Cubanismos: el habla que nos distingue

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Nuestro idioma no es solo el mejor medio de comunicación e interacción de que disponemos, es también nuestro más evidente sello de identidad e idiosincracia y nuestra primera carta de presentación. En cuanto entablamos conversación con un desconocido, consciente o inconscientemente, establecemos inferencias sobre su procedencia, su estrato social, sus posibles posturas y, en consecuencia, modulamos y adaptamos nuestra interacción a ese tipo de personas con el que nos encontramos.

No es un secreto que no nos comunicamos igual con personas mayores que contemporáneas, con aquellas del mismo sexo que de diferente, con personas con las cuales establecemos una interacción puntual y motivada -como dependientes y funcionarios de oficinas- que con las que queremos empezar algo que trascienda el aquí y ahora.

No es un secreto, tampoco, que pese a las diferencias por zona (la más notable está entre el oriente y el occidente-centro de la isla) los cubanos tenemos una forma particular de hablar que nos diferencia y distingue. La tenemos en el acento, la entonación y la tenemos en el vocabulario: los llamados cubanismos.

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Un cubanismo no es más que ese uso, expresión o vocablo exclusivos del español hablado por los cubanos. En algunos casos se tratará de nuevas formas, inexistentes en el resto de las variantes del español, pero en otros, se tratará de una nueva acepción o un significado diferente con respecto al que posee en las otras variantes.

La existencia de estas formas nuevas o estos nuevos significados está estrechamente vinculada con factores externos a la lengua: políticos, sociales, económicos.

Así por ejemplo encontramos cubanismos que se relacionan con una particular estructura social, con la existencia de actores y entes sociales exclusivos de la Isla: anapista, cederista (CDR), federada (FMC), cuentapropista, camilito o con hechos históricos trascendentes: marielito.

Dentro de los usados para categorizar a las personas encontramos los que se refieren a posturas ideológicas o posicionamientos desde y hacia el poder: gusano (no es nuevo vocablo pero sí lo es su significado de 'contrarrevolucionario') seguroso (referido bien a los oficiales o informantes encubiertos del gobierno, bien a los que abiertamente trabajan para él), comuñanga, (referido a los simpatizantes y defensores acérrimos del gobierno), trompeta (chivato), fiana (personal de la policía).

Están todos esos vocablos (nuevos o con significados nuevos) relacionados con nuevos medios de transporte: bicitaxi, camello, cocotaxi, almendrón, riquimbili, botear y los que se centran en la esfera culinaria y alimenticia: chicharrita, duro frío, tallullo, paladar, chatino, también los vinculados con las prendas de vestir: bajichupa, calentico, popi, pitusa, bacteria, cajita, pesquero.

La lista de los relacionados con la esfera de la sexualidad y el erotismo merecería acápite aparte: matear(se), bollo, cabilla, mandarria, matadero, apretar, morronga. Dentro de estos está la prolija familia derivada de la palabra pinga -que es en realidad un americanismo pues se usa tanto en Cuba como en Venezuela, Perú y América central- y que ha traspasado los fueros de la sexualidad: empingarse, despingarse, empingado, pingú, repingoleteante, resipinga, repingoleteada. Cargados usualmente de connotaciones ofensivas y peyorativas están los vocablos referidos a los homosexuales: cherna (hombre homosexual) y tuerca (mujer homsexual).

Sirva esta pequeña lista como ejemplo de algunos de esos vocablos nuestros, de esos reflejos de la vida y realidad cubanas, de esas palabras para las que los cubanos no necesitamos explicación ni contextos, que simplemente afloran y nos recuerdan de dónde venimos.

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