Galletas de mantequilla | Foto © Cibercuba Cocina

Galletas de mantequilla

Cocina,
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Tiempo de Preparación: 

30

Nota: 
La receta de galletas de mantequilla que te traemos hoy es ideal para acompañar el café. Son super fácil de hacer. Además, puedes congelar la masa y sacarla cuando te apetezca. Cortas, horneas un poco y siempre tendrás galletas recién hechas. Si tienes niños en casa disfrutarán de lo lindo con esta receta. Y nada, allá vamos. ¡Manos a la masa!
Ingredientes: 

280 g de harina

125 g de mantequilla

125 g de azúcar

Huevo mediano

Una cucharada de vainilla

Raciones: 
Entre 30 y 40 galletas
Instrucciones: 

En un bol amplio mezcla bien el azúcar y la mantequilla. Agregas el huevo, la vainilla y sigues batiendo hasta obtener una masa suave uniforme y sin grumos. En este momento incorporas la mitad de la harina, mezclas bien e incorporas la otra mitad.

Recuerda que un paso importante en la pastelería es tamizar la harina. Esto evita que queden grumos o trocitos de harina compacta que son desagradables en boca.

Una vez tengas la masa lista, bien integrados todos los elementos, la envuelves en un film. Puedes darle una forma cilíndrica y la pasas al congelador por 15 minutos.

Este tiempo lo aprovecharás para poner en orden la cocina y precalentar el horno a 180 grados.

Sacas la masa del congelador y tienes dos opciones. Si la has enfriado con forma cilíndrica, sólo debes cortar en rebanadas de unos 5 milímetros. Si, por el contrario, quieres que tus galletas tengan formas divertidas, debes estirar la masa al mismo grosor (5 milímetros) y utilizar tus moldes preferidos.

Te recomendamos que estires la masa sobre papel vegetal (papel de hornear) para que sea fácil de manejar. Evita que pierda el frío, recuerda que la mantequilla es uno de los elementos estrella y con el calor pierde consistencia. Trabaja rápido.

Las colocas en la bandeja de hornear separadas para que no se peguen. Debes tenerlas en el horno durante unos 13 minutos. Pero te sugiero que no les quites el ojo.

Y ya está. El olor es fantástico. Solo de pensarlo la boca se hace agua.

Salen del horno tan doraditas que dan ganas de atacarlas, pero ojo con la temperatura. ¡Recuerda a los niños que están calientes!

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