Presidente y Primer Ministro de Cuba con sendos nasobucos quirúrgicos Foto © Estudios Revolución

Nasobucos azulitos para los zares y el pueblo cubano con ripios de tela

La política del Partido Comunista de Cuba (PCC) y su rara estrategia de comunicación son de tal torpeza y agotamiento que produce sonrojo, espanto y náusea.

El PCC, tras dos meses alentando el mito de la excepcionalidad cubana; la emprendió con una campaña para elevar la percepción de riesgo en la población frente al coronavirus, insistiendo en las normas de distanciamiento social y la protección con nasobucos, entre otras medidas emergentes.

Obviamente, la casta verde oliva y enguayaberada está a salvo de las colas cotidianas para intentar comprar pollo, aceite, jabón, detergente y lo que aparezca en bodegas, mercados y tiendas; gracias a su tradicional distanciamiento social de los pobres de la tierra, que son la arcilla fundamental del castrismo.

Los directores de medios oficiales de prensa recibieron en el Comité Central del PCC la consigna de desplegar a sus redactores y corresponsales para contar el esfuerzo decisivo -uno más- en la fabricación de nasobucos con cuanto fragmento textil fuera posible y allá salieron los ingenuos solidarios a prestarse para la foto y la reseña lacrimógena de federadas y combatientes consagrados al corte y costura de tapabocas criollos.

Las Mesas Redondas y otros espacios informativos anticubanos sirven, diariamente, una imagen demoledora para el tardocastrismo: La mayimbada protegida con nasobucos quirúrgicos, de mayor calidad y nivel de protección, que los usados por los humildes obreros y campesinos.

La aparición de dirigentes ataviados con mascarillas de afuera es una payasada inútil, bajo el pretexto de dar ejemplo; pero sobre todo, es una afrenta a la dignidad de los cubanos que padecen el descampado construido por el castrismo en sesenta años de implantación de una cultura de la pobreza que incluye la indefensión aprendida y aprehendida, que resultan trágicas en coyunturas como el coronavirus y otros males.

La liturgia castrista estableció que el dirigente, entre otras amarguras, debía ser estoico y modesto; otro disparate conceptual, pues las sociedades que se han pretendido igualitarias han fracasado estrepitosamente y la tendencia natural en el ser humano es el progreso, vivir mejor, avanzar y disfrutar de la vida.

Una mascarilla quirúrgica, como las que usan Raúl Castro Ruz. Miguel Díaz-Canel, Manuel Marrero Cruz y otros tiene un precio de venta pública de 0,96 centavos de euros en España; comprando paquetes de 50 unidades, comprando lotes grandes, obviamente, el precio será sensiblemente inferior.

¿Qué han hecho mal la mayoría de los cubanos para que la guara tardocastrista los desprecie y maltrate constantemente; reduciéndolos a la condición de mendigos por decreto del Partido Comunista?

¿Tan anémicas están las arcas cubanas que impiden la compra o fabricación de nasobucos quirúrgicos para todos los cubanos que viven en la isla?

¿Cómo es posible que el país de la región que mayor inversión realizó en capital humano viva tan mal?

¿Que valores y educación recibieron los actuales dirigentes cubanos que se dan el lujo de despreciar a sus compatriotas con zafiedades como las diferencia de clases en tiempo de nasobucos?

Si los burócratas tardocastristas tienen la tentación se sentirse por encima del resto de los cubanos; lo tienen fácil, basta con bajar dos, tres, cuatro peldaños y ponerse al lado de quienes sufren y sueñan con abrir la pila y que salga agua, con darle al interruptor y que haya luz y con un rabo de nube que se lleve la pobreza impuesta.

Cuba es país de gente noble y trabajadora; como demuestra la vilipendiada y solidaria emigración cubana, los pequeños, solidarios y asfixiados empresarios privados, y la inmensa mayoría de los cubanos; incluidos militantes del partido comunista, veteranos de la revolución y militares.

Salud es nutrición e higiene, de ambas cosas, anda Cuba escasa y sedienta. Como para que, encima, aparezca una pequeña corte de burócratas imitadores del Melquíades de Cien años de soledad, anunciando la invención del hielo, tras la comodidad de sus nasobucos azulitos y el sosiego que implica abrir un refrigerador salpicado de víveres.

Cuentan las crónicas de Indias que acaparadores, revendedores y coleros están siendo castigados severamente por aprovecharse de la crisis para enriquecerse, tras ser sometidos al escarnio público, a través de la televisión anticubana en aspavientosos operativos con ¿periodistas? suplantando a fiscales.

A ver cuándo le llega el turno el general de brigada Luis Alberto Rodríguez López-Calleja y su corte de merolicos verde oliva, que son los mayores acaparadores, revendedores y eficaces productores de colas que violan el distanciamiento social, cotidianamente.

Miguel Díaz-Canel Bermúdez es el principal responsable de que esto ocurra y, si ya una vez ordenó a su ministro de Economía que cogiera dinero para comprar pollo, "sin consultar a nadie"; en sus manos está corregir el rumbo, y arrebatar a Machado Ventura el control del PCC y la prensa que agrede -consuetudinariamente- a la mayoría de los cubanos.

Cuando una vanguardia leninista -creyéndose zares- desprecia a proletarios y campesinos solo consigue abrir de par en par las puertas del palacio de la revolución a los bolcheviques hambrientos y con llagas de coronavirus, dengue, zika, chikungunya y otras penalidades de una potencia médica que ya solo existe en el discurso mentiroso del poder cobarde.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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