18 señales de que estudiaste en la Lenin

El preuniversitario vocacional cubano de ciencias Vladimir Ilich Lenin, de los más conocidos en la isla por acoger a prometedoras generaciones enfocadas particularmente a las ciencias exactas, marcó un antes y un después en la vida de miles de jóvenes, quienes en plena adolescencia se las apañaron para redescubrirse a sí mismos y afrontar la vida en una sociedad totalmente diferente a las del resto del mundo.

Para muchos La Lenin, como con nostalgia se le llama, fue la mejor etapa en sus vidas, más allá del propósito para el que fuese creada en 1974.  Aquí te dejamos 18 señales que delatan tu paso por la “escuela azul”.

1. Aprendiste a contrabandear ron, leche en polvo, cigarros, la mayonesa de tu madre: Cuando tu mamá te preparó el primer pote de mayonesa te encantó, pero luego de un mes viviendo a pura mayonesa te encendió el bombillo ¿Y si la vendo? Con el dinero le comprabas la merienda a los CVP de la escuela o te ibas a otra unidad y le pagabas a alguien por su leche en polvo con chocolate. Incluso conociste a más de un estudiante ejemplar que traía todas las semanas dos maletines, uno con sus pertenencias, otro lleno de botellas de ron y cigarros de importación.

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2. Tus primeros recuerdos de amor son en el Trampolín: La rebeldía típica de la adolescencia, la pubertad y la distancia kilométrica de tus padres, se mezcló todo ello en un caldero burbujeante de hormonas y más de una vez concertabas una cita en el lugar más romántico de la escuela, desde donde se veían tintinear absolutamente todas las estrellas en el cielo.

3. Ver una piscina vacía te incita a jugar fútbol: Las piscinas de este pre dejaron de funcionar para su propósito original desde hace décadas. Las generaciones más jóvenes nunca las disfrutaron a plenitud, salvo cuando nos percatamos de que era un excelente campo para el fútbol sala. Allí se reunían decenas de estudiantes para disfrutar de las “copas Lenin” y apoyar a sus respectivos equipos o “clubes” de cada unidad. 

4. Sonríes cuando te hablan de “El Vaquerito”: Colocar un centro recreativo con bar y restaurante justo al frente de un preuniversitario no es la mejor de las ideas. Cuántas veces no te escapaste de la escuela vestido de “trabajo” para comprar galletas, caramelos, chocolates, bebidas y te quedaste a bailar con la música ambiente. 

5. Te pusieron más de un reporte por pasillear: A veces, solo a veces, lo único que querías era librarte del puñetero autoestudio y conocer gente nueva, caminar por otras unidades, tumbarte en la yerba del Bosque de la Amistad, descubrir nuevos recovecos en compañía de tus amigos. Aunque eras más que precavido, lo habitual era que te atrapara algún profesor con cara de tranca y te pusiera o amenazara con un reporte.

6. Todavía te duelen las piernas por darle la vuelta a la circunvalación: Las veces que en educación física o PPD te obligaban a correr la extensa circunvalación de hormigón que rodea la escuela, y las veces que te dio por bajar de peso y la corriste a voluntad, como sea el caso, aún recuerdas el dolor de piernas y el sofocón que aquello conllevaba.

7. Aprendiste a pasar por el hueco de una cerca perle: En las escapadas al Parque Lenin, el Vaquerito, el Jardín Botánico Nacional o ExpoCuba aprendiste que no había cerca ni muro por más alto que fuese que te impidiera disfrutar de una tarde de “libertad”.

8. Lo poco que sabes de guitarra lo aprendiste allí: Al menos una persona en tu aula tenía una, por lo que te forzaste a apreciarla y a incursionar en ella de vez en cuando; aprendiste los coros de Carlos Varela, Sabina, Silvio y hasta de Buena Fe. En recreaciones o ratos libres, una guitarra, a veces acompañada de un cajón improvisado con un cubo de basura, era lo único que necesitabas para mover el esqueleto.

9. Todavía tienes en tu billetera el viejo monograma rojo: Lo más probable es que tengas guardado tu viejo monograma, tu camisa llena de garabatos del último día, tu corbata (la que solo te obligaban a ponerte en las marchas del 1ro de mayo) o el anillo de tu graduación, si eres de los pocos que se enroló en la tradición del dichoso anillo.

10. Sabes que hubo una época hermosa en la que cabías entre dos taquillas: Quién no se escondió entre dos taquillas para escapar del autoestudio o del trabajo en el campo. Algunos de los profesores más listos iban directamente hacia las taquillas y te sacaban por una oreja, otros incluso se hacían acompañar por un palo de escoba con el que escudriñaban escrupulosamente debajo de cada litera.

11. Aprendiste a compartir entre cinco una lata de atún y una jaba con ripios de galletas: Lo más común era que se te acabaran todas tus provisiones el mismo lunes pero a veces cuando algún enlatado te duraba hasta el viernes y aún quedaban horas para el pase de salida, con gusto hurgabas entre los restos abandonados de alguna jaba de galletas y sacabas tu atún o spam, la mayonesa vieja de alguien, y a comer todo el mundo.

12. Sabes que se estudia mejor de madrugada y en el piso del baño: ¿A que eras finalista? Si la prueba o el seminario se programaba para el viernes te pasabas toda la semana de hedonista y comenzabas a estudiar a las 10 de la noche el jueves, por suerte para ti, la mayoría de tu clase hacía lo mismo y al menos tenías buena compañía hasta el amanecer.

13. Sabes lo que despertarse de madrugada a acompañar a un amigo asmático a la enfermería: Si no era asma, era migraña, hernia, fiebre, siempre había un amigo que te daba un codazo a las 3 de la mañana para que lo acompañaras al hospital. Recuerdas que, aunque hubo un calor intenso todo el día, salir de madrugada en el campo ameritaba sacar tu mejor abrigo, ponerte tus medias y hasta una colcha por encima.

14. La “cuartelería” te enseñó la forma correcta de exprimir una frazada: Por más que odiaste a muerte quedarte de cuartelero mientras el resto disfrutaba de la recreación, debes admitir que esta te enseñó todos los trucos que sabes hoy sobre limpieza del hogar.

15. Alimentaste a tu mejor amiga en el comedor cuando se fracturó el brazo: Todos tuvimos ese amigo con “huesos de cristal” que si no tenía el tobillo o la mano rota, andaba de esguince en esguince por la vida.

16. Todavía hoy, muchos te conocen como “el de la Lenin”: Y todavía hoy te catalogan como el niñito de papi que logró entrar a la “mejor escuela de Cuba”, aunque la realidad no pudo estar más lejos y te haya costado mucho sacrificio matricular.

17. Te alegras cuando un desconocido te dice que estudió en La Lenin: Tu sentido de la pertenencia en relación a la escuela es tan arraigado que décadas después de haber cursado allí te alegra conocer a un vecino o amigo que haya coincidido contigo.

18. Si estuviste posterior a la XXX, sabes que Legendario es algo más que un adjetivo: Después de la graduación 30 se hizo famoso el Legendario, unron dulzón y empalagoso, la bebida por preferencia y, a veces, la única que podías comprar dentro de la escuela (a otros estudiantes).

 

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