
Su surgimiento se remonta a mediados del siglo dieciocho, cuando La Habana, capital de una de las más importantes colonias españolas de ultramar, ciudad en franco desarrollo cultural y destino de una gran cantidad de empresarios y turistas de todo el orbe, solo contaba con dos pequeños teatros, incapaces de solventar el ansia artística de aquellos ciudadanos de vanguardia.
Claro que otros objetivos muy particulares tuvo el entonces Capitán General Don Miguel Tacón para mostrar el mayor interés en desarrollar rápidamente y a todo costo aquella idea suya de edificar la institución. Así ayudaría a contrarrestar los trastornos sociales que se expandían por toda la villa, descarriar el ojo de los citadinos de la política violenta que él estaba llevando, y consecuentemente, sumar unos cuantos niveles a su tesoro personal y otros tantos títulos nobiliarios.
En un inicio se llamó Teatro Nuevo, pero muy pronto, en noviembre de 1837 fue llamado Tacón; como servil deferencia a su conveniente impulsor. Por suerte, solo un año después, terminada en su totalidad la obra, fue inaugurado oficialmente como Gran Teatro de la Habana.
La función inaugural corrió a cargo de la Compañía Dramática Española, de Gregorio Duclós, quienes llevaron a las tablas Don Juan de Asturia o La vocación de Delavigne. Si bien aquella presentación fue muy mal comentada, tanto o más lo fue la ausencia decorativa en los exteriores de aquel enorme edificio, que correspondía su magnitud con la bonanza de la época.
Desde aquel primer momento, más que un escenario del mejor arte cubano y universal, se convirtió el novedoso teatro en pasarela de los lujosos aristócratas habaneros, quienes acudían a él para exhibir su suntuosidad y señorío.
Claro que el motivo artístico se impondría innegablemente, y así llegó en aquel teatro el nacimiento del romanticismo escénico en Cuba, bajo cuyos preceptos se dieron enfrentamientos entre nacionales y españoles, sembrando de este modo, incipientes semillas que harían germinar más adelante la primera guerra por la independencia de la isla.
Por desgracia para el gobernador Tacón, justo el mismo día en que se inauguraba oficialmente el Gran Teatro de la Habana, era él sustituido de su cargo; y en el juicio que se le realizara más tarde, tendría que explicar los 91,507 pesos con 16 reales en que se excediera el costo final de la obra, que llegó a alcanzar los 200 mil pesos, cifra muy elevada para la época.
Tras la creación de la república, sobre el año 1906, y tras pasar por varios dueños, el Centro Gallego de La Habana adquirió la propiedad del inmueble a un costo de 525 mil pesos.
Estos nuevos propietarios pusieron en concurso un proyecto constructivo, y el belga Paul Belau fue el encargado de diseñar esta majestuosa obra tal como la conocemos hoy. Su reinauguración ocurrió el 22 de abril de 1915. La distribución del salón comprendía 6 palcos de proscenio, 28 de platea, 29 de primer piso y 29 de segundo, así como 554 lunetas. En esta oportunidad costó unos dos millones de pesos.
Lo más llamativo de aquellas obras de reconstrucción fue la fachada del colosal inmueble con un marcado estilo neobarroco; donde se destaca especialmente sobre sus dos puertas principales, por la calle Prado, cuatro conjuntos escultóricos en mármol, primorosamente realizados por el artista italiano Giuseppe Moretti. Sin embargo, todo el exterior del Gran Teatro de La Habana es un concierto de arcos, balcones, balaustradas, columnas y pilastras por donde quiera que desplace la vista.
Toda esta gran obra maestra está recubierta por piedra conchífera. Y fue rematado por el detalle de tres Glorias Aladas sobre las torres que coronan igual número de las 4 esquinas con que cuenta el edificio, entre las calles Consulado, San Rafael, San Martin y Prado. La cuarta torre nunca fue levantada por falta de presupuesto, dejando así sin este detalle, la equina menos visible del edificio, la de Consulado y San Rafael.
Hoy en día, la institución cuenta con una capacidad para poco más de dos mil espectadores entre plateas y balcones. Por su escenario han pasado a lo largo de estos años, figuras de renombre internacional como: Adelaida Reiter, Sarah Bernhardt, Réjane, Virginia Reiter, María Guerrero, Fernando Díaz de Mendoza, Adelina Patti, Enrico Caruso, Padovani, María Barrientos, Adelaida Gini y, por supuesto, Alicia Alonso.
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