Restauran en La Habana al Chivo Perico

Este artículo es de hace 8 años
Imponente cornamenta, pelaje claro, patas firmes y expresión rebelde: así es el Chivo Perico que espera ser restaurado, en el Museo de San Miguel del Padrón (en La Habana, Cuba) por  un equipo de Patrimonio y  especialistas de Historia Natural para recuperar su valor expositivo. “Desde el año 2010 nuestra exposición  permanente está cerrada al público por problemas constructivos y una de las piezas que más extrañan los visitantes  es la del Chivo Perico, ícono del municipio y  ejemplo singular de revolucionario”, afirmó Olga Lidia Reyes, museóloga de la institución. Debido a factores como el polvo, la humedad relativa y temperaturas inadecuadas, el espécimen adquirió un alto grado de deterioro y requiere de reparación parcial. Raiza Jiménez, responsable de Conservación, explicó que se montará nuevamente la sala de exhibición del museo. Este animal necesita especial atención de los conservadores porque se encuentra permanentemente dentro de la urna en un local sin climatización, condición desfavorable para el estado de disección. El macho cabrío nació en la Loma de los Zapotes, Jacomino, en 1925 y perteneció a una familia de apellido Iglesias. Posteriormente fue regalado a “María La Grande”, santera del barrio, quien lo ofrendó a Santa Bárbara; pero, según la leyenda popular, la deidad no aceptó porque ese chivo “estaba destinado a ser algo grande”. En la década del 30 del pasado siglo, los trabajadores del paradero de guaguas de la ruta 10 lo convirtieron en su mascota. Su dieta era la de un empleado más: ingería café con leche, pan con mantequilla, frijoles, cerveza y mascaba tabaco. Jamás faltó a las marchas obreras para denunciar la corrupción de los gobiernos republicanos  o para ridiculizarlos, con las  consignas de protesta en sus tarros. La policía batistiana detuvo a Perico durante una manifestación  frente al Palacio Presidencial. Murió el 13 de septiembre de 1944,  a causa de la paliza que le propinaron por alterar el orden público. Los trabajadores del transporte lo consideraron un símbolo de las luchas revolucionarias y decidieron embalsamarlo. Entre todos reunieron 70 pesos para pagar a los técnicos encargados de realizar la taxidermia. Fuente: CubaDebate

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