Si el Reino Unido tiene a The Beatles, Cuba tiene a Los VanVan

Este artículo es de hace 9 años
El concepto gráfico del nuevo disco de Santiago Feliú, Ay, la Vida, es toda una declaración de principios. Por un lado aparece el juglar con la mano esposada a su guitarra y por el otro empuña el instrumento de las seis cuerdas como si fuera un arma. Una imagen que ha logrado captar admirablemente la relación connatural del autor de Náuseas de fin de siglo con la "canción de la trova". La coherencia artística de Santi, uno de los atributos grabados a fuego en toda su carrera, ha sido respaldada por otras de sus mejores armas: el talento, la sensibilidad poética y la capacidad de crear textos que nacieron con un don reservado para pocos: el de testimoniar no solo su propia vida, sino también las vidas de varias generaciones de cubanos, esos que tratan de seguirlo en cualquier escenario donde toque, tanto en la Isla como en otros países, y que han hecho de sus presentaciones casi un culto. Y, si no, ahí está el concierto que ofreció recientemente en el Maxim Rock para demostrarlo. el trovador regresó para ofrecer un concierto de casi dos horas que terminó siendo una apretada síntesis de su carrera musical, en la que no faltaron algunos de sus temas emblemáticos, ni varios de su más reciente álbum Ay, la vida conformado por 12 canciones y grabado por el sello Colibrí. Pero no vino solo. Se hizo acompañar por una banda de jóvenes músicos que se acopló con naturalidad a sus intereses sonoros, y que estuvo capitaneada por el pianista Robertico Carcassés, uno de sus compañeros de ruta desde los tiempos del legendario grupo Estado de Ánimo. Este bardo debutó en los escenarios a finales de los años 70. Desde entonces, cada uno de sus seguidores ha tenido su propio Santiago Feliú. Están, por ejemplo, los que enarbolan como estandartes musicales piezas esenciales de su repertorio, como Ansias del alba o Para Bárbara. O aquellos que, más acá en el tiempo, han hecho suyos temas del calibre de Sin Julieta o Iceberg. A medio camino entre la trova y el rock, Ay, la vida mantiene la pureza lírica, la complejidad en las instrumentaciones y la coherencia artística que han definido con líneas maestras la obra de Feliú. Si bien los temas del álbum llevan poco tiempo en la carretera, ya han prendido con fuerza en la escena de la música contemporánea cubana. De ahí que el público cantara como si fueran clásicos temas del relieve de Demasiado amar, Descerebrándome el corazón o Marionetas de cupido, el cual interpretó junto a Beatrix López, cantante de la conocida banda de rock and roll Tesis de Menta. Es cierto que algunos nos quedamos con ganas de más, de oír nuevamente "en vivo" clásicos como Para Bárbara o Vida, pero, sin duda, cuando llegaron otros de sus ineludibles himnos, la comunión con el público fue total. Así, Ansias del alba y Era volvieron a calar hasta los huesos y demostraron que conservan absoluta vigencia, como si el paso del tiempo solo los hubiera mejorado. Frank Zappa decía que la necesidad es la madre de la invención. La frase de este héroe de la guitarra define, en cierta medida, la génesis de la nueva producción de Santiago Feliú. El hecho es que después de varios años este trovador decidió romper el silencio discográfico, movido, seguramente, por el interés casi genético de continuar contando la vida a través de canciones que lo unen a un tiempo, a distintas generaciones, y a un país. Fuente: Granma

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