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15 “leyes de Murphy” que te conviene conocer si vives en Cuba

En Cuba corren tiempos confusos: nadie sabe a ciencia cierta cuál va a ser la próxima curva del gobierno, si habrá papel higiénico en la tienda de la esquina, o incluso si vas a poder lavar la ropa este fin de semana…

En tales circunstancias conviene buscar apoyo espiritual en los grandes sabios del universo, empezando por el ingeniero estadounidense Edward Murphy, que a mediados del siglo pasado descubrió un conjunto de leyes empíricas basadas en el principio de que “si algo puede salir mal, saldrá mal”.

Te dejamos entonces con 15 axiomas en ese estilo— la mayoría pertenecen a discípulos y seguidores de Murphy—, que pueden servirte para entender mejor la Cuba de nuestros días…

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1. “Bajo presión las cosas empeoran”. Y el que no lo crea que pregunte a la oposición moderada (“centristas” los llaman desde el oficialismo) cómo le ha ido después de que Donald Trump mandara las relaciones bilaterales de vuelta al congelador.

2. “Los aparatos fallan en el momento más inoportuno”. Particularmente la olla reina, que suele joderse el día que consigues carne. 

3. “Si se atasca, fuérzalo. Si se rompe, de todos modos había que remplazarlo”. Sirve para interactuar sin que te quede cargo de conciencia con la propiedad social obsoleta: el teléfono público, la puerta de la guagua, cosas así.

4. “Nunca camines por los pasillos de la empresa sin un papel en la mano”. El jefe, que no entiende nada, tampoco entenderá por qué no finges trabajar, como hace el resto.

5. “No se construye en los plazos previstos, ni sin pasarse de presupuesto”. Entonces no te martirices más ni te sientas incompetente: la construcción es así para todo el mundo. Excepto las obras en saludo al 26 de julio, que sí entregan en tiempo, pero se desmoronan antes del 26 de agosto.

6. “Cuando a alguien se le cae algo, todo el mundo lo pisa en lugar de recogerlo”. Y si es Primero de Mayo le pasará por arriba todo un pueblo enardecido. Ergo si eres torpe (y especialmente si no) evita el Primero de Mayo.

7. “Nunca nada se va del todo”. Importante para no pecar de ingenuos: da igual cómo se llame el nuevo Presidente; Cuba no es Ecuador.

8. “Suficiente investigación respaldará cualquier teoría”. El propio Marino Murillo dedica tanto tiempo a estudiar la economía cubana que ha llegado a creer en serio en la teoría del socialismo próspero y sustentable.

9. “Si nadie lo usa por algo es”. Asúmelo y evita perder tiempo, por ejemplo, buscando y copiando Mi Mochila, una versión ideológicamente pura (y aburrida) del Paquete Semanal.

10. “Todo tarda más de lo que crees”. A los bancos, aeropuertos, terminales de ómnibus, oficinas de trámites del MININT, colas para comprar huevo y otras evidencias del aguante popular, irás con calma y sin apuro, dispuesto a vivir allí el tiempo que sea necesario. En Cuba particularmente todo tarda más de lo que crees, incluso si tienes en cuenta esta ley...

11. “Cuando tengas problemas, ofúscate”. Da excelentes resultados en caso de agotamiento natural por falta de proteínas o vagancia motivacional.

12. “Solo una burocracia puede combatir a una burocracia”. Adagio contra las falsas expectativas. Cuando la prensa dice, por ejemplo, que el sistema bancario o el Registro Civil se encuentran en “perfeccionamiento”, sabremos que nos espera una burocracia peor.

13. “Un experto es aquel que sabe cada vez más sobre cada vez menos, hasta saber todo sobre nada”. Sirve para comprender la naturaleza de los “expertos en política” y “analistas internacionales”, hermanos de izquierda latinoamericana, que desde una cómoda banda ancha opinan en Telesur sobre la heroica resistencia de nuestro pueblo. 

14. “Un hombre sin religión es como un pez sin bicicleta”. Útil para protegerse de los Testigos de Jehová, de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días y en general de cuanto proselitismo quiera ocupar las vacantes que va dejando el comunismo tropical. 

15. “Nunca atribuyas a la maldad lo que puede explicar la estupidez”. Considéralo cuando te encuentres un absurdo grotesco de esos que abundan por ahí, y así te protegerás del envejecimiento precoz: la lástima, en definitiva, desgasta menos que el rencor.
 

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