Opinión

Un día cualquiera en el Aeropuerto de La Habana, Cuba




Sabido es que los aeropuertos por definición destilan cierta emotividad. Sin embargo, si se analizan fríamente, también se trata de un espacio de tránsito sobre el que millones y millones de personas a diario en todo el mundo no sienten sentimientos especiales, porque sólo se trata de eso: de entrar o de salir, nada más.

Los aeropuertos cubanos, en cambio, tienen connotaciones especiales, y no es de extrañar, dadas las condiciones particulares de la Isla: esa maldita circunstancia del agua por todas partes, que convierte el aire en forma de escape y fuga por excelencia.

Volar es verbo de soñadores, y también de cubanos, cabría añadir…  

Un aeropuerto es el espacio que te acerca al deseo por realizar (irte); o el que te acerca a tus nostalgias congeladas en el tiempo. Es el reencuentro con el cielo y con el infierno al mismo tiempo. Llegas masticando nostalgias, y regresas de vuelta al resto del mundo respirando alivio.

Viendo estas imágenes, por más que tratemos de adivinar las historias que ocultan cada abrazo, cada reencuentro o cada partida, lo cierto es que nunca sabremos cuántos de los que regresan llevan años queriendo volver; ni tampoco sabremos cuánto tiempo habrán sufrido y esperado los que tanto se emocionan a punto de partir.

Y la puerta... la puerta de inmigración para los cubanos tiene cierta connotación mística: es como un nacimiento o un retorno a la semilla. Es la que te lleva al resto del mundo (da igual a dónde), o la que te hace confrontarte con tu pasado a golpes de realidad.

Pero es, sobre todas las cosas, la que te ayudará a confirmar, por fin, que la Tierra es redonda y que hay vida más allá de tu Isla.

Hay que cruzarla para reafirmar cuánto amas lo que has dejado atrás; pero también hay que cruzarla para crecer como persona, y es que sólo conociendo al otro se puede entender el mundo en que uno vive.

Y el resto...el resto ya lo dejó dicho Gertrudis Gómez de Avellaneda "Al partir", hace ya más de un siglo:

“¡Adiós, patria feliz, edén querido!
¡Doquier que el hado en su furor me impela,
tu dulce nombre halagará mi oído!”

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.



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