
Especialmente en Cuba, por sus características geográficas, al ser una isla "rodeada de agua por todas partes", se favorece el desarrollo de actividades acuáticas de carácter deportivo, laboral, y recreativo.
El ahogamiento es el proceso de sufrir dificultades respiratorias por sumersión o inmersión en un líquido, con resultados que se clasifican en muerte, morbilidad o discapacidad. La Organización Mundial de la Salud estima que las muertes por ahogamiento en el mundo representan aproximadamente el 7 % de las defunciones relacionadas con traumatismos no intencionales.
Con el incremento de las temperaturas durante el verano es mayor el número de personas que disfrutan de un baño de playa o de río. Pero en ocasiones lo agradable se convierte en tragedia, cuando hay un accidente y alguno de los veraneantes es víctima de un evento de inmersión.
El ahogamiento y sumersión accidentales es la tercera causa de muerte por lesiones no intencionales en edades comprendidas entre 1 y 19 años. Los menores de 5 años pueden ahogarse en una pequeña cantidad de agua. Hay que estar alertas pues el mecanismo de producción del accidente suele ser una caída. Se estima que la muerte puede producirse en un recipiente con altura de agua de más de 20 centímetros (una palangana llena de agua, un cubo, una pequeña piscina en el hogar). La edad de mayor riesgo es de los 18 meses a los tres años.
La inmersión en cubos o baldes es una posibilidad real en niños de este grupo de edad, los cuales al introducir la cabeza no se pueden enderezar por sí mismos, pues tienen el centro de gravedad relativamente hacia la cabeza y su masa muscular es insuficiente para voltear el recipiente. Hay ahogamientos en las casas producidos en cubos, barriles utilizados para recolectar agua de lluvia, en cisternas, fosas y pozos no cubiertos o desprotegidos.
En niños mayores de cinco años, la forma en que se producen las lesiones por sumersión varía. Por regla general se producen como consecuencia de baños sin ser atendidos por adultos en piscinas, ríos, playas, lagunas, presas y estanques, cuando el niño no sabe nadar o se baña en zonas o momentos de peligro, en la ausencia de familiares que los observen y cuiden.
Es aconsejable que el niño aprenda a nadar en edades tempranas.
Entre las recomendaciones para evitar estos accidentes debe tenerse en cuenta que no debe llevarse al niño a nadar en lugares donde no dé pie, donde existan hoyos, corrientes de agua u objetos sumergidos. Nunca debe dejarse solo al menor pues el exceso de confianza en que el niño ya sabe nadar nos hace despreocuparnos y puede ocurrir un accidente.
No dejar que monte en canoa, balsa o lancha de vela, sin que lleve puesto el salvavidas. En el caso de que tenga salvavidas puesto o si monta una balsa en el mar, se debe vigilar constantemente la dirección del viento por la posibilidad de que sea arrastrado hacia alta mar.
Las corrientes de aire pueden volcar el salvavidas, haciendo que este quede invertido, con la cabeza bajo el agua, también es importante comprobar si los flotadores tiene algún escape de aire.
En toda actividad acuática como en presas, piscinas, playas, ríos, o lagunas debe haber una estricta vigilancia por parte de los adultos y muy especialmente por el personal de salvavidas.
Como otra importante medida de precaución, los adultos que están al cuidado de los niños no deben ingerir bebidas alcohólicas, para poder proporcionar un mejor y mayor cuidado a los menores.
Durante el verano en playas, ríos, lagunas ¡Siempre alertas!
Durante los meses del verano el peligro de muerte por ahogamiento es de gran importancia en los países de la cuenca del Caribe.
Especialmente en Cuba, por sus características geográficas, al ser una isla "rodeada de agua por todas partes", se favorece el desarrollo de actividades acuáticas de carácter deportivo, laboral, y recreativo.
El ahogamiento es el proceso de sufrir dificultades respiratorias por sumersión o inmersión en un líquido, con resultados que se clasifican en muerte, morbilidad o discapacidad. La Organización Mundial de la Salud estima que las muertes por ahogamiento en el mundo representan aproximadamente el 7 % de las defunciones relacionadas con traumatismos no intencionales.
Con el incremento de las temperaturas durante el verano es mayor el número de personas que disfrutan de un baño de playa o de río. Pero en ocasiones lo agradable se convierte en tragedia, cuando hay un accidente y alguno de los veraneantes es víctima de un evento de inmersión.
El ahogamiento y sumersión accidentales es la tercera causa de muerte por lesiones no intencionales en edades comprendidas entre 1 y 19 años. Los menores de 5 años pueden ahogarse en una pequeña cantidad de agua. Hay que estar alertas pues el mecanismo de producción del accidente suele ser una caída. Se estima que la muerte puede producirse en un recipiente con altura de agua de más de 20 centímetros (una palangana llena de agua, un cubo, una pequeña piscina en el hogar). La edad de mayor riesgo es de los 18 meses a los tres años.
La inmersión en cubos o baldes es una posibilidad real en niños de este grupo de edad, los cuales al introducir la cabeza no se pueden enderezar por sí mismos, pues tienen el centro de gravedad relativamente hacia la cabeza y su masa muscular es insuficiente para voltear el recipiente. Hay ahogamientos en las casas producidos en cubos, barriles utilizados para recolectar agua de lluvia, en cisternas, fosas y pozos no cubiertos o desprotegidos.
En niños mayores de cinco años, la forma en que se producen las lesiones por sumersión varía. Por regla general se producen como consecuencia de baños sin ser atendidos por adultos en piscinas, ríos, playas, lagunas, presas y estanques, cuando el niño no sabe nadar o se baña en zonas o momentos de peligro, en la ausencia de familiares que los observen y cuiden.
Es aconsejable que el niño aprenda a nadar en edades tempranas.
Entre las recomendaciones para evitar estos accidentes debe tenerse en cuenta que no debe llevarse al niño a nadar en lugares donde no dé pie, donde existan hoyos, corrientes de agua u objetos sumergidos. Nunca debe dejarse solo al menor pues el exceso de confianza en que el niño ya sabe nadar nos hace despreocuparnos y puede ocurrir un accidente.
No dejar que monte en canoa, balsa o lancha de vela, sin que lleve puesto el salvavidas. En el caso de que tenga salvavidas puesto o si monta una balsa en el mar, se debe vigilar constantemente la dirección del viento por la posibilidad de que sea arrastrado hacia alta mar.
Las corrientes de aire pueden volcar el salvavidas, haciendo que este quede invertido, con la cabeza bajo el agua, también es importante comprobar si los flotadores tiene algún escape de aire.
En toda actividad acuática como en presas, piscinas, playas, ríos, o lagunas debe haber una estricta vigilancia por parte de los adultos y muy especialmente por el personal de salvavidas.
Como otra importante medida de precaución, los adultos que están al cuidado de los niños no deben ingerir bebidas alcohólicas, para poder proporcionar un mejor y mayor cuidado a los menores.
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