Cubanos siguen trabajando después que se anunciaron despidos masivos

Este artículo es de hace 9 años
Yordan Rodríguez no se ha presentado a trabajar en cuatro meses pero aún tiene su empleo. Al herrero de 25 años de edad le dijeron que no se molestara en ir porque la constructora estatal para la que trabaja no tiene hierro para procesar. Rodríguez sabe que el gobierno planea despedir a medio millón de trabajadores que no necesita, y sólo espera no ser uno de los desafortunados. Y podría tener suerte: la iniciativa para reducir enormemente la nómina del gobierno se ha estancado en medio de la resistencia a implementar los despidos, lo que ha derivado en que muchos cubanos sigan esperando que caiga el hacha. "Me encanta mi trabajo", asevera Rodríguez. "Quiero trabajar... y necesito trabajar", agrega. El caso de Rodríguez muestra todas las paradojas de la situación económica cubana. Pocos empleos son tan cruciales como los de la construcción calificada, en particular en un país donde sus hermosos edificios coloniales han estado desmoronándose por décadas. Pero pagarle a un hombre para que se quede en casa por cuatro meses es emblemático del derroche que ha invadido a la economía de la isla por años y que el presidente Raúl Castro -en el gobierno desde 2006 cuando reemplazó a su hermano Fidel- prometió eliminar. Más de cinco meses después de que el gobierno anunció que una décima parte de la fuerza laboral de Cuba sería despedida para el 31 de marzo, es difícil hallar a un desempleado, o a una persona que conozca a alguien que haya perdido su empleo. El rezago demuestra el dilema en el que se halla el gobierno mientras busca desesperadamente la manera de reducir costos al Estado sin causar un cisma social. Esta semana, el gobierno y líderes sindicales reconocieron por primera vez que el programa de despidos estaba lleno de problemas. Criticaron a los empleados del Ministerio del Trabajo por no comunicarse entre ellos y censuraron la incompetencia de las comisiones formadas para decidir quién sería despedido. Dijeron que algunos puestos fueron eliminados en las industrias de la salud, turismo y azucarera, pero no dieron cifras. Lo que no se dijo tampoco fue el hecho de que despedir a tanta gente es potencialmente incendiario en un país que se ha mantenido a sí mismo desde la revolución de Fidel Castro, de 1959, en la búsqueda de construir una utopía igualitaria. A los cubanos nunca les prometieron riquezas, pero un empleo siempre se consideró un derecho de nacimiento. "Ellos están cambiando el acuerdo social como no lo han hecho en 52 años", sostuvo Rafael Roméu, presidente de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana. El concepto de desempleo es ajeno para la mayoría de los cubanos, quienes se presentaron durante décadas en fábricas en bancarrota, oficinas con más empleados de los necesarios y tiendas vacías, aún si no había mucho que hacer ahí. Por ahora, el plan de reducción de personal está estancado. Pero si las autoridades desean generar ahorros considerables, necesitarán recortar la nómina mucho más. En ese sentido, el gobierno ha permitido que decenas de miles obtengan licencias para trabajar en el sector privado o rentar habitaciones de sus casas o abrir restaurantes. Rodríguez dice que estaría contento de probar su suerte en el mercado libre si se le permite, pero la herrería no está entre las 178 profesiones aprobadas para una licencia privada. El herrero ha estado recibiendo su salario pleno de US$ 14 al mes desde que se le dijo que se quedase en su casa, aunque le aseguraron que comenzaría a recibir 60% si la situación continúa. La mayoría gana menos de US$ 20 al mes, pero recibe generosos subsidios, y claro que la educación y los servicios de salud son gratuitos. Dado que los exiguos salarios no son suficientes para subsistir, muchos cubanos pasan gran parte de lo que debían ser sus horas de trabajo tratando de ganar dinero en empleos informales o llevándose objetos de sus lugares de trabajo para venderlos o hacer trueque. Antes de que se anunciaran los despidos y otros cambios económicos, la tasa oficial de desempleo era de solo 1,7% y el Estado era patrón del 84% de la fuerza laboral. Fuente: El Pais

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