Una calle de La Habana | Foto © CiberCuba

Cinco cuentos clásicos de Pepito que nadie olvida

En el “nadie” del titular de este artículo están incluidos los cubanos mayores de 35 años, porque las generaciones más jóvenes, al menos dentro de Cuba, prácticamente no conocen a Pepito y mucho menos los cuentos (chistes) de este clásico personaje popular que critica al sistema imperante en la isla y a sus gobernantes.

Tal parece que los cubanos que viven dentro de la isla se sienten tan hastiados del discurso político que no quieren saber del tema ni en los chistes; y esto se refiere tanto al lenguaje interno, como el del exilio: diametralmente opuestos pero idénticos en extremismos y formas de exponer sus antagónicos argumentos.

Pero estos chistes fueron tan repetidos y populares en su época, por los ochenta y noventa, que nadie que vivió en Cuba en esos años y los escuchó puede haberlos olvidado. Ya nos dirás cuando los leas si tenemos razón o no. Los seleccionamos del libro Chistes de Cuba sobre la Revolución de Modesto Arocha.

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Sabemos que vas a disfrutarlos, no solo porque son muy cómicos sino porque te harán recordar momentos felices y agradables de tu vida en La Mayor de las Antillas, que podrás revivir si los compartes con tus amigos. Igual, si recuerdas algún otro que merezca ser conocido, por favor, inclúyelo en los comentarios.

Los perritos comunistas

Pepito le dice a la maestra:

– Maestra, mi perra parió seis perritos comunistas.

– ¡Ay qué gracioso, Pepito!, así que unos perritos comunistas.

Pasaron los días y la maestra llama a Pepito y le dice:

– Pepito, cuéntale al compañero director de tus seis perritos comunistas.

– No maestra, nada más me quedan dos comunistas. Ya hay cuatro que ya abrieron los ojos.

El de los cuentos

Pregunta Fidel a Pepito:

– ¿Así que tú eres el de los cuentos?

– No comandante, yo soy el de los chistes, el de los cuentos es usted.

Viajes a Cayo Hueso

– Pepito, ¿qué tiempo hace un avión Habana-Cayo Hueso?

– Media hora maestra.

– Muy bien, ¿y un barco?

– Seis horas maestra.

– Muy bien, ¿Y si hubiera un puente?

– ¡Uhhh!, varios meses maestra.

– ¿Cómo?, ¿no te parece exagerado eso?

–No, maestra ¿usted sabe lo que es ir dando codazos?: permiso, permiso, permiso…”

Pepito y el niño americano

Un niño de Miami, de visita en Cuba, pasa delante de Pepito comiéndose un sándwich de jamón y queso.

– Mira, Pepito, yo tengo sándwich y tú no.

– Sí, pero yo tengo una revolución socialista y tú no.

– Bueno, pero algún día yo tendré también una revolución socialista.

– Entonces no tendrás sándwich.

Un acto de repudio

Le están haciendo un acto de repudio a la tía de Pepito, quien obligado, también participa y le grita:

“Tía, canalla, acuérdate de mi talla,

Treinta y dos por treinta y cuatro

Y ocho y medio de zapato."

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