Negocios familiares: empeño y resultados por cuenta propia

Este artículo es de hace 8 años
En cualquier calle de La Habana, y por toda Cuba, se pueden ver familias enteras incorporadas al trabajo por cuenta propia, una modalidad de empleo a la cual se han sumado miles de personas y cuya aceptación da indicios de que llegó para quedarse y multiplicarse. Pero ya sea en una paladar (restaurante) o cafetería, es fácil encontrar rostros con rasgos similares que delatan el vínculo sanguíneo. El papá, la esposa y los hijos se animaron a trabajar juntos. ¡Qué maravilla! Todo queda en casa. Los caracteriza una amplia sonrisa al recibir a sus clientes. Solícitos, los atienden bien aún si no van a comprar nada. Les sugieren productos en dependencia de los gustos, y hasta recuerdan la cara del quien repite la visita. Tampoco olvidan el atento saludo al que ya es habitual. De la mañana a la noche, se percibe en ellos el entusiasmo propio de los que a base de trabajo y empeño persiguen un objetivo común: la prosperidad familiar. Pero es sabido que sacar una familia adelante no deviene tarea fácil. Hay que lograr que todos estén contentos, sean organizados, se lleven bien y cumplan con sus responsabilidades. A todo esto se suma que generalmente comparten la vida hogareña con las tensiones de la cotidianidad, por lo cual deben privilegiar el entendimiento y el diálogo, además de establecer claramente el límite entre el ámbito laboral y el doméstico. Siempre existen aspectos positivos y negativos en cualquier empresa; pero estas familias parecen aceptar bien el reto. Roberto, al frente de una pequeña cafetería, comenta que antes no se llevaba bien con su hijo Randy. Siempre anheló que él estudiara medicina como su madre, sin embargo apenas terminó el preuniversitario no quiso seguir superándose, se casó y se fue para casa de los suegros. “Después que nos unimos para trabajar juntos en este negocio, hemos limado cinco años de asperezas. Eso me hace feliz. Hasta vino de nuevo a vivir con nosotros y trajo a la esposa y a mi nieta”, expresa orgulloso Roberto. Hilda, cuentrapropista encargada de un puesto de alimentos, comenta que su hija Yanela no ordenaba ni sus gavetas hasta el otro día. Pero ahora abre el kiosco y vende a los clientes porque está motivada con los resultados de su trabajo y se ha hecho más independiente. En esta modalidad de empleo no faltan los momentos conflictivos. Siempre hay choques –dice Edgar sentado en el patio de su paladar- porque aquí mi papá tiene que hacer lo que yo diga. Yo soy el que "le sé al negocio", y él y mi hermano mayor son mis subordinados. ¡Imagínate la escena!, sonríe con picardía. ¡El viejo que en la casa está acostumbrado a mandar! Lo importante - aclara Edgar- es que todos ganamos y echamos pa' lante. Es una dinámica compleja la de los negocios familiares, más allá del aspecto económico en sí. Salen a la luz talentos heredados junto a nuevas aficiones, aptitudes e intereses. Con esta pujante voluntad de hacer y trabajar bien la sociedad se oxigena, toma impulso y crece. Resultado: Cuba avanza. Fuente: AIN

Este artículo es de hace 8 años

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