El sector privado tiene un innegable desarrollo en la economía cubana actual

Esta noticia es de hace 8 años
Los cambios económicos que está introduciendo paulatinamente el gobierno de Raúl Castro han hecho que resurja la producción y el comercio privados, los impuestos, un sistema bancario abierto, un incipiente mercado inmobiliario y otras señales propias del capitalismo, sistema contra el que han luchado en Cuba por más de 50 años Los principales indicadores económicos colocan a Cuba muy por debajo del resto de los países de América Latina, La desaparición del campo socialista demostró que un Estado de economía centralizada con empresas de propiedad pública o estatal está condenado al fracaso. Sin la iniciativa del sector privado las fuerzas productivas sufren una parálisis, una ruina continua, un deterioro indetenible que detiene el progreso. Cuba también es ejemplo de esto, los principales indicadores de producción de alimentos, de minerales, de construcción de vivienda y, en general, de casi todos los renglones la colocan muy por debajo de otros países de América y el mundo. El cambio que está ocurriendo en economía se ve hoy en las calles habaneras donde se cuentan hasta 10 negocios privados en una sola cuadra. Las cafeterías abundan y ya los cubanos, en su gran mayoría, desayunan tranquilamente. Ya hay unidades privadas de peluquería y barbería; centros de reparación de celulares, de aparatos eléctricos, de espejuelos o lentes, calentadores, ropa; ventas de frutas y verduras. Un cálculo conservador, pues no hay cifras oficiales, puede registrar la existencia en La Habana de cerca de 500 cafeterías y alrededor de 300 talleres de diversa índole, para un total de 800 pequeños negocios. Tales desarrollos, sumados a centenares de productores privados de cerdos, vacas, carneros y gallinas; a los productores agrícolas por cuenta propia; a los prestadores de servicios y demás cuentapropistas, reflejan una movilidad importante de trabajadores del sector público al privado que hoy se cuentan por miles. Señales de cambio. En febrero pasado en un reportaje del noticiero nacional se reportó que en ninguno de los centros de venta del Gobierno, los llamados agros –los hay privados y públicos–, donde se expenden productos vegetales y animales, había una sola libra de carne de cerdo, mientras que en los llamados mercados de oferta y demanda, los privados, la existencia del producto era más que evidente. Aunque en los mercados regulados los precios son bajos, no hay inventarios y reina la escasez; mientras, en los de libre intercambio el precio es superior, pero hay abundancia. En el mercado controlado por el Estado, una libra del producto cuesta alrededor de 9 pesos cubanos, mientras que en los negocios privados su precio puede llegar a 70 pesos, de acuerdo con la oferta y la demanda. A comienzos de 1995 se autorizó la apertura de pequeños negocios de venta de comida, pero con tantos controles, supervisiones y vigilancia policial que los clientes se sentían perseguidos; huelga decir que fracasaron en su mayoría, cuentan algunos propietarios en La Habana. En aquella época sólo se podía ofrecer servicio a 12 comensales; más tarde la cifra aumentó a 30. Ahora, con los cambios introducidos en 2010, se pueden abrir locales para atender hasta 50 clientes a la vez. Los paladares se abastecen de los agros privados donde siempre encuentran los productos que necesitan. Muchas veces sus propietarios van al pueblo de Baracoa a proveerse fuera de controles estatales de pescado, camarones y langostas; también a Artemisa, por carne de cerdo, pollos y huevos. Es casi nulo el abastecimiento de fuentes oficiales. Cada día se abren más pequeños restaurantes de esta naturaleza y, en consecuencia, se dinamiza la producción privada agrícola y pecuaria. La competencia ha hecho que la mayoría de estos paladares se especialice en tipos de comida y servicios, y permite no sólo que aumente la oferta de trabajo, sino también los tributos para el Gobierno. Entre las modificaciones más importantes y revolucionarias que vive hoy el régimen cubano se encuentra la aparición, desarrollo y protección gubernamental de la plusvalía, un concepto que distingue, precisamente, un país socialista de otro capitalista. Pérez, un constructor privado ocupado en una de las tantas casas hoy en remodelación, indicó que tiene cinco trabajadores que pueden ser pluriempleados, es decir, laborar al mismo tiempo para el Gobierno y para privados. Para abrir una cafetería o un centro de servicios o un paladar se requiere una restauración o remodelación del lugar, de allí la demanda de brigadas privadas. La brigada que gerencia Pérez es prácticamente la misma que labora en una obra oficial en La Habana Vieja. Opera hasta las 4:00 pm con el Gobierno y después de su turno oficial, así como sábados y domingos, trabaja en la actividad privada. La diferencia de salario es notoria. Por menos tiempo un obrero privado gana 3 veces más que uno público, 700 pesos versus 200, casi el doble de lo que gana un médico o un ingeniero. Tales ventajas han despertado el interés de miles de cubanos, tanto los que quieren formar brigadas como empresarios incipientes como quienes andan en búsqueda de oportunidades de empleos de calidad, bien remunerados. Uno de los hechos más destacados es que el patrón debe pagar, si tiene más de 5 trabajadores, 25% más 5% del salario base o promedio del trabajador como impuesto para la seguridad social, es decir, una especie de seguro social obligatorio, y sólo 5% si son 5 o menos empleados a su cargo. Y en cuanto al promotor del negocio, el llamado “cuentapropista”, debe tributar un mínimo de 87,5 pesos cubanos para la formación de su propio fondo de pensión. La incipiente revolución industrial en Cuba muestra un sistema bancario abierto, en el cual nacionales, residentes permanentes y extranjeros pueden abrir cuentas en moneda nacional o en divisas convertibles, llamadas CUC, en cualquiera de los bancos. Vivir de recibir dinero de otros países es llamado comúnmente vivir de la FE (familiares en el exterior). Un poco más de 1 millón de cubanos dependen de alguna manea de estos envíos para su supervivencia. En el aeropuerto de La Habana y en todas las oficinas bancarias, cubanos y extranjeros pueden cambiar libremente sus monedas en las casas de cambio, llamadas Cadeca. No hay más restricciones que las existentes en otros países para tramitar más de 10.000 dólares en una sola operación. Inmuebles y comisiones. Un intermediario en bienes inmuebles conocido como “el Jabao” indicó que sólo pueden comprar o permutar una vivienda por otra los cubanos y los residentes permanentes. Pero siempre es posible tener un testaferro, como en otros países. El especialista lucía un Rolex Presidente de oro puro, que en buen precio puede alcanzar alrededor de 30.000 dólares, amén de otras prendas como sortijas y cadenas. Explicó que el pago podía ser en dólares, euros y hasta en libras esterlinas. Su comisión es de un mínimo de 10%, el triple que en Venezuela, donde es de alrededor de 3%. Se paga siempre de contado, no hay créditos hipotecarios en Cuba. El Jabao calcula que puede ganarse en un mes “productivo” hasta 10.000 dólares. No tiene cuenta bancaria ni empleado alguno. Tampoco paga impuestos, y aquí se nota otro “síntoma” capitalista. La existencia del impuesto sobre la renta. Es decir, el reconocimiento de que hay renta, ganancia, beneficios capitalistas. El Jabao calcula que debe haber cerca de 50 intermediarios operando en Cuba, que significan cerca de 50 inmobiliarias, hasta la fecha semiclandestinas. La creación de la Oficina Nacional de Administración Tributaria a tres niveles, nacional, provincial y municipal, es lo más representativo del movimiento hacia la empresa privada y el nacimiento de un sector productivo no gubernamental en Cuba. Fueron establecidos impuestos a las rentas, a la venta, para la seguridad social; y próximamente, tasas para la creación de fondos para la construcción de viviendas, peajes y otras formas de tributos al sector privado. Si el negocio opera sobre la base de pesos cubanos, los impuestos se calculan en esta moneda; lo mismo sucede si el negocio es en divisas o CUC. La normativa establece que para los asuntos tributarios no habrá una tasa de cambio fija entre moneda nacional y las divisas, la misma fluctuará de acuerdo con la oferta y la demanda, y se aplicará siempre el tipo de cambio vigente a la fecha, lo que implica necesariamente un régimen de variación y no un anclaje fijo de la moneda. Hay diferentes tipos de impuesto. Un primer impuesto grava los ingresos personales (el clásico impuesto sobre la renta). La base imponible es lo recibido por el promotor privado en ventas y cobros por servicios prestados menos la deducción de los gastos necesarios, un cierto porcentaje sobre los ingresos establecido por el Ministerio de Finanzas y Precios. El pago se realiza anualmente. Es progresivo y va desde 0% cuando se percibe menos de 5.000 pesos hasta 50% para una cifra superior a 50.000 pesos. Un segundo impuesto es el llamado sobre las ventas, el mismo impuesto al valor agregado, pero en forma más primitiva, pues no tiene las peculiaridades del IVA. Todos los que comercialicen bienes deben pagar 10% sobre la venta realizada. En Cuba un nacional puede ingresar por aduana hasta 30 piezas de ropa o calzado de un mismo tipo sin que ello signifique contrabando. Se considera como parte razonable para el uso personal y puede efectuarse tantas veces como el viajero entre y salga de la isla. Por ejemplo, un médico cubano que trabaja en Venezuela y va a su país puede pasar 30 pantalones de hombre, 30 de mujer, 30 de niños, 30 vestidos, 30 pares de zapatos de hombre y 30 de mujer, en fin, una verdadera carga que se considera “personal”. Toda esa gama de productos termina en las tiendas privadas que se han multiplicado vertiginosamente. Un tercer tributo es el impuesto sobre los servicios públicos. Se aplica a todos los cuentapropistas –los que trabajan por cuenta propia en alguna de las 170 actividades permitidas–. Es 10% de lo recibido por el prestador del servicio. Un cuarto impuesto grava el arrendamiento de viviendas y habitaciones. El tributo es de 150 CUC por habitación, ocupada fundamentalmente por turistas. Esta carga impositiva debe ser pagada indistintamente de si el lugar fue alquilado o permaneció vacío en el tiempo. Dado que el cambio es de 24 pesos cubanos por cada CUC, el pago alcanza cerca de 3.600 pesos, aproximadamente 6 meses de salario de un economista del servicio público. En el renglón de viviendas de alquiler para turistas el desarrollo ha sido también vertiginoso; de alrededor de 100 habitaciones hace pocos años, hoy encontramos miles distribuidas en todo el país. El último impuesto es el que se genera por la utilización de la fuerza de trabajo. Lo pagan quienes empleen trabajadores. La carga tributaria oscila entre 5% y 25% de la base imponible, que depende del número de contratados. Si un empresario emplea más de 15, deberá pagar al Estado 25% sobre el triple del salario básico mensual, es decir, no importa si el trabajador gana 500 ó 600 pesos, se debe tomar el salario básico mensual, que está ahora en 400 pesos, y multiplicarlo por 3 para obtener 1.200 pesos, que es la base imponible, y a esa cantidad aplicarle 25%. Si son menos de 15, la base no es el triple sino el doble del salario básico mensual. Fuente: El Nacional

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