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Café: del sorbito mañanero al atractivo turístico

Este artículo es de hace 3 años

Hay quienes escuchan la palabra “café” y ya sienten en sus bocas el sabor amargo o su peculiar aroma seductor en la nariz; otros ni locos salen de la casa sin tomarse una gran taza; algunos lo prefieren con ron, endulzado con miel, con azúcar o sin ella, y la verdad es que no importa, de cualquier forma siempre es bien recibido por alguien. Es imposible hablar del ser cubano, de cubanía, sin mencionar el café.

El “néctar negro de los dioses blancos” –como le llama un conocido mío–, es cosa muy seria para el cubano. No tenerlo, implica dolores de cabezas, literalmente hablando, además de una elaborada estrategia de búsqueda en el mercado informal (que incluye cafeterías, bodegas y un largo etcétera), hasta congraciarse con esos vecinos indisciplinados y que apenas se soportan, salvo a las siete de la mañana cuando el olor del café recién colado atraviesa las ventanas de la cocina, o a las tres de la tarde, cuando también se hace indispensable el sorbito de la aromática bebida.

Café cubano/ José Roberto Loo Vázquez

El café, con chícharo o sin él, siempre encuentra adeptos. En cualquier centro de trabajo de la ciudad, lo primero que hace una persona es tener las mejores relaciones con la persona encargada de la tarjeta (registro de asistencia); y lo segundo, localizar los sitios donde venden el sabroso brebaje.

Uno se lo encuentra en los lugares más indecibles: desde el interior de la catedral de Santiago de Cuba, donde hay una cafetería que hacen un excelente café, pasando por mi vecina que monta un timbiriche improvisado todos los días, de cinco de la mañana hasta las siete, el “horario pico” –según ella–, hasta un lugar (y por mi madre que no recuerdo dónde es) en el final de un enrevesado sistema de pasillos y apartamentos, o sea, en una buena cuartería santiaguera, donde un señor cuela uno de los mejores.

Planta Café/ Edgar B. Maranillo Sierra

El café garantiza la mejor atención y asistencia de los médicos, enfermeras y técnicos de salud (gracias a Dios, aún funciona ese recurso relativamente barato), mi mamá cargaba con dos termos cuando iba a visitarme en la sala de “cuarentena” de los pacientes con dengue. Yo escuchaba los gritos de algarabía del personal, y ya sabía que ahí estaba ella, con mi almuerzo o comida. En una sala donde supuestamente nadie podía entrar, ella lo hacía con solo dos termos con el néctar negro.

Es el mejor aglutinante entre quienes viven cerca, en los barrios de Cuba, pues a varios metros a la redonda de quien lo cuela, como si fuera una alarma, activa las narices de la vecindad. Es una invitación a chismear y el mejor saludo al amigo que llega al hogar. Pero en Santiago de Cuba el café adquiere una connotación mucho más profunda e importante.

La cultura cafetalera ha sido convocada a convertirse en uno de los atractivos turísticos más importantes del oriente de Cuba, un impulsor del desarrollo local en algunas zonas rurales, y aunque en ciernes, hoy se dan pasos para llegar a ese momento.

Los “Café Ven”

Un amigo los ha apodado como los “Café Ven… que te voy a partir el brazo”, así le llama, jocosamente a esta línea comercial del grupo empresarial CIMEX, en Santiago de Cuba, y que ofrece al público, nacional y foráneo, diferentes formas de preparación de la sabrosa bebida.

No creo que lo diga tanto por los precios que, aunque no son los más baratos, tampoco están por las nubes, pero sí por la gran aceptación entre las personas que no se conforman con una sola taza cuando están ahí. Entre el Café Express –el preferido por los clientes–, el Café Bombón, el Capuchino y el Cortadito, no hay bolsillo que aguante tanta adicción.

Existen dos instalaciones en la urbe, ambas en lugares claves del desarrollo turístico: en el Corredor Patrimonial Las Enramadas y en la Plaza de Marte, zonas reverdecidas a partir de los últimos proyectos liderados por la Oficina del Conservador de la Ciudad, que han dotado a la urbe de nuevos atractivos.

Café Ven/ José Roberto Loo Vázquez

El éxito de los Café Ven, en Santiago de Cuba, se basa en la venta de un producto que tiene gran arraigo en la cultura e idiosincrasia del cubano, en los pobladores de esta urbe, y una bebida universal al mismo tiempo: el café.

Café en “Mama Inés” y “La Isabelica”

Ubicado el primero en el entorno de la Plaza de Marte, y el segundo en la Plaza Dolores, son ya dos emblemáticos lugares dedicados a la venta del aromático café.

Mientras el Café Mama Inés tiene más el aire y la intención de un “café literario”, aunque solo se queda ahí, y La Isabelica mucho más arraigo y sabor “popular”, ambos adolecen de ese viejo problema de la gastronomía cubana: un cachumbambé en la calidad, a veces bien y otras muy mal. Pocas veces de excelencia.

La Isabelica/ José Roberto Loo Vázquez

Sin embargo, ambas instalaciones son una prueba, en los últimos años, de una verdad ineludible: el café se vende, y muy bien, en un mercado que parece no tener límites ni saturarse.

Proyecto “Caminos del Café”

Santiago de Cuba, que ya ostenta varios calificativos: Ciudad Héroe, Capital del Caribe, Capital de los Motores, entre otros, también podría ser la Capital del Café, y las razones son muchas. Una de ellas es que aquí es donde más se cultiva el aromático grano, posiblemente también donde más se consuma en el país la famosa bebida, aunque esto último no pasa de ser una mera suposición.

Planta Café/ Edgar B. Maranillo Sierra

En las montañas de Santiago de Cuba hoy sucede algo digno de resaltar, y que también justiprecia, de manera especial, la cultura cafetalera en el país.

Se trata del Proyecto “Los Caminos del Café” que, financiado por la Unión Europea, la fundación Malongo y la Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba, trabaja en la puesta en valor de antiguas haciendas declaradas Patrimonio de la Humanidad en el año 2000.

Horno en hacienda/ Edgar B. Maranillo Sierra

Entre otros objetivos, se plantea la gestión económica sostenible de estos territorios, que incluye, –y este es quizás uno de los puntos más interesantes–, incentivar la actividad cuentapropista o privada en las zonas rurales donde actúe el proyecto, a partir de la inserción del turismo responsable y ofertas autóctonas, entre ellas las gastronómicas, de los lugareños.

Beneficiados por el proyecto/ Edgar B. Maranillo Sierra

Sin dudas, sería un paliativo a una realidad que hoy preocupa al gobierno cubano y es la migración de las personas de las zonas rurales, a la parte urbana, además de las evidentes desigualdades que existen entren ambas locaciones.

Del “Paisaje arqueológico de las primeras plantaciones de café del sudeste de Cuba”, que comprende unas 171 haciendas, hoy solo se explota un circuito, el de La Gran Piedra, pero se trabaja en la recuperación de un segundo conjunto que tiene como principal atractivo a “Fraternidad”, donde estará un Museo Etnográfico, en lo que será el Parque Eco-Arqueológico Fraternidad.

Parque arqueológico/ Edgar B. Maranillo Sierra

Este último circuito se ubica en las zonas de Ramón de Las Yaguas y El Escandel, tiene como accidente geográfico principal la meseta de Santa María del Loreto, de extraordinarios valores naturales. Ya se ha logrado, hasta el momento y como parte del proyecto, llevar la electricidad a algunas de estas zonas rurales, base de cualquier desarrollo posterior.

Comunidad rural beneficiada/ Edgar B. Maranillo Sierra

Muy cerca de la hacienda “Fraternidad” se espera crear, semejante a lo que se construyó en la Gran Piedra, un conjunto de cabañas y otras facilidades, para aquellos viajes osados que disfruten del turismo cultural, interesado en el patrimonio cafetalero, y también en el senderismo y otras formas de gozo de la naturaleza.

En resumen, Los Caminos del Café es la puesta en valor de una zona que tiene haciendas declaradas Patrimonio de la Humanidad y que combina también excepcionales atractivos naturales, como montañas, ríos, pocetas, senderismo, vida natural y salvaje, y mucho más, a partir de un proyecto financiado por la Unión Europea, la fundación Malongo y la Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba, y que contribuirá, entre otros beneficios, a la reanimación de la locación con el turismo, desde los presupuestos del desarrollo local sostenible.

Atractivos naturales/ Edgar B. Maranillo Sierra

De ahí que avizorar un despertar de la actividad cuentapropista entre los lugareños, más que una locura, será una realidad, pero que hoy requiere capacitación, para que esta sea ordenada y con buena imagen.

“Casa Dranguet”, la cúspide de una sentencia

Posiblemente en ningún lugar de Cuba se puede experimentar más y mejor la cultura y patrimonio cafetalero, que en Santiago de Cuba. Y la “Casa Dranguet”, en la ciudad, es la cúspide de esa sentencia.

Café Dranguet/ José Roberto Loo Vázquez

Como parte del proyecto “Los Caminos del Café” se rehabilitó este antiguo inmueble, vinculado a una familia que cultivaba el cerezo, ubicado en la intersección de las calles Heredia y Corona –en el Centro Histórico–, y hoy radica en él el Centro de Interpretación y Divulgación del Patrimonio Cultural Cafetalero.

La Casa Dranguet exhibe objetos vinculados a la historia del café en el mundo y en Cuba –que es también el legado francés en la nación–, en él radica un centro de información que promete ser en el futuro referencia para todos aquellos que investiguen lo relacionado con el manejo de paisajes patrimoniales; están también las oficinas del proyecto “Los Caminos del Café” y un sui géneris estudio de grabación que ofrece posibilidad de materializar sus sueños a los jóvenes músicos del territorio, cuyas propuestas son soslayadas por las disqueras reconocidas. Este último, actualmente desarrolla un proyecto con la Tumba Francesa, muy vinculada a la huella gala en la nación, y por ende, al cultivo del café.

Sala expositiva/ Edgar B. Maranillo Sierra

Pero sin dudas uno de los mayores atractivos es su patio, decorado con una exquisitez encomiable, a la usanza de viejas edificaciones coloniales, muy seductor entre quienes buscan un sitio tranquilo para charlar.

Patio Café Dranguet/ José Roberto Loo Vázquez

En el agradable ambiente del Centro Histórico de Santiago de Cuba, a muy pocos metros de la primera catedral del país, el hotel con más años de la urbe y la casa más antigua de América, –en una institución destinada, exclusivamente, al estudio y divulgación del patrimonio cubano vinculado al cultivo del cerezo–, los visitantes pueden degustar, según afirman sus trabajadores, “uno de los mejores cafés de la ciudad”. Esa es su mejor presentación.

Este artículo es de hace 3 años

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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.

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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.

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