El Caballero de París, obra de José Villa Soberón | Foto © CiberCuba

El Caballero de París, el hidalgo más leal a La Habana

La Habana es una ciudad maravillosa que pronto arribará a sus 500 años. Ha estado poblada por personajes de toda índole. Muchos de ellos ya no la habitan, han pasado a ser reminiscencias de su historia. Sin embargo, el imaginario popular se empeña en retenerlos como un recuerdo romántico. Quizás uno de los ejemplos más representativos es el Caballero de París.

El hombre tras el mito de El Caballero de París

El Caballero de París fue el hidalgo errante de las calles de La Habana. Su nombre real era José María López Lledín (1899 - 1985). Llegó a Cuba en barco, procedente de España, en el año 1913 junto a sus padres.

José María López Lledín, Caballero de París / Wikimedia Commons

En su juventud José María trabajó como sastre, vendedor en una librería y como camarero en los hoteles Inglaterra, Telégrafo, Sevilla, Manhattan, Royal Palm y Saratoga. Pero su vida tranquila dio un giro inesperado cuando fue encarcelado en el Castillo del Príncipe, por un hecho del cual siempre se le consideró inocente.

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Existen diversas versiones de lo que pudo causar la detención del protagonista de esta historia. La primera de ellas tiene un matiz pasional, que involucra a la esposa del dueño del hotel "Habana". Se dice que la dama se enamoró de José María, que en aquel entonces era dependiente en esa instalación hotelera. El esposo celoso lo acusó de robo. Existen otras versiones en las que se le acusa de asesinato, hurto de joyas, incluso del robo de un billete de lotería. Sin embargo, en todas ellas aparece como inocente.

El Castillo del Príncipe y el Caballero de París

La fortaleza Castillo del Príncipe data del año 1763, cuando la Corona española decidió fortificar la ciudad tras el período de ocupación de los ingleses. En el año 1926 comenzó a funcionar como Prisión de La Habana y fue desactivada oficialmente el 28 de junio de 1974, aunque continúa siendo una zona militar de acceso restringido. Esta edificación tiene leyendas curiosas y sangrientas que merecen un artículo propio. En ella estuvieron prisioneros muchas personalidades de la historia cubana reciente como Pablo de la Torriente Brau, Jesús Menéndez, Raúl Roa, Julio Antonio Mella, Eduardo Chibás, entre otros.

Se cree que, tras su paso por el Castillo del Príncipe, el joven emigrante José María López Lledín no logró recuperarse emocionalmente. Enfermó de parafernia una patología que se caracteriza por delirios y alucinaciones. En este período comenzó a deambular por las calles de La Habana. Su familia pretendió regresarlo a su pueblo natal en España, quizás en un intento de que olvidara y recomenzara su vida. Pero el joven aseguró que si lo embarcaban se tiraría al mar.

Hacia las décadas del 40 y el 50 se convirtió en una figura recurrente en las calles habaneras. Su estatura media, pelo despeinado y su vestir de negro con abrigo de capa bajo el terrible calor cubano, lo hacían destacar como un personaje muy pintoresco.

¿Por qué Caballero de París?

Quienes lo conocieron lo describen como un hombre amable, educado, locuaz y filosófico. Además, aseguran que nunca pidió limosna, aunque aceptaba dinero de gente que conocía. Tenía un andar parsimonioso y finas maneras, barbilla erguida y mirada enigmática, nostálgica, sin lugar a duda una actitud caballeresca en una ciudad en ebullición.

No es de extrañar, por tanto, las diversas versiones sobre el origen de su apodo. Algunos dicen que se debía a una novela francesa; otros que la gente comenzó a llamarlo “El Caballero” en la Acera del Louvre, otros que fue en su época trabajando como camarero del restaurante Paris. También hay quien dice que surgió como idea del semanario humorístico Zig Zag, o que corresponde a una película francesa cuyo personaje principal era conocido como Monsieur de Paris. De cualquier manera, este sobrenombre lo representó tan bien que su nombre real pasó a ser casi innecesario.

Al Caballero de Paris era común encontrarlo en el Parque Central, el Paseo del Prado, la Avenida del Puerto, la Plaza de Armas, o algunas de las calles de la Habana Vieja y El Vedado.

Estatua de El Caballero de París, obra de José Villa Soberón / CiberCuba

Para inmortalizar su imagen el escultor cubano José Villa Soberón le dedicó una estatua a tamaño natural en que lo representó andando, con su actitud desenfadada y sus papeles bajo el brazo. Por iniciativa de Eusebio Leal, Historiador de La Habana, la obra escultórica se ubicó en la acera del convento de San Francisco de Asís.

“Morir cuerdo y vivir loco”

El Caballero de París fue paciente del Hospital Psiquiátrico de La Habana. Su último médico personal, el Dr. Luis Calzadilla, escribió un libro con su biografía ampliamente documentado, bajo el título Yo soy el Caballero de París.

José María López Lledín murió el 12 de julio de 1985, en el hospital psiquiátrico conocido como Mazorra. Antes de morir, cuenta su psiquiatra que le dijo: “Por favor, no me llames más Caballero. Ya no soy el Caballero de París. Estos no son tiempos de aristócratas ni de caballeros andantes”. El médico le preguntó: “¿Ya yo no soy tampoco, su fiel mosquetero?” “No, Calzadilla, desde hace años sólo eres mi fiel psiquiatra.”

Esta anécdota me recordó a otro caballero andante, uno más universal, pero irreal, Don Quijote de la Mancha. Al final de su novela Cervantes nos deja los últimos versos de su epitafio:

Tuvo a todo el mundo en poco;

fue el espantajo y el coco

del mundo, en tal coyuntura,

que acreditó su ventura

morir cuerdo y vivir loco”.

El Caballero de París / CiberCuba

No podría asegurar desde el punto de vista médico si fue esta la suerte de El Caballero de París. Pero puedo decir que, para La Habana, José María López Lledín ha sido su más leal caballero.

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