Cuba en La Cocina de Alberto Pujol

Esta noticia es de hace 5 años
Lo conocí en el Grupo Teatro Escambray a finales de los años setenta.  Pertenece a esa generación de talentosos jóvenes que marcaron pauta con el popular programa: "Para Bailar".  Era hermoso pero no lo sabía.  En esa época él podía morir o hacer morir por amor. Lo recuerdo risueño y despeinado, irónico y dulce, con una melancolía de lo no vivido que lo hizo distinto a sus contemporáneos. Con su gravedad competía un sentido del humor que lo salvaba de todo, y una falta de ego que nunca le permitió competir más que consigo mismo. Estudió música, actuación; pero en realidad creo que lo primero fue la música. Ha sido y es un excelente, inolvidable actor. Compuso temas que yo tarareo cuando decido disfrutar mi tristeza. Pertenece a esa dinastía CMQ que irrevocablemente le legaron sus padres Nina y Alberto, herencia de ética, profesionalismo y elegancia que no se enseñó en ninguna escuela de arte en la Cuba de las últimas décadas. A mediados de los años ochenta fuimos la sensación del verano interpretando juntos  aquella pareja dispareja en la teleserie "Solo el amor".  Yo era la alumna que se enamoraba del profesor, mientras él intentaba correr en dirección contraria al conflicto. Aprendí mucho con Albertico, pero sobre todo, tuve que esforzarme para no defraudarlo. Luego lo disfruté como público en el cine, el teatro y la televisión. Una madrugada de enero en La Habana, guiada por Lichi Diego, lo escuché leer sus textos en su hermoso departamento de El Vedado, los mismos textos que, sin querer, fueron la médula fundacional de este proyecto que hoy les presento. ¿Este programa habla de cocina, de condimentos, de sabores o lentas cocciones? Este es un argumento mayor, un monólogo que emplaza nuestra nacionalidad, la necesidad de regresar a un punto e integrarnos alrededor y más allá del arroz y los frijoles negros. Este espacio repasa la resistencia, la topografía de una diáspora histórica y alimentaria. La Cocina de Pujol es el lugar donde nos sentamos juntos a cocinar, reflexionar y comernos las distancias. 1.-¿Qué hace hoy en Bogotá Alberto Pujol, el gran actor cubano; escritor y compositor de nuestra banda sonora sensorial y sentimental? Vivo en Bogotá hace ya cuatro años (por segunda ocasión) pues son muchas las razones  que me unen a este país: Amo Colombia. Este es un país  donde he encontrado  la posibilidad de  trabajar en lo que me gusta hacer desde siempre y así mantener dignamente a mi familia. Desde que llegué a Colombia no he  parado de grabar, de interpretar roles... y como soy un actor en pleno ejercicio de su carrera, eso es fundamental. He  tenido la  dicha  de compartir con  las principales cadenas y productoras de televisión en este país, lo que hago posee una gran proyección internacional, me pueden ver en varios continentes, y eso, para un actor cubano, es un salto casi olímpico. Fue aquí, en Colombia, donde recibí mi primer premio como actor cuando todavía era muy joven: Premio a la mejor interpretación masculina en el "Festival Iberoamericano de Cine Cartagena de Indias"-1984- por mi protagónico en Los Pájaros tirándole a la Escopeta. Fue Colombia el único País que visitó mi abuelo materno (al que no conocí) cuando él trabajaba  como maestro de azúcar. Me gusta su luz, su gente, sus actores, su escuela de hacer televisión; tengo muchas esperanzas y muchos  sueños comprometidos con este país. He podido, desde aquí, acercarme nuevamente a mi familia, que, como la de muchos cubanos, está repartida por el mundo... y un punto clave, es justo aquí y no en otro sitio del mundo donde he podido interpretar numerosos personajes con características diferentes. Aquí estoy, escribiendo mi libro... ya compuse mi primer Vallenato, me encanta el Ajiaco Santafereño ... y si Dios y los Santos así lo deciden, aquí seguiré dando guerra, ya no seré cubano colombiano ¡OJO! seré un CUBIANO. 2.-¿Con qué recursos y con qué propósitos se hace este espacio? ¿A quiénes va dirigido? ¿Quiénes colaboran contigo? La Cocina de Pujol parte de una idea de mi esposa Ada y surge luego de tantas y tantas reuniones en casa con amigos, donde siempre se inventa algo para comer y compartir. Todos disfrutamos mucho esto de cocinar, y alrededor de eso poder reunirnos. Cuando los cubanos vivimos separados de nuestras familias, de alguna manera recurrimos a los puntos sensoriales que nos unen: la cocina es uno fundamental. La comida aplaca los grandes momentos de nostalgia, que desde luego existen en todos los exilios y también en el nuestro. A veces  siento  que  los cubanos pertenecemos a un hormiguero, uno de nosotros avizoró dónde echaron "cualquier cosa" y nos  expandimos a tremenda velocidad -a donde fuera- allí aparecen los frijoles negros y entonces es el momento, el lugar donde volvemos a reunirnos. Por aquí es  difícil  conseguir una  malanga, y cuando la tienes, pues la compartes con una alegría indescriptible... y eso mismo es el programa; la cocina como pretexto. A través de las  redes  sociales podemos reunirnos con tanta gente, y tantos afectos que se han vuelto virtuales. Cuando un cubano me escribe como si me conociera de siempre (y solo te conoce de los medios) cuando ese cubano me reconoce en una calle lejos de Cuba, me habla como se le habla a un primo o a un tío; en ese momento yo pienso en una  gran mesa en el medio del atlántico, donde todos los que e estamos por ahí nos sentemos juntos, dándonos las  manos y nos digamos: - ¡Al fin  nos vemos!-.  Cuando  un cubano de los que andamos por  ahí  te dice:- ¡Chao! quizá te demores veinte años en volver a verlo, eso para todos es lo difícil, sin embargo este fenómeno se convirtió en cotidiano, en lo normal, y a mí me da mucha tristeza. Nos acostumbraron a vivir así. ¿Cómo hacemos para grabar el programa?  Pues... con un teléfono celular y la lamparita de la mesa de noche de nuestro hijo. Así vamos  grabando plano por plano. Una amiga nos presta su cocina y aguanta la lamparita, mientras Ada filma. Mi hija Laura maneja los reflectores para cuidar -en lo posible-  la luz, y después... a correr... porque si se acaba la batería del teléfono... ¿qué hacemos? Como ves se trata de algo totalmente elemental y primitivo desde el punto de vista de la imagen estética para la televisión, pero es lo que tenemos por ahora. Es muy cómico porque  he recibido  algunos  consejos  de cómo  debemos  hacer técnicamente ... como si no supiéramos... yo hago televisión desde que  tengo 8 años, pero acabamos de  comenzar, ya para los próximos  programas podremos ir mejorando. Se acaba de unir un amigo editor quien, generosamente, dinamizará el ritmo general del espacio. Lo importante ahora es reunirnos y hablar, hacernos sentir, nos han escrito de  no se cuántos  lugares y eso es lo que  importa. 3.- ¿Te consideras el Chef del arte cubano? No. Yo no soy Chef, no soy cocinero, profesional, soy Alberto Pujol  hablando con la gente desde la cocina. No todos  sabemos "todo" sobre cocina, y de verdad es un arte que admiro y respeto. He visto algunos programas muy bien realizados, pero nuestra idea es otra, espero que  con el tiempo podamos  ganar  a público de otras partes, cocinar platos colombianos, por ejemplo, que son maravillosos; y ya forman parte  de  nuestros sabores cotidianos. Así debe sucederle a los cubanos que se encuentran viviendo en Italia, o en Suecia, o en Chile.  Hemos ido fusionado los sabores, hemos integrado otros productos  a nuestra cocina. Sustituir, reemplazar, o prescindir, en ciertas ocasiones resulta triste, pero te cuento que en esa fusión hay mucha riqueza y a veces son hasta mejores...  pero cuidado... pues puede que entonces ya no sean los nuestros, esto es muy raro, y el gusto, el pulso de cubanía que uno pone en la receta o en el modo de preparación durante en el programa, los comentarios al margen y hasta el acento es lo que resume nuestra nacionalidad y nos hace únicos. 4-. ¿Cuál sería el sitio ideal para que se trasmita este programa? El sitio ideal es donde está, en YouTube, ahí lo puede ver cualquiera desde cualquier parte del mundo. Ojalá en Cuba logren verlo también. Mi mayor deseo es que los cubanos tengan, finalmente, acceso a estos espacios en internet de una manera fácil y sin restricciones. Los medios y el modo de comunicarse cambian constantemente, y en estos momentos han ido surgiendo nuevas maneras de ver la televisión. Cada cual escoge lo que desea ver y en el momento que lo desea ver. Cuba tiene que ser parte de esto también. Como te dije, solo desde mi modesta manera me quiero acercar a mi gente, a mis amigos, a los cubanos o a las personas que disfruten, estudien o sientan nuestra cultura y esta fue la manera que encontré 5-. ¿Crees que esto es algo más que un programa de cocina? ¿No sientes que todo esto es un pretexto para hablar de nuestra nacionalidad con humor y naturalidad? La Cocina  de Pujol no pretende más que rescatar y mostrar la verdad, el origen, la historia doméstica de algunos platos de nuestra cocina pero de una manera sencilla. Mi interés es que, el que lo vea, lo saboree, lo disfrute y además lo pueda hacer. Es una viaje guiado por un cubano común, ese cubano que, mientras hace café, te dice cómo nos van  las cosas...y nada más. Cada viernes, de ser posible, nos encontramos y nos abrazamos todos con nuestra manera de hablar, con nuestra manera de  hacer, con  nuestra manera de sentir. Por lo pronto, lo único que tenemos a mano es el corazón. Sí, hablo de nuestras costumbres, que son parte fundamental de nuestra idiosincrasia y nuestra nacionalidad, pero también hablaremos de las nuevas costumbres a las que nos hemos ido integrando, o quizás de aquellas que habíamos perdido o nunca conocimos. En fin, los cubanos hablamos de muchas cosas  a la vez; mientras tanto, yo cocino. Fuente: El Mundo.es

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