Fidel Castro | Foto © Wikipedia

Dos erratas que hicieron historia en el Instituto Cubano de Radiodifusión

A veces las circunstancias producen hechos que se concatenan y, por inesperados, sorprenden y estremecen hasta a los más alertas “veladores del orden”. Quiero compartir aquí dos anécdotas de esas que han dejado una huella indeleble en la memoria colectiva de cubanas y cubanos.

Transcurría aquel memorable año 1970 en Cuba, inundado por la convocatoria de Fidel Castro a hacer la zafra azucarera más grande de la historia. Todo en el país giraba alrededor de la obsesiva campaña por lograr diez millones de toneladas métricas de azúcar, que deberían cambiarlo todo, con un incuestionable “antes y después”. Y tan intensos fueron aquellos meses, tantas las comparecencias del dirigente en la televisión para informar de los plazos y cumplimientos de cada uno de aquellos hipotéticos millones, que cuando fue evidente que la quimera sería inalcanzable, se produjo lo inesperado. 

Con la ayuda de detalles proporcionados por mis amigos Carlos Cabrera Pérez y Jaime Almirall Suárez, cercanos por distintas razones al acontecimiento, podemos rememorar aquel instante. 

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Una vez más Fidel Castro reclamaba la atención nacional e internacional. Todas las estaciones de radio encadenadas transmitieron la intervención. Acostumbrado todo un pueblo a sus interminables discursos, la más amarga aparición pública del Comandante, en la que anunció el fracaso de la campaña, fue tan dramática en su inusitada brevedad, que sorprendió a todo el mundo.

En medio de la sorpresa y la más absoluta improvisación, la señal radiofónica regresó a los estudios de Radio Rebelde, la estación matriz. En su cabina central había una serie de discos de vinilo dispuestos para "rellenar" con música cuando algún programa quedaba corto y el operador del Control Maestro, Rafael Valdés, apodado "Tamalito", echó mano al primero que encontró, nada más y nada menos que “Timba cayó en la trampa”, un tema muy popular por entonces del repertorio de Peyo El Afrocán. Podrán imaginar el revuelo que se formó, con la correspondiente investigación a cargo de la Seguridad del Estado, que concluyó que el infeliz de "Tamalito" simplemente reaccionó como pudo, sin segundas intenciones.

Poco después, en pleno auge del Movimiento de la Nueva Trova, Pablo Milanés grabó con el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC aquello de "...nuestro es también el revés, nuestras serán las victorias…".

El segundo gran descalabro tuvo lugar en la televisión nacional. Tras muchos meses de preparación y de una campaña propagandística sin precedentes, se celebraría el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, del que se esperaba que constituyera otro hito histórico. Aquella gran campaña la encabezaba una ridícula consigna: "Los hombres mueren, el Partido es inmortal".

Por aquellos días finales de 1975, un anciano de apellidos López Alcalde, con un historial nefasto como dirigente en la radio cubana, había quedado como locutor de cabina de la televisión, para dar los "cambios", es decir, las promociones, entre programas en el turno de la noche.

Cada vez el hombre se mostraba más errático y la administración estaba loca por jubilarlo, pero el viejo no daba su brazo a torcer. Ya estaba a la vuelta de la esquina la celebración del Primer Congreso del PCC, con su diluvio de consignas y propaganda política cuando el pobre López Alcalde, en lugar de leer la consigna como se la escribieron, pifió y dijo: "Los hombres mueren, el Partido es INMORAL". 

Nuevamente se abrió una investigación por los órganos “pertinentes”, que concluyeron que fue la senilidad y no la intencionalidad del locutor la que condujo al disparate. En breves horas López Alcalde pasó a retiro.

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

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