Por la ruta de los oficios de La Habana Vieja

Este artículo es de hace 9 años
Manos jóvenes y ágiles han logrado mucho en la conservación del centro histórico de La Habana Vieja con oficios vinculados con la restauración de edificaciones patrimoniales. Jóvenes entre 17 y 25 años aprenden un oficio para luego comenzar a trabajar. Aunque en menor medida, las muchachas se incorporan a estas actividades. En la escuela taller Gaspar Melchor de Jovellanos, con movimientos diestros se ha logrado la maravilla de devolverle a la parte antigua de la capital cubana la belleza que el tiempo, la falta de recursos y el descuido casi destruyen. Como respuesta a las necesidades de la Oficina del Historiador de la Ciudad, este centro ha preparado durante 20 años a carpinteros, electricistas, plomeros, jardineros, vidrieros, yeseros, pintores, restauradores de pintura mural, albañiles, técnicos en arqueología, entre otros especialistas. El trabajo ha sido paciente, pero ha permitido graduar en este tiempo a más de 800 obreros calificados que, para satisfacción de la escuela, aún trabajan en la restauración y se mantienen en el oficio. "Muchos —asegura Eduardo González Delgado, director de la institución— cuando llegaron no tenían cómo valerse ni cómo desarrollarse en la vida. Aquí aprendieron un oficio, y a casi el 80 % de los graduados les ha significado vivir de él." La escuela acoge a egresados de 9º grado, salvo las especialidades de Arqueología y Pintura Mural, que exigen haber concluido el bachillerato, y en dos años les brinda los rudimentos del oficio que aprenden más que todo con la práctica. "El lema de nosotros es aprender trabajando. Aquí el 70 % del fondo de tiempo de estos muchachos se destina a trabajar. En primer año comienzan con dos días a la semana clases teóricas y tres días de práctica tanto en taller como en obra. "Ya en segundo año no reciben clases. Se trabaja el 100 % del tiempo en taller y en obra, por lo que prácticamente están un año entero laborando. La matrícula del centro está en correspondencia con la demanda de fuerza de trabajo de la Oficina del Historiador, lo que garantiza a los estudiantes un empleo en empresas constructoras, gabinetes de restauración u otras instituciones afines. DEL TALLER A LA UNIVERSIDAD La falta de atención que durante años padecieron los oficios hizo que muchos jóvenes y sus familias desecharan esta opción laboral, pues en la mayoría de los casos no llevaba a los tan ansiados títulos universitarios. Sin embargo, los alumnos de la Gaspar Melchor, sin abandonar lo aprendido, pueden optar por estudios superiores en el colegio universitario San Gerónimo, también en La Habana Vieja. Especialidades como Preservación y Gestión del Patrimonio, u otras relacionadas con el desarrollo de sus habilidades artísticas, dan mayor atractivo a su vínculo con el mundo de la restauración. Para lograrlo, la escuela se prepara para abrir un curso de técnico de nivel medio a partir de septiembre del 2012, destinado a los graduados del centro, que les permitiría obtener el nivel medio superior y profundizar los conocimientos de cada especialidad. Las posibilidades que ofrece la institución hicieron que al inicio de este periodo lectivo unos 2 000 interesados se presentaran como aspirantes a las 360 plazas que se lanzaron a convocatoria. Aunque el centro en la actualidad no puede dar respuesta a tantas solicitudes, prepara las condiciones para incrementar su matrícula a 600 alumnos para enero del próximo año y ha coordinado con las direcciones municipal y provincial de Educación para recibir a jóvenes desmovilizados del servicio militar y desvinculados del estudio. LAS MUCHACHAS Y LOS MUCHACHOS Recientemente el III Pleno del Comité Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas abordó la presencia femenina en la enseñanza técnico-profesional. Tradicionalmente ejercidos por hombres, oficios como plomería, albañilería, electricidad, trabajo del metal y carpintería concentran el grueso de la matrícula de esta escuela y tienen una alta presencia de varones. Más demandadas por ellas son Arqueología, Pintura Mural, Yeso, Jardinería, Vidrio. Sin embargo, refiere el director, hay una incursión importante de muchachas en los últimos tiempos en Restauración de Piedra y Pintura de Construcciones. Más allá del sexo está el interés con que muchachas y muchachos se acercan a este taller. Así lo constata Patricia Godínez Alonso, exalumna de la escuela y hoy profesora de la especialidad de Vidrio. "Hay una gran gama de los adolescentes que les atrae la enseñanza universitaria, pero los oficios los llaman más. En los últimos cinco años se ha valorizado más fuertemente este tema, saber trabajar con las manos, ser capaces de ganarse el sustento produciendo un objeto. "Generalmente los muchachos de la especialidad de vidrio tienen mucho interés, muchas ganas de aprender, de llegar a ser realmente buenos y poder hacer arte con sus manos. Eso es lo que la escuela trata de desarrollar." A PESAR DE TODO El renacer de sitios con valor patrimonial, estético y artístico descansa en el rescate de los oficios. Aunque su enseñanza progresivamente comienza a revalorizarse y a elevar su demanda, lograr verdaderos artistas de la madera, el yeso, el vidrio, el metal requiere tiempo. A nivel nacional aún subsiste la necesidad de contar con mano de obra calificada en estos saberes, no solo para la preservación de edificaciones patrimoniales. Pese a esto, esta escuela ha contribuido a salvaguardar el patrimonio tangible de ciudades como Santiago de Cuba, Trinidad y Camagüey, cuyos profesores y alumnos han sido adiestrados con la asesoría de la Oficina del Historiador de la Ciudad. Fuente: Granma

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