Parada de taxi en La Habana. | Foto © CiberCuba.
Parada de taxi en La Habana. | Foto © CiberCuba.

"Coger un taxi en La Habana está siendo como ganarse la lotería"

América Latina Cuba

Publicado el Sábado, 24 Noviembre, 2018 - 07:50 (GMT-5)

Seis semanas después de iniciado el más reciente reordenamiento del transporte en La Habana, las calles evidencian una disminuida presencia de taxis privados y el elevado descontento de los cubanos.  

Por más que se han pintado de color rosa las regulaciones del nuevo experimento, que incluye incentivos económicos y fiscales para los transportistas no estatales capitalinos, ni choferes ni pasajeros muestran caras felices.

Regla, de 45 años, explica a CiberCuba mientras intenta parar un taxi en la calle Línea: “Reina el caos porque cada día se ven menos almendrones y los pocos que siguen trabajando hacen huelgas sin decir ni 'pío'. En varias ocasiones los he visto negándose a ir de punta a punta de las principales rutas de la ciudad".

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“Esas protestas calladas las hacen, sobre todo, en horarios pico. Las personas se desesperan porque ven que ya ni con dinero pueden moverse de un lado a otro y si antes tenían que esperar 10 o 15 minutos para montar en un carro, ahora es una hora y más. Coger un taxi en La Habana está siendo como ganarse la lotería. Nos espera un 2019 negro”, asevera.

Aunque las autoridades han dicho que las transformaciones buscan garantizar un servicio estable, ordenado y que, sin menguar los ingresos de los choferes, responda más a las necesidades de la población, solo unos pocos se mantienen manejando en tanto esperan a que el gobierno repiense las reformas.

Ibrahim, un taxista de 38 años que hasta hace un mes recorría el trayecto de Santiago de Las Vegas a Centro Habana, asegura que ahora no quiere botear. "Estoy sumamente molesto. A nadie le gusta que le vengan a decir qué hacer con lo que es suyo, más si es con mentiras. Como siempre, el más afectado es el pueblo".

“Hay muchos choferes que han puesto su carro en venta y otros que han decidido declarar que lo tienen en chapistería hasta ver si pasan unos meses y echan para atrás las medidas. Otros, como yo, están en su casa sentados o ilegalmente haciendo viajes directos para el aeropuerto".

“Supuestamente es voluntario incorporarse al experimento, pero quienes no lo hagamos en la práctica saldremos de circulación porque no se nos permitirá gestionar pasaje en las líneas que está cubriendo el aparato estatal con los ruteros. Si las cosas no cambian, yo entrego la licencia”, indica decepcionado.

Con el experimento los más de 6.000 titulares autorizados a transportar de 6 a 14 pasajeros en jeep, autos, panel o microbús en La Habana, quedan obligados a operar con una nueva licencia y para obtenerla deberán hacerse de un contrato para la adquisición de combustible y una cuenta bancaria.

Desde la óptica de Damián, de 29 años, “es un abuso obligarnos a usar tarjeta magnética para conseguir combustible porque nos imponen la cantidad de litros que debemos comprar, aunque no los vayamos a consumir. ¿A quién le imponen los consumos mínimos y máximos de combustible de su propio carro?"

“No nos creemos el cuento de que nos venderán insumos (gomas, baterías, aceite) con descuento. Sabemos que el Estado no nos va a proporcionar suministros y repuestos cuando los necesitemos porque ni en sus mismas empresas puede garantizarlos".

“Antes nos movíamos por cualquier lugar como queríamos; solo teníamos que preocuparnos de pagar los impuestos y mantener el carro ‘al kilo’, que ya era bastante, porque las calles no sirven, andamos montados en fósiles y no nos dejan comprar carros nuevos. Los nuestros son demasiado viejos y resolvemos sus problemas con piezas que hay que comprar afuera o encargarles a los mecánicos particulares”, resalta este condcutor que cubre la ruta de Alamar a Centro Habana.   

De acuerdo con lo que explica un usuario en la página web de Granma, la idea de organizar el transporte en rutas es una camisa de fuerza porque crea una red administrativa estatal innecesaria: plazas de jefes y trabajadores en las piqueras, mecanismos económicos y jurídicos, etc., y los choferes privados tendrán que pagar los salarios de ese aparato burocrático.

A veces, agrega el forista, "le damos tanta importancia a los boteros que pareciera que son los principales responsables de lo malo que está el transporte en Cuba, cuando eso es culpa del gobierno. El pollo del arroz con pollo no son los almendrones, sino la crisis del transporte público", asegura.

El reordenamiento divide el servicio de taxis en ruta, libre y de alto confort o clásico, y se extenderá a partir de febrero próximo a las provincias de Artemisa y Mayabeque y a fines de 2019, al resto de la Isla.

Eduardo lo tiene claro. “Si no dejo de manejar es porque el carro no es mío y si me voy el dueño pone a otro y yo me quedo sin ganar un peso. Este nuevo invento solo provocará mayor corrupción. La gente ‘cumplirá’ con lo establecido y seguirá comprando gasolina y diésel ‘por la izquierda’ y, en ruta o no, llevará el carro para donde quiera".

“Hemos expresado formalmente nuestro desacuerdo con las nuevas leyes, pero no hemos obtenido respuesta. Es una falta de respeto. Nos están tratando como a delincuentes”, plantea el joven de 25 años que conduce de La Víbora al Vedado.    

Datos oficiales indican que actualmente alrededor del 90% de los transportistas privados inscritos en La Habana se dedican al servicio de pasajeros.

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