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Un texto escrito por esa especie de "femme fatale" de la literatura cubana post 90, y de nombre Wendy Guerra, titulado "Regresan los amigos" y que fuese publicado en el diario El Nuevo Herald, habría encontrado no solo simpatizantes, sino también "contrarios de causa" a pesar de que precisamente el objetivo tras sus letras era el de "conciliar diferencias" entre los cubanos.

La diatriba en la red social de Facebook, habría pasado por una interpretación "política" de un texto que iba más hacia lo humanista, y porque en el texto Wendy más que preguntarse ¿Por qué regresar? deja descansar una idea sutil: el derecho a hacerlo. Ahora, o dentro de diez, quince o veinte años.

A fin de cuentas nos debe importar - porque ya no hay modo de echar atrás la historia - quienes puedan o quienes quieran hacerlo, y quienes lo hagan para fundar y crear.

Lo más importante, y ello subyace en el texto, es el derecho que tienen todos los cubanos de construir una Cuba próspera, o incluso ser felices del lado que estimen conveniente.

Razón no le faltan a algunos para militar en uno u otro bando.

Wendy dice que "la ciudad (Cuba) es la misma" a pesar de desplomes que han alterado su fisonomía, y aquellos que llevan encima el dolor de ver una ciudad - o todas - destruidas, se le cargan encima.

Cuba, no es la misma. Es cierto, pero en todo caso no estaríamos hablando de esa patría físico geográfica, aquella que existe 90 millas al sur de Cayo Hueso, sino de esa patria llena de valores humanos, donde usted es o fue capaz de compartir la mitad de la sal que tiene (tenía) en un recipiente, o de abandonar sus horas de siesta para acompañar al vecino enfermo al policlínico más cercano. 

Es la misma patria que existe en varias partes de Miami.

A fin de cuentas, esa es la ciudad Cuba, la ciudad desperdigada, enraizada y multiplicada; incluso cuando usted llega a un lugar como el Versailles  y le hablan en un perfecto español, y cuando se percatan que usted es cubano, no dudan en preguntarle ¿de qué provincia?, y hasta se inventan un pariente o un amigo en esa misma ciudad.

Esa es la Cuba que queda por salvar, y en la cual debemos todos salvarnos.

Aquella otra que ya no está, aquella que vivía en la mitad del siglo pasado con sus luces y sus sombras, nos dejó lo que hoy somos, y nos instruye para ser más hacia adelante.

A lo mejor de esa Cuba es que hay que regresar, y de esa Cuba se nos habla.

O como bien expresa Wendy en El Nuevo Herald, "este es también uno de los modos de volver a casa, asaltando el vacío, aprendiendo la dura, descarnada lección."

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.


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