, en estar bien contigo mismo con lo que haces. Los artistas que ves constantemente en las bienales y en las ferias, en realidad, no tienen que ser necesariamente un ejemplo. Participar de todos esos eventos no es garantía de nada. Lo malo del arte es el 98,5% -y me incluyo aquí- de todo lo que se produce y, acabar valorando incluso lo malo porque no hay otra cosa seria perder la referencia. Siempre hay que mantener la exigencia alta y con uno mismo. Particularmente, si hago 20 exposiciones, tengo el riesgo de que 50 obras me salgan mal y eso es lo mejor que me puede pasar. Las peores circunstancias pueden ser las mas constructivas”. Fuente: El Cultural.es

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