Gobierno cubano intenta lograr cambio mentalidad con reformas

Este artículo es de hace 9 años
Manuel instaló un gimnasio y una cafetería en La Habana amparado por el plan de reformas económicas impulsadas por el presidente cubano Raúl Castro para modernizar la isla. Ahora paga los impuestos y se parapeta detrás del discurso oficial que está dando luz verde a la iniciativa privada, pero lamenta que algunos se resistan al cambio tras décadas de control del Estado en casi toda la vida de la nación. Y es que el propio Castro, que aspira a recortar más de un millón de empleos estatales, expandir el sector privado para reducir el rol del Estado y eliminar subsidios, se enfrenta al "inmovilismo" y otros males que están frenando su plan. "No todos lo ven con buenos ojos (trabajo privado), mucha gente no cree que el cambio va en serio pero el Gobierno no tiene otro remedio", dijo Manuel, de 45 años y dependiente hasta ahora del dinero que un hermano le envía desde Estados Unidos. El está entre los más de 325.000 cubanos que ejercen por cuenta propia, como parte de la expansión del sector privado incluido en las más de 300 reformas para impulsar la economía. El reajuste, aprobado por el congreso del Partido Comunista en abril y respaldado en el Parlamento esta semana, incluye el arrendamiento a partir de octubre en todo el país de peluquerías, barberías, taxis y demás servicios tras décadas de control estatal sobre el sector minorista. Muchas de las reformas ya están en ejecución, pero otras se han retrasado por "inercia" en el proceso. El propio Castro lanzó la semana pasada una advertencia. "Seremos pacientes y a la vez perseverantes ante las resistencias al cambio, sean estás conscientes o inconscientes. Advierto que toda resistencia burocrática (...) será inútil", dijo al Parlamento el lunes. Y agregó: "Limpiémonos la cabeza de tonterías de todo tipo, no olviden que ya concluyó la primera década del siglo XXI, y es hora". Para que así sea, una comisión permanente liderada por el ex ministro de Economía Marino Murillo deberá entregar en septiembre un cronograma sobre las reformas hasta el 2015. MAS ARRIENDOS GENERAN POLEMICA La inminente expansión del arrendamiento a todos los servicios, siguiendo la experiencia del año pasado con algunas barberías y peluquerías, divide a los implicados acostumbrados por décadas a un bajo pero seguro salario después de que en la década de 1960 el Gobierno confiscó todos los servicios. En La Habana, la polémica persiste, por ejemplo, entre empleados estatales que podrían recibir en arriendo un taller que repara desde calzado hasta equipos eléctricos. "Hemos esperado mucho porque el Estado no nos da nada para trabajar hace años", dijo René, que repara relojes. Pero a dos mesas de él, Ignacio, de 50 años, no está tan seguro. "Hay que ver qué nos piden (impuestos), ahora por lo menos tenemos un salario y si nos arriendan dependerá de lo que ganemos y las materias primas van por nosotros", dijo. Como ellos, muchos cubanos van asimilando el más reciente discurso de Castro ante el Parlamento en que insta a todos a "cambiar la mentalidad". "No es fácil pero habrá que acostumbrarse (...) Es duro perder, por ejemplo, los subsidios, pero hay que entender que teníamos un país de fantasía", dijo a Reuters Efraín García, un empleado estatal. Castro ha dicho que no es "partidario del apresuramiento y los cambios bruscos", pero criticó ciertos obstáculos a sus planes, entre ellos "la inercia, el inmovilismo, la simulación o doble moral, la indiferencia e insensibilidad". Su Gobierno está enfocado en incrementar la producción agrícola que creció un 6,1 por ciento en el primer semestre del 2011 con respecto a igual período del año anterior, pero es aún insuficiente y el país seguirá importando alimentos. Otro de sus desafíos es recuperar la credibilidad internacional, en medio de una tensa situación de las finanzas, internas que lo llevaron a congelar cuentas de empresarios extranjeros y reestructurar la deuda con sus acreedores. Pero borrar décadas de una mentalidad igualitarista a causa del paternalismo de Estado reinante por medio siglo es, quizá, su mayor urgencia. "O rectificamos o ya se acaba el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos", dijo en diciembre. Mientras tanto, algunos hacen planes para una nueva Cuba. "Cuando caigan las prohibiciones habrá que ver entonces cómo ganar más dinero para comprar casas, carros o para viajar", dijo sonriendo Marcelo, un empleado público, aludiendo a dos de las medidas más populares en el plan del presidente cubano. Fuente: Reuters America Latina

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