Tomasita en la alegría de sus 106

Este artículo es de hace 8 años
Quien la observa, piensa irremisiblemente en todos esos seres que tuvieron la dicha de ver crecer a hijos, nietos, biznietos e incluso más adelante en la línea sucesora. Son vidas que cubren extensos arcos temporales, marcadas casi siempre por el esfuerzo, pero bendecidas por el amor. Tomasa González Paz nació en el poblado de Martí, Matanzas, en 1905, y sigue en pie, lúcida, rodeada del cariño de los hijos que conviven con ella en su casa campesina del municipio cienfueguero de Aguada, adonde se trasladó hace ya tantos años que ni recuerda el color del carretón de la mudanza. Madre de prole copiosa, como tantas en el campo cubano antes del triunfo de la Revolución, la mujer tuvo diez hijos, seis varones y cuatro hembras. Y más de veinte nietos y biznietos, hasta ahora. Dice que las principales enseñanza suyas y de su esposo fueron el trabajo y la honestidad. "Eso por arriba de cualquier valor, porque de ello depende todo. Sin trabajo eres nada. Siendo honesta, la persona hasta puede ser perdonada por un error; pero al mentir lo que hace es enredarse más en su ovillo", sentencia. Y de ovillos entiende Tomasita, como llaman todos a la entrañable anciana, quien con sus manos ejerció el oficio de costurera. Y, todavía, la veterana tiene en la costura uno de sus pasatiempos más estimados. Le va con todo a la aguja, lo mismo cose cualquier prenda que teje artesanías: cestos, canastos, motivos de adorno. Tomasita recuerda con ternura a su esposo, Manuel Valentín Acosta, fallecido a los 92 años y a cuyo lado estuviera 74. Él la apoyó al ingresar como trabajadora en una sastrería. Dice que el secreto de cualquier relación larga, descontando el cariño mutuo, "es conocer al otro bien para sobrellevar sus días malos. Hacer como que no los notas, pues todos los tenemos y la vida es así. Mas, sobre todo, compartir juntos las maravillas diarias, dejarse amar". Considera que el peor defecto de un ser humano es la mala educación. "Mediante la delicadeza puede conseguirse mucho, a través de la grosería solo el desprecio", opina. No es de las que prefieren una comida por sobre otra. Asegura que lo mismo comía viandas o vegetales que carne o harina desgranada con arroz, su plato favorito. A su juicio todo es necesario, aunque cree que si perjudicial es no ingerirlos, peor resulta la glotonería. "Ya no tengo encías para masticar carne. Tampoco escucho bien de un oído. En todo lo demás estoy bien. Mi meta momentánea es celebrar mis 107, en la cuadra, el 18 de septiembre, diez días antes que los CDR, pero con las mismas ganas", ríe la longeva. Fuente: Granma

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