La casa del hermano del Presidente de Cuba (o lo que queda de ella)

Una espesa vegetación tropical, como sacada de una película de Indiana Jones, se apropió del colosal inmueble desde hace años. A nadie le parece inusual o injusto para la memoria de su arquitecto, Emilio de Soto, uno de los mejores de su tiempo.


Este artículo es de hace 10 años

Una espesa vegetación tropical, como sacada de una película de Indiana Jones, se apropió del colosal inmueble desde hace años. A nadie le parece inusual o injusto para la memoria de su arquitecto, Emilio de Soto, uno de los mejores de su tiempo.

Entre la indolencia de los transeúntes y el desinterés de las autoridades locales, yace casi inhóspita la residencia de Fausto García-Menocal y Deop, ávido político cubano y hermano del Presidente de la República de Cuba, Mario García-Menocal (1913-1921).

El monumental recinto ecléctico, que se alzaba en los años 20 como una de las más portentosas casas de la opulenta burguesía cubana, ahora resulta difícil de diferenciar de las ruinas de alguna civilización perdida.

Altas columnas agrietadas conviven entre hiedras y fornidos árboles que acaparan toda iluminación posible. El oxidado portón, que acoge regularmente a parejas que deciden unirse en matrimonio, es el preámbulo desastroso a un deplorable estado constructivo y de avanzado deterioro.

Está claro, lo que es hoy el Palacio de los Matrimonios del Vedado, situado en el cruce de las céntricas calles 25 y N, no es la sombra de lo que fue hace casi seis décadas. No obstante, muchos sitúan el declive de su esplendor poco después del inicio de la década de los noventa, con la aparición del Período Especial.

Actualmente, el lobby de la institución se encuentra despojado de cualquier indicio de belleza o romanticismo a la altura de un palacio de bodas. La carpintería casi destruida por completo exhibe remaches de tablas que tratan de disimular los cristales rotos; en definitivas, el estado de la infraestructura no contrasta con el estado en que se encuentran la mayoría de las casas en La Habana Vieja.

La administración interna del lugar, supeditado al Poder Popular del Municipio, cuenta con un escaso personal que se resume en unos pocos trabajadores vinculados a la labor jurídica y al mantenimiento del mismo.

Según algunos de ellos, no reciben el suficiente apoyo por parte de las autoridades en relación al suministro de herramientas como podadoras y demás artículos para el mantenimiento adecuado del lugar, algo que ha propiciado -por ejemplo- la clausura del segundo piso.

En este escenario, entran a jugar dos razones fundamentales para apresurar el rescate y cuestionar el deterioro del inmueble: primero, el Palacio de los Matrimonios ofrece un servicio habitual a los ciudadanos, naturales y no.

En aras de defender el moribundo baluarte del respeto al cliente y crear un bello recuerdo para aquellas parejas que deciden unir sus vidas legalmente, por qué el Poder Popular no ha destinado un presupuesto anual mínimo para, si no reparar todo el edificio, al menos embellecerlo y hacerlo seguro para los visitantes.

Segundo: el Palacio se encuentra dentro del listado de edificaciones de valor con grado de Protección I, categoría más urgente establecida por la Ley de Monumentos Nacionales y Locales para especialmente proteger y preservar las edificaciones según sus valores patrimoniales, culturales e históricos intrínsecos.

Por tanto, por qué autoridades y organizaciones relacionadas con el accionar patrimonial de la ciudad, digamos la Oficina del Historiador por citar alguna, no se han percatado de la urgente rehabilitación capital que amerita este recinto. ¿Porque no se encuentra en una zona turística como el Casco Histórico? ¿Porque no genera ingresos en divisa?

La relevancia histórica y patrimonial del Palacio es incuestionable, además de la funcionalidad social de la que es exponente. Su estado actual no podrá resguardarse bajo justificación alguna y resulta, a todas luces, una afrenta a la arquitectura, los valores, la estética y la cultura cubanas, y más que nada, al pueblo.




*Dato curioso: Aunque parezca un chiste que nos juega la historia, a petición de Fausto García-Menocal, dueño original de lo que hoy es el Palacio de los Matrimonios, el presidente Mario García-Menocal firmó la Primera Ley de Divorcio en Cuba para que su hermano pudiera separarse legalmente de su esposa, Ángela García Vieta.

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