Quince años sin Tomás Gutiérrez Alea, el más célebre cineasta cubano

Este artículo es de hace 9 años
El director Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996) sigue siendo considerado hoy, cuando se cumplen quince años de su muerte, no solo como el más célebre del cine cubano, sino por la trascendencia de su legado fuertemente marcado por los filmes "Memorias del Subdesarrollo" y "Fresa y chocolate". De sus 45 años de trabajo tras las cámaras, Gutiérrez Alea -"Titón", como le llamaban sus allegados- dejó un total de doce largometrajes, una serie de documentales y acumuló más de treinta premios internacionales. Al primer largometraje de ficción de su carrera, "Historias de la Revolución" (1960), siguieron "Las doce sillas" (1962), "Cumbite" (1964), "La muerte de un burócrata" (1966), "Memorias del subdesarrollo" (1968), "Una pelea cubana contra los demonios" (1971), La última cena" (1975), "Los sobrevivientes" (1978), "Hasta cierto punto" (1983), y "Cartas del parque" (1988). Ya estaba aquejado del cáncer de pulmón que le causó la muerte, cuando "Titón" filmó sus dos últimas películas, la célebre "Fresa y chocolate" (1993) y "Guantanamera" (1995). Gutiérrez Alea era ya conocido internacionalmente, pero su popularidad y prestigio profesional crecieron aún más y se extendieron por el mundo con "Fresa y chocolate", la más polémica y premiada de su trayectoria cinematográfica. Las difíciles relaciones de amistad entre dos jóvenes, uno gay y el otro militante comunista, resumen la historia de "Fresa y chocolate", en la que Gutiérrez Alea quiso tratar un problema universal: la intolerancia. Esa cinta consiguió la primera candidatura a un premio "Óscar" de Hollywood -en la categoría de mejor película extranjera- para la cinematografía cubana, acaparó ocho premios "Coral" en el XV Festival de Cine de La Habana, donde fue estrenada, y obtuvo, entre otros importantes galardones, el "Oso de Plata" en el Festival de Berlín (1994) y un premio "Goya" (1995). Dirigida con la colaboración del cineasta Juan Carlos Tabío, este filme colocó en la cima de la fama a Gutiérrez Alea y lanzó definitivamente al estrellato a sus protagonistas, Jorge Perugorría y Vladimir Cruz. Además, propulsó la realización de su última película, "Guantanamera", en la que paradójicamente abordó un tema recurrente en sus filmes, el de la muerte, en clave de humor negro, con el argumento centralizado en el recorrido de un cortejo fúnebre por la isla, pasando por absurdas situaciones bajo una mirada crítica. Pero, en realidad, la crítica cinematográfica ha sido unánime al elegir a "Memorias del subdesarrollo" como su "obra maestra" y de hecho, desde 1985 la película ocupa un lugar entre las 150 mejores de la historia del séptimo arte. El propio Gutiérrez Alea declaró que "quisiera ser juzgado por aquellos (filmes) que, como 'Memorias del subdesarrollo' y 'La última cena', siembran inquietudes en el espectador y tocan aspectos de la conducta individual y colectiva capaces de hacernos reflexionar". Uno de sus colegas y continuadores más talentosos, el director Fernando Pérez, dijo a Efe que "Memorias del subdesarrollo" es "contemporánea, un clásico vivo, la que más ha trascendido, una película para todos los tiempos". Pérez, destacado por filmes como "Suite Habana" y "La vida es silbar", entre otros, asegura que "Titón" le enseñó a "cuestionarse, tratar de ir más allá, aceptar los desafíos" y a no convertir la profesión de cineasta "en un sistema", sino "ponerla siempre tensando el arco". El 15 aniversario de la muerte de Gutiérrez Alea no ha tenido hoy eco en los medios de comunicación en Cuba, que vive inmersa en la celebración del VI Congreso del Partido Comunista y el multitudinario desfile previo que se ha celebrado en La Habana.

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