Cuba festeja al único Papa que visitó la isla

Este artículo es de hace 9 años
Los católicos cubanos celebraron ayer por todo lo alto la beatificación de Juan Pablo II, el único que ha visitado la isla en medio siglo de socialismo. El cardenal Jaime Ortega, quien en 2010 abrió un inusitado diálogo con el presidente Raúl Castro, asistió especialmente invitado a la beatificación en Roma, mientras en todas las iglesias de La Habana repicaron campanas y el nuncio apostólico, Angelo Becciu, ofició una misa en la catedral. También viajó al Vaticano una delegación del gobierno cubano y los medios locales, todos bajo el control oficial, registraron la ceremonia. Según entendidos, la visita de Juan Pablo en 1998 “dio un espaldarazo a las gestiones” del entonces presidente Fidel Castro y de la Iglesia, pese a “augurios en sentido contrario, por el aporte del Papa al fin del comunismo en Polonia”. La visita relanzó las relaciones entre la Iglesia y el Estado cubano, que llegaron a su más bajo nivel en los 60, cuando la jerarquía católica cubana apostó públicamente por la contrarrevolución. El presidente Castro, que hace pocas semanas elogió el papel de la Iglesia en la excarcelación de más de un centenar de disidentes y otros presos, encabezó la marcha en ciudad de Santiago de Cuba. (La Habana. Manuel J. Somoza) Felipe Calderón pide al pontífice Benedicto XVI que visite México El presidente Felipe Calderón invitó ayer a Benedicto XVI a visitar México en un breve encuentro que sostuvieron en la sacristía de la Basílica de San Pedro. Al finalizar la misa de beatificación de Juan Pablo II y tras venerar los restos mortales del nuevo beato, el obispo de Roma saludó uno por uno a los 16 jefes de Estado que viajaron a Roma con motivo de la ceremonia, incluyendo el mandatario mexicano. Calderón Hinojosa estuvo acompañado por su esposa, Margarita Zavala. Ambos iban vestidos de negro y saludaron con sobriedad al obispo de Roma dándole la mano. El Papa y el Presidente intercambiaron unas palabras en inglés. “Santo Padre, gracias por su invitación, gracias a usted y a la Iglesia. Le traigo una invitación del pueblo mexicano”, dijo Calderón, se escuchó en las imágenes del encuentro distribuidas la tarde de este domingo por el Centro Televisivo Vaticano (CTV). “Estamos sufriendo por la violencia. Ellos lo necesitan más que nunca, estamos sufriendo. Lo estaremos esperando”, agregó. Tras la ceremonia, Calderón y su delegación se dirigieron al aeropuerto Ciampino de Roma, donde abordaron un avión con destino a la Ciudad de México. El mandatario mexicano participó en la Ceremonia de Beatificación de Juan Pablo II en respuesta a una invitación oficial de la santa sede. Según informó la Coordinación General de Comunicación Social de la Presidencia de la República, la asistencia de Calderón al referido acto permitió reafirmar los lazos de amistad y el espíritu de cooperación institucional que caracterizan las relaciones bilaterales. “Con absoluto respeto a los principios e instituciones de ambos Estados, México ha desarrollado una relación madura y constructiva con El Vaticano, dirigida a promover acciones en foros multilaterales, que respondan a los valores compartidos por los dos Estados”, agregó. Indicó que tanto México como el Vaticano mantienen objetivos en común en importantes ámbitos del quehacer internacional, como la cooperación para el desarrollo, la lucha contra la pena de muerte, la defensa de los derechos humanos, en especial de los migrantes, y la preservación del medio ambiente, entre otros temas. La Presidencia de la República informó asimismo que Calderón Hinojosa aprovechó para sostener una reunión con el politólogo Giovanni Sartori. En el marco de su visita oficial al Vaticano, el mandatario mexicano y el experto italiano dialogaron sobre los avances y los desafíos que enfrentan los regímenes democráticos contemporáneos, tales como la representación y participación ciudadana en la toma de decisiones de política pública. (México. Notimex y Redacción). Millón y medio de fieles acuden a la beatificación Un millón y medio de peregrinos acudieron a la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II presidida por su sucesor, el papa Benedicto XVI, en la Plaza de San Pedro ante 87 delegaciones. El número superó las previsiones de asistencia, 300 mil que esperaba el Vaticano y un millón, la policía italiana. Por el poder de convocatoria de Juan Pablo II y por falta de espacio se repartieron entre la Plaza de San Pedro, Castel Sant’Angelo y el Circo Massimo, que ayer albergó una multitudinaria Vigilia. El nombramiento Roma amanecía ayer desierta a no ser por los fieles que se dirigían hacia el corazón de la Iglesia católica y en un silencio sólo rasgado por el tañer de las campanas y el ulular de las sirenas de los coches oficiales con autoridades que acudían a sus puestos frente al altar. Helicópteros de la policía sobrevolaban Roma y el Vaticano. El puente Vittorio Emanuelle II que salva el Tíber y lleva a Via de Conciliazione aparecía abarrotado, y desde su embocadura, un grupo de polacos con túnicas rojas con la imagen de Cristo Rey repartían medallas y folletos con íconos. El ingreso a Via de Conciliazione semejaba más obra de titanes que de fieles piadosos, muchos de los cuales aguardaban con estoicismo desde la noche para seguir de cerca la beatificación. “Estamos desde anoche, pero nos sacaron de la Plaza de San Pedro y sólo hemos podido entrar hacia la seis de la mañana. Pero ahora nos hemos salido porque a mi me faltaba el aire”, dice Marina Rovira, de Barcelona, España. Desde el fondo de Via Conciliazione la Cúpula de San Pedro se ve más azul que nunca, pero el dificultoso caminar de gente apretada, agobiada, estrujada, convierte el avance hacia la Plaza de San Pedro en un verdadero calvario para los más bajos, para los ancianos y para algún franciscano calzado con sandalias. “Son los polacos los que empujan”, señala una italiana a un hombre corpulento que avanza decidido entre la multitud con una enorme pancarta gritando que llega tarde. Los servicios de seguridad no dan abasto, se ven empujados por el torbellino, aunque advierten: “¡Por favor, si vamos todos al mismo sitio, no empujéis!” Cientos de personas prefirieron darse la vuelta y seguir la ceremonia por una de las pantallas colocadas en las calles adyacentes, más recoletas y despejadas. Al inicio de la misa y ya en la entrada de la Plaza de San Pedro, muchos dormían rendidos al cansancio apoyados en el muro de un arcada, incluso algún que otro cura imberbe. Dos monjitas lidiaban con 29 niñas del Colegio Nuestra Señora Maria de Valdemoro (Madrid), derrengadas tras la Vigilia y sufrir los apretujones. “Nos estaban aplastando”, dice una de ellas, mientras sor María Luisa abanicaba con un folleto a una chica casi desvanecida en el suelo. Poco a poco la solemne misa presidida por Benedicto XVI y concelebrada por todos los cardenales, con una impecable liturgia acompañada por bellos coros, fue aplacando ánimos y elevando espíritus, sobre todo, en el momento en que el Papa ha proclamado beato a Wojtila. “¡Santo Subito!” (¡Santo ya!), ha proclamado la gente. Féretro de Wojtyla El papa Benedicto XVI veneró los restos del beato Juan Pablo II —que se guardan en el féretro en el que fue enterrado en 2005 y que fue colocado ante el Altar de la Confesión de la basílica de San Pedro— y rezó durante unos minutos ante el ataúd, una vez concluida la ceremonia de beatificación. Después lo hicieron el centenar de cardenales que concelebraron con el pontífice. Todos besaron el ataúd que será colocado en los próximos días en una capilla del templo vaticano. Tras los cardenales pasaron las delegaciones oficiales de los países asistentes, después fue el turno de los discapacitados y al final, del público en general. Los fieles comenzaron a desfilar para venerar el féretro de Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro. Sobre el féretro de Juan Pablo II se colocó una copia del Evangelio de Lorsch, abierto y apoyado en un cojín tejido con decoraciones de oro, además de una corona de flores con los colores vaticanos: amarillo y blanco. La Guardia Suiza custodia el ataúd del nuevo beato que fue proclamado hoy en solemne ceremonia por el papa Benedicto XVI, lo que ha provocado una profunda emoción entre el millón y medio de fieles que han seguido el acto, según las últimas estimaciones de la policía. Una vez concluidas las celebraciones, el féretro será trasladado a la capilla de San Sebastián, situada entre la que acoge a la “Piedad”, de Miguel Angel, y la Capilla del Santísimo del templo vaticano, para permitir una mayor afluencia de fieles en el futuro. El evento 16 jefes de Estado y 7 primeros ministros fueron al Vaticano. 100 cardenales, 500 obispos y 800 curas estuvieron presentes. 14 pantallas gigantes se colocaron en las inmediaciones. 3 mil 500 voluntarios ayudaron en la organización del evento. 25 mil rosas, 30 mil plantas de esparraguera y otras 18 mil flores decoraron el sitio. 100 vehículos de Protección Civil y 3 mil 700 policías resguardaron el lugar. 400 vehículos y mil 300 empleados de limpieza levantaron 230 las toneladas de basura. 500 mil boletos de autobuses y metro se imprimieron con la imagen de Karol Wojtyla. Fuente: Ciudad del Vaticano. EFE

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