La Plaza de San Francisco de Asís

La Plaza de San Francisco luego de tres siglos de construida aún muestra una belleza que no sabe envejecer y que la perpetúan como uno de los centro de mayor atracción en la geografía de La Habana antigua.

Considerada por muchos como la más importante de la ciudad amurallada a fines del siglo XVII, su nacimiento estuvo unido al movimiento comercial entre España y sus colonias en el hemisferio occidental, de ahí que en el lugar se ubicaran la primera aduana de la Isla, la vivienda del gobernador y hasta la casa del Cabildo habanero.

Este nombre es debido al convento homónimo, cuya primera versión se remonta a 1574, cuando las órdenes religiosas iniciaban su misión evangelizadora en Cuba que se limitaba a los feligreses emigrados, ya que los pocos indios por catequizar habían sido exterminados.

Los padres Franciscanos fueron los primeros en establecerse en la isla y recibieron la protección del influyente Juan de Rojas, compañero del Adelantado Diego Velázquez en la conquista de Cuba y uno de los fundadores de la villa de San Cristóbal, quien antes de morir dispuso en su testamento la construcción de un monasterio a favor de los seguidores de San Francisco de Asis, pero su único heredero y sobrino evadió la disposición de su tío, por lo que tuvo que recurrirse al Rey para ver cumplida la voluntad del fallecido el 2 de junio de 1628.

La primera construcción duró algo más de un siglo pues la edificación sufrió los embates de varios ciclones que llevaron a la demolición del edificio original y su lugar fue ocupado por una segunda construcción, la cual fue vendecida en 1737 por el obispo Juan Lazo de la Vega, un año antes de su inauguración, después de dos décadas de trabajo. Esta fue la mayor edificación religiosa de la Isla

Su torre, con 42 metros de alto y rematada por la figura de San Francisco (desapareció tras el paso de un fuerte huracán en 1846), reinó sobre todas las construcciones cubanas por más de una centuria.

Desde sus incios, la plaza fue rodeándose con las viviendas de las familias más encubradas de la naciente aristocracia habanera, las cuales tuvieron en la iglesia de San Francisco –aledaña al convento- el centro de la vida social de una ciudad heredera de las costumbres de la España medieval.

Concebida dentro de la edificación religiosa, la iglesia de San Francisco tenía una cúpula redonda que también sufrió las embestidas de los ciclones y tuvo que ser demolida.

Frente a la explanada se construyó un muelle donde llegaban los barcos procedentes de México en viaje a España, en la fuente construida en el centro de la plaza tomaban agua para abastecerse estas embarcaciones. La plaza era también sitio donde estos barcos se abastecían de productos para su larga trayectoria.

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La fuente orginal fue sustituida por la actual fuente de los Leones, cuyas bocas sirven de surtidores; la fuente fuee construida en mármol de Carrara por el escultor italiano Guiseppe Gaggini en 1836.

Pero en 1840. cuando fueron incautados los bienes de la orden y se desalojó el convento, el mismo se convirtió en residencia de los funcionarios de la Aduana habanera, oficina de correos y la nave de la capilla se convirtió en un almacén.

Junto al viejo muelle, se instaló el atracadero de los barcos de guerra, más conocido como muelle de La Machina, muy cerca del punto de partida de las lanchas con destino al poblado de Regla en la parte septentrional de la bahía habanera.

Con el tiempo la zona continuo acumulando la atención de los pobladores de la ciudad, quienes encontraron en la cercana Alameda de Paula un lugar de paseos y encuentros, mientras frente al pórtico de la abandonada iglesia de san Francisco abría sus puertas a inicios del siglo XIX el Café de Copas, punto de reunión de marinos y tarambanas de la época.

Con la llegada del siglo XX, el convento de San Francisco tuvo una nueva función, al ser adquirido a nombre del estado cubano por el segundo gobierno interventor norteamericano, la cual requirió una nueva inversión en 1915 para asimilar las oficinas del centro telefónico y telegráfico de La Habana y más tarde la Secretaría de Comunicaciones de la República.

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