El Malecón de la Habana tiene una copia y no es china

La moda china de clonarlo todo no ha tenido reparos ni siquiera con réplicas de ciudades o monumentos célebres destinadas a un turismo casero low cost, fenómeno conocido como ‘dupliarquitectura’. El gigante asiático es el país con mayor número de copias arquitectónicas de todo el planeta ―más que Las Vegas―, en algunos casos copias idénticas o con mínimas diferencias de tamaño de los originales.

A la patológica ‘dupliarquitectura’ china no le basta con clonar la Torre de Pisa, las estatuas de la Isla de Pascua, la Esfinge de Guiza o la Torre Eiffel, sino que incluso clona los propios monumentos patrimoniales chinos, como esa sección de más de medio kilómetro de la Gran Muralla China en Huxai.

Si bien nadie le niega al gigante asiático haber imitado hasta distritos londinenses, austríacos o alemanes desolados, no está de más recordar que cuando ese país estaba muy lejos aún de ser la potencia clonadora de monumentos que es hoy, ya la Habana del machadato había incursionado en la ‘dupliarquitectura’ con un Capitolio Nacional que apenas difería del de Washington en ser más pequeño en superficie cubierta pero con un metro más alto y más ancho de cúpula.

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No sabemos si ese otro símbolo habanero y cubano que es el Malecón (barrera de ocho kilómetros de cemento al oleaje de la costa norte capitalina) puede competir en relevancia arquitectónica, urbanística y turística con los ejemplos mencionados antes, al punto de merecer su respectiva copia china. Lo que sí podemos afirmar con rotundidad es que en otro lugar del mundo existe un malecón que, si no es exactamente igual, al menos recuerda muchísimo al habanero o puede ser considerado su copia a menor escala: el malecón o paseo marítimo de Cádiz.

Paseo marítimo de Cádiz

Si nos atenemos a la estricta cronología, el malecón de la Habana ―construido en 4 tramos desde 1901 a 1952―, aunque parece más antiguo, sería en realidad copia del de Cádiz que data de bastante antes; pero si nos quedamos en su estricto valor físico y simbólico, el gaditano no tiene más remedio que encajar ser visto como un hermano menor del caribeño. Es el mito de Saturno invertido: el hijo se ha comido al padre.

El malecón de Cádiz ―desde la Isla de León hasta el Castillo de Santa Catalina― y el habanero ―entre el Castillo de la Punta y la Chorrera― constituyen la esencia, inicio y meta de dos ciudades que crecieron desde el mar hacia el interior y que resultan incomprensibles sin esos kilómetros y kilómetros de paseo en los que la imagen y sonido del oleaje estrellándose en sus muros son las señales de una identidad y una pertenencia entrañables.

La duda razonable de si el malecón gaditano es copia del habanero o viceversa nace de una evidencia igualmente razonable: el recurrente pero nunca bien ponderado parecido entre las ciudades que acogen a ambos paseos y que provocó que, por ejemplo, Cádiz fuera la Habana en la versión de 2002 de James Bond.

¿Es la Habana copia de Cádiz o Cádiz copia de la Habana?

La consanguinidad arquitectónica, cultural y hasta emocional entre ambas ciudades no nos permite plantearnos esa duda razonable como una rivalidad entre ‘quien va primero y quién después’. Ambas se desarrollaron plenamente entre los siglos XVI y XVIII, creciendo en paralelo en ambas orillas del océano, y conservando en la actualidad unos núcleos históricos que han sido, en ambos casos, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Van parejas las fortificaciones que blindaron la entrada a la bahía cubana y las que defendieron a la ciudad peninsular del corsario inglés Drake y de sucesivos ataques británicos. Del siglo XVI datan el castillo de los Tres Reyes del Morro, el de San Salvador de la Punta, la Real Fuerza de La Habana y el gaditano de Santa Catalina. Ya en el XVIII se añadieron en la Habana el de San Carlos de la Cabaña, con cañones fundidos en Barcelona y que actualmente siguen custodiando el acceso a la bahía, y en Cádiz, el de San Sebastián.

Asimismo, en 1722 se inició en Cádiz la construcción de una catedral que durante ciento dieciséis años iría superponiendo los estilos barroco, rococó y neoclásico. El oratorio de San Ignacio de los jesuitas inició en 1778 las obras de su transformación en Catedral de la Virgen María de la Concepción Inmaculada de la Habana. Las fachadas barrocas de ambas catedrales guardan notables similitudes.

Y es que La Habana y Cádiz se tienen la una a la otra como hermanas gemelas que se miran de frente con el reflejo atlántico de por medio. El compositor granadino Carlos Cano resolvió dicho juego de espejismos con una frase que en España es ya un tópico cuando se habla de Cádiz, de la Habana, o de ambas a la vez: “la Habana es Cádiz con más negritos; Cádiz, la Habana con más salero”.

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