La odisea de tener un negocio en Cuba

Este artículo es de hace 8 años
Casi dos años después de la revisión económica que hizo el gobierno de Cuba con la finalidad de recortar las nóminas de funcionarios públicos y robustecer la empresa privada, las reformas se enlentecieron. El ritmo es tan lento que muchos en Cuba cuestionan la voluntad del envejecido liderazgo -o su capacidad- para reestructurar uno de los últimos sistemas comunistas del mundo y pasar casi la mitad de la producción de la isla a manos privadas. Quienes esperaban medidas que crearan aún más oportunidades para los negocios privados, recibieron la noticia opuesta, en la última semana, cuando se difundió la novedad de una decisión del gobierno, muy poco publicitada, de aplicar fuertes aranceles a las importaciones informales de mercaderías que provienen de Miami y otros orígenes, las que constituyen el motor de muchos nuevos negocios. "Esa medida puede tener enorme impacto", dijo Emilio Morales, presidente del Grupo Consultor Habana, con sede en Miami, quien indicó que los comercios que son propiedad del Estado en Cuba estaban perdiendo sus negocios ante los vendedores callejeros. "Eso muestra que el Estado no se encuentra preparado para competir con el sector privado". Después que el gobierno cubano comenzó a permitir que los ciudadanos abrieran negocios privados a fines de 2010, casi 250.000 personas optaron por trabajar por cuenta propia, abriendo restaurantes, bares e improvisados comercios, conduciendo taxis y reparando teléfonos celulares. En conjunto con los que aprovecharon un experimento anterior de privatización en la década de los años `90, alrededor de 387.000 cubanos, de una población de alrededor de 11 millones de habitantes, ahora trabajan por su cuenta. Los cubanos también están negociando, en privado, viviendas y autos, por primera vez en 50 años. A medida que el sector privado creció, también lo hizo la inundación de bienes que entran a Cuba todos los días en maletas y bolsos de mano, principalmente desde Panamá, Ecuador, Estados Unidos y España. Sin acceso a un mercado mayorista, los cubanos buscan amigos, parientes y las llamadas mulas para obtener de todo, desde alimentos hasta baratijas e iPhones. Ese comercio paralelo se ha disparado a más de US$ 1.000 millones anuales, estima Morales, desde que el gobierno del presidente Barack Obama comenzó a aflojar las restricciones sobre los viajes y remesas, en 2009. Yunilka Barrios, quien vende lentes de sol, accesorios para el cabello, esmalte para uñas y sostenes de brillantes colores, en una sucia y estrecha entrada, expresó su alarma ante la perspectiva de que se aplique una tasa del 100% a las importaciones informales, que el gobierno anunció tendrá vigencia desde septiembre. "Parece que todo se estrecha", dijo. Economistas, gente de negocios y diplomáticos consideran que el presidente Raúl Castro está dando pasos cuidadosos, debido a la resistencia de funcionarios de nivel medio que son renuentes a perder sus beneficios y de jerarcas conservadores que están nerviosos ante el impacto social y político que puede tener una apertura. El líder cubano, quien ha jurado apartarse de las "terapias de choque" que terminaron con la Unión Soviética, dijo en un discurso que pronunció en diciembre, que el gobierno avanzaría "sin prisa ni improvisación y trabajará para superar los esquemas de pensamiento antiguos y dogmáticos, así como corregirá cualquier error a tiempo". Sin embargo, el ritmo del cambio ha sido demasiado lento para personas como Yele López de la Paz, quien se fundió debido a la competencia, falta de experiencia y escasos márgenes de ganancia. Abrió un bar en su cuadra, en julio de 2011, y tuvo una ganancia de US$ 100 en el primer mes, vendiendo pizzas, jugo de mangos cultivados por su madre en el fondo de su casa, y chicles que le envió su abuela desde Miami. Después, abrieron otros tres bares en las cercanías y cuando de la Paz cerró, en noviembre, llevaba a su casa un dólar por día. "Invertía mucho dinero y tiempo, pero no ganaba", dijo con tono de frustración. Si se tiene en cuenta la falta de avances, el compromiso que asumió el gobierno en abril de pasar el 40% de la producción del país al sector no estatal en cinco años es cada vez menos plausible, señalan los expertos. "Al ritmo al que van, no hay manera que lleguen a esa meta", indicó Carmelo Mesa Lago, un profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh, oriundo de Cuba. En algunas provincias, el gobierno está traspasando pequeños negocios del Estado, incluyendo bares y talleres de reparación de relojes, a los empleados. Levantó un tope de US$ 4.00 sobre el valor de los contratos entre organismos del Estado y los ciudadanos y está subcontratando trabajos, como los de construcción, a operadores independientes. En noviembre último, las autoridades acordaron extender los arrendamientos a los agricultores que cultivan tierras del Estado y permitirles afincarse allí, aunque las normas todavía no fueron difundidas. "Es la primera vez desde las décadas de los `70 y `80 que el país tiene un plan y es la primera vez que existe disciplina para implementar la estrategia", señaló Rafael Bentancourt, un economista que reside en La Habana. Pero, algunos dicen que esa mesura choca con las necesidades urgentes de los cubanos. Orlando Marquez Hidalgo, editor de la revista católica Palabra Nueva, dijo en fecha reciente que crecería el "descontento y frustración" de los trabajadores despedidos del sector público si fracasaran en su intento de encontrar otro empleo, así como "el número de personas disidentes o que desean irse. El tiempo es vital". El gobierno apunta a reducir las nóminas de funcionarios estatales en 170.000, en el corriente año, y agregar 240.000 empleso en el sector privado, lo que constituye una meta difícil, teniendo en cuenta que apenas 24.000 cubanos obtuvieron licencias para trabajar por su cuenta, en los cinco primeros meses de este año. El vicepresidente del Consejo de Estado, Esteban Lazo Hernández, dijo en abril último que la producción del sector privado crecería a entre 40% y 45% del Producto Interno Bruto (PIB) en cinco años. En la actualidad se sitúa en 5%. Pero, no todos los emprendedores enfrentan dificultades. Algunos restaurantes y servicios de taxis obtienen ganancias. Carlos Saladrigas, un empresario cubano-estadounidense, comentó durante una visita a La Habana, en marzo, que sabía de personas que "están ganando mucho dinero, aún medido por estándares estadounidenses". Una docena de emprendedores cubanos dijeron que ganan más dinero que si fueran empleados del sector público. Sin embargo, los suministros de los comercios minoristas del Estado no son confiables y resultan caros, por lo que, con frecuencia, usan el mercado negro para reducir los costos. El propietario de un bar, quien pidió no ser identificado porque describía una actividad ilegal, señaló que compraba los panes para las hamburguesas en la puerta de atrás de una panadería estatal y las hamburguesas a un amigo que se apropia furtivamente de carne picada del lugar donde trabaja. Un hombre que vende elementos de ferretería, dijo que la mayoría proviene de "Roberto", un eufemismo que usan los cubanos para denominar los bienes robados. En el caso de Amarilis Albite Cabezas, estudiante de contabilidad, de 23 años, quien tiene un bar en su hogar, en un suburbio de La Habana, estimó que las restricciones surgen de la continua desconfianza en la riqueza individual. "No han organizado bien las cosas", sostuvo Albite, quien desistió de intentar obtener un crédito bancario de US$ 700 para comprar una heladera, debido a que le pidieron dos garantías, cada una de las cuales debería depositar el monto total del bien adquirido como respaldo hasta que ella reintegrara la totalidad del monto. "Abrieron estos negocios para que la gente pueda sobrevivir y para poder sobrevivir ellos mismos", agregó. "No creo que nadie se esté haciendo rico. Eso sería, no lo sé, capitalismo". Desde fines de 2010, se permite abrir negocios y trabajar de manera independiente en diversos sectores como restaurantes, bares, taxis, peluquerías, reparaciones sanitarias y de telefonía celular, entre otros. También por primera vez en 50 años de revolución, se autoriza la venta de inmuebles y de autos. Cuba avanza en la supresión de 500.000 empleos públicos, en 5 años y de un millón, en 10 años. Unos 387.000 cubanos trabajan por su cuenta. El número sigue creciendo. 3.Un comercio que es millonario Se ha generado una inundación de bienes que traen del exterior los ciudadanos a los que se autoriza a viajar. Ese comercio paralelo suma US$ 1.000 millones. 180 actividades fueron abiertas al sector privado y en 83, los nuevos empresarios pueden contratar personal. Se autorizó a 422 cooperativas formadas por campesinos privados a firmar contratos para realizar el suministro de frutas, vegetales y viandas a hoteles y centros estatales de turismo. Están vigentes 45 contratos. Fuente: EL Pais.com.uy

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