Camp Nou | Foto © Wikipedia

Francesc Betancourt: jugador del Barça, hijo de un cubano y gran bailador

El primer futbolista de raza negra que jugó partidos oficiales con la camiseta del Barça fue Francesc Betancourt Cocinero (Badalona 1913-Barcelona 1998), hijo de un cubano y de una catalana.

Betancourt nació en Badalona el 4 de febrero de 1913 y era hijo del cubano Pedro Betancourt (natural de Santiago de Cuba) y de la catalana María Cocinero (L'Arboç, Tarragona). El padre de Francesc había llegado a Barcelona en 1906 y se casó con su tía, María Cocinero, con la que tuvo cuatro hijos: Francesc, Juan, Francisca y Dolores.

FC Barcelona

En una entrevista en la década del sesenta, Francesc relataba cómo empezó jugando en el vestíbulo de la portería donde vivían y trabajaban sus padres. En aquella época, dijo, todavía se podía jugar al fútbol en la calle porque había pocos autos. Luego formó parte de equipos locales y pequeños de Barcelona.

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Fue en el año 1931, con apenas 18 años de edad, que el Barça quiso ficharlo por primera vez. Sin embargo, al enterarse de que sería suplente y de que apenas jugaría, “Ciscu” (así lo llamaban), decidió aceptar al Badalona, aunque el salario de ese equipo era muy inferior al que recibiría en el Barça.

Era joven, tenía muchas ganas de jugar a tiempo completo, y en esos momentos Francesc sacrificó pertenecer a un gran equipo, en el que recibiría un buen salario, por tener la seguridad de cada domingo hacer lo que más le gustaba: jugar al fútbol.

En el Badalona cobraba poco y no siempre. Los pagos “en aquella época era irregulares. Había meses que no nos pagaban, entonces llegaba un día que nos daban mil pesetas para ponernos al día”, diría años después en una entrevista.

“La verdad, nunca he obtenido dinero del fútbol; lo que se dice dinero, vaya. Ahora bien, en amistad y satisfacciones, en esto sí soy rico. No puedo negarlo”.

Después de la Guerra Civil (1936-39) pasó al “Sabadell”, y en 1942 llegó finalmente al Barça y a su sueño de jugar en el estadio de Les Corts (actual Camp Nou). Firmó por el Barça por 30 mil pesetas de la época y jugó dos temporadas en las que fue suplente.

En esos momentos ya aceptó la suplencia sin reparos porque tenía 29 años y había jugado al fútbol todo lo que había querido en los años previos, aunque fuera siempre en equipos menores.

Con el Barça, Francesc Betancourt disputó un total de 27 partidos oficiales, en los que marcó 11 goles.

Debutó en un “clásico” contra el Real Madrid el 27 de septiembre de 1942 (3-0), y curiosamente, contra ese mismo equipo disputaría también su último partido oficial como barcelonista, el 9 de abril de 1944 en el estadio de Les Corts (1-2).

En esos dos años que formó parte de la plantilla oficial del Barça, ganó con su equipo la “Copa Moscardó” (1943) y la “Copa Concordia” (1944), ambas de carácter amistoso.

A pesar de su breve paso por la entidad blaugrana, aquel catalán por cuyas venas corría también sangre cubana, fue un jugador muy querido por la afición culé, por su carácter siempre alegre, abierto y simpático.

Algunos historiadores del deporte destacan de “Ciscu” su extraordinario dominio del balón, con el que era todo un malabarista, así como su velocidad y potente disparo.

Por otra parte, diversos testimonios aseguran que su ascendencia cubana pesó no solo en su carácter, sino también en su profunda afición por el baile. De hecho, Francesc aseguraba que bailar mucho lo dotaba de más agilidad y elasticidad en su deporte.

Tras salir del Barça, Betancourt Cocinero regresó a varios equipos menores. Finalmente, y tras casi romper un récord en la variedad de camisetas que vistió como jugador, Betancout Cocinero volvió al Badalona (1950-51), donde colgó las botas.

Cuando le preguntaban por el constante cambio de equipos y el eterno ir y venir, respondía con suma sinceridad: "Bueno, la verdad es que no lo buscaba, me sacaban del equipo los jóvenes, que subían con mucha fuerza y, como yo lo único que quería era jugar, no tenía más remedio que irme".

No obstante, más allá de la enorme variedad de equipos de los que formó parte, siempre anidó en él un especial cariño por el Fútbol Club Barcelona. “Lucí muchas camisetas, sí, pero siempre me sentí muy barcelonista”, solía decir.

Los historiadores del fútbol español, apasionados de las estadísticas, cuentan que Francesc Betancourt nunca fue expulsado de un terreno de juego.

Después de retirarse, a los 39 años de edad, siguió vinculado al mundo del fútbol, pero desde los banquillos. Compaginó su trabajo en una fábrica de tejidos con sus labores como entrenador. Y ahí tambiénen ese apartado fue expansivo, pues dirigió al menos a diez equipos locales.

En 1965, Francesc Betancourt recibió la medalla de plata al “Mérito Deportivo” de la Federación Catalana de Fútbol (FCF).

Cuentan que Betancourt siempre fue un ferviente defensor de las habilidades del futbolista y de una espontaneidad contraria a la rigidez de las tácticas.

Muchos lo consideran un adelantado a la que, con el paso de los años, se convertiría en la tónica del Barça, e incluso también de la selección española: el valor de los jugadores pequeños de tamaño, pero grandes en habilidad y destreza.

Fiel al fútbol hasta el final de su vida, Francesc Betancourt jugó durante muchos años con el equipo de la “Agrupación de los exjugadores del Fútbol Club Barcelona”, al que también dirigió. Allí coincidió con el gran Laszi Kubala, que siempre llamó a Francesc, cariñosamente, el “Rubio”. 

Francesc Betancourt Cocinero murió en Barcelona el 28 de marzo de 1998, a los 85 años de edad. Se desconoce si en algún momento de su intensa y futbolística vida visitó Cuba.

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